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El conflicto entre el obispo y la Primera Audiencia

Las denuncias de Juan de Zumárraga ante la Corona buscaban frenar los abusos contra los indígenas en la Nueva España. Sin embargo, el conflicto entre este obispo y los miembros de la Primera Audiencia no fueron solo denuncias escritas. La confrontación fue cada vez más visible y peligrosa. A medida que él insistía en hacer llegar información a la Corona las tensiones aumentaban.

Las autoridades civiles, como funcionarios y administradores del gobierno, no veían con buenos ojos que un obispo interviniera en asuntos que afectaban directamente sobre sus intereses económicos y su control sobre el territorio.

Zumárraga recibía las denuncias de abusos por autoridades coloniales, cuyos funcionarios más criticados eran el oidor Diego Delgadillo y Nuño Beltrán de Guzmán, quienes ejercían el gobierno colonial desde 1528 tras la salida de Hernán Cortés.

La codicia en la Nueva España, destruyo toda obra de caridad

La violencia de este gobierno también afectó obras de caridad cristiana existentes en la Nueva España. Muchas de ellas impulsadas por frailes, obispos que trabajan gratis, y algunas pocas por conquistadores que solo financiaban automáticamente.

Existía una red de instituciones de caridad destinadas a atender a los más vulnerables. Entre ellas se encontraban el Hospital de Jesús Nazareno, fundado por Hernán Cortés; el Hospital de San Lázaro, dedicado a los leprosos; el Hospital Real de San José de los Naturales, creado para atender a los indígenas; y el Hospital de San Hipólito, especializado en enfermedades mentales.

Estas instituciones formaban parte de una amplia red de asistencia social impulsada por órdenes religiosas y benefactores durante el siglo XVI. Pero fueron destruidas durante ese periodo de abusos, por la arbitrariedad que caracterizó a la Primera Audiencia.

Cartas enviadas en secreto a la Corona

El control que ejercían los oidores sobre las comunicaciones hacía muy difícil que las denuncias salieran del territorio sin ser revisadas.

Por esta razón, se recurrió a medios discretos para asegurar que ciertos documentos pudieran cruzar el Atlántico. Los informes y cartas fueron ocultados entre mercancías de barcos mercantes, con el fin de evitar que fueran interceptados por funcionarios cercanos a la Audiencia.

Uno de los casos más investigado fue el de una carta dirigida al emperador que fue cubierta con cera y escondida dentro de un barril para sacarla del territorio.

Gracias a estas estrategias, parte de la información logró llegar a la corte del emperador Carlos V, permitiendole conocer las denuncias fuera de la Nueva España.

Un clima político cada vez más tenso

Mientras tanto, el clima político en la capital se volvió cada vez más tenso. Los enfrentamientos entre autoridades eclesiásticas y civiles comenzaron a reflejarse también en la vida pública de la ciudad.

Procesiones, disputas sobre jurisdicciones y denuncias mutuas mostraban hasta qué punto la situación había escalado. Las autoridades religiosas denunciaban abusos contra los pueblos indígenas. Y algunos miembros de la Audiencia consideraban estas críticas como una interferencia en el gobierno colonial.

En ese ambiente, la ciudad de México se convirtió en escenario de constantes disputas entre quienes defendían los intereses de la Audiencia y quienes apoyaban las denuncias presentadas por el obispo y otros religiosos.

El incidente de la lanza

Uno de los episodios más recordados de ese periodo ocurrió cuando un grupo de religiosos salió en procesión para reclamar por la detención de personas que habían buscado refugio en un convento. En aquel momento de gran tensión, las discusiones entre representantes de la Iglesia y los oidores eran violentas.

Diego Delgadillo, uno de los oidores, llegó a enfrentarse físicamente con el obispo y habría intentado atacarlo con una lanza, la cual pasó cerca de su brazo sin herirlo. Los detalles exactos del incidente fueron transmitidos por diferentes relatos y no coinciden en todos sus puntos. Este episodio refleja claramente el nivel de confrontación que se vivía en aquellos años entre las autoridades civiles y eclesiásticas.

El papel de Nuño de Guzmán en la Primera Audiencia

El principal opositor fue Nuño de Guzmán, el presidente de esta Audiencia. Cuando Zumárraga comenzó a denunciar los abusos contra los indígenas, los miembros de la Audiencia reaccionaron con tal hostilidad que Incluso se llegó a proclamar públicamente que cualquier indígena o español que acudiera al obispo para presentar quejas podía ser castigado con la pena de muerte.

Guzmán era conocido por su extrema codicia y por su política de explotación de los pueblos indígenas. Diversos documentos lo describen como un hombre brutal, cuya ambición chocó frontalmente con la defensa que los franciscanos, especialmente Zumárraga, hacía los indígenas.

Entre sus abusos está el intento de impedir la evangelización y el bautismo de los indígenas, pues consideraba que reconocerlos plenamente como personas cristianas dificultaría su esclavización.

Consecuencias en la corte imperial

Finalmente, las denuncias y testimonios que lograron llegar a la corte del emperador Carlos V contribuyeron a que la Corona tomara medidas para reorganizar el gobierno del territorio. Como resultado, el gobierno ordenó actuar contra los responsables, y los miembros de aquella Audiencia terminaron siendo destituidos y encarcelados.

Con el tiempo, la Primera Audiencia fue reemplazada, se instauraron nuevas formas de administración. En 1531 comenzó la llamada Segunda Audiencia, presidida por Sebastián Ramírez de Fuenleal, que buscó corregir los abusos denunciados durante los primeros años del gobierno colonial.

Este proceso formó parte de una etapa de reformas impulsadas por la Corona española para intentar corregir los problemas surgidos en los primeros años del gobierno colonial.

El milagro del Tepeyac y el nacimiento de una devoción continental

Un año después de estos conflictos más intensos en 1531, tendría lugar uno de los episodios más conocidos de la tradición católica en América: las apariciones de la Virgen en el Cerro del Tepeyac al indígena Juan Diego.

Juan Diego, un humilde indígena, fue hasta el obispo Juan de Zumárraga para comunicarle el mensaje que decía haber recibido. Y el obispo decidió actuar con prudencia y pidió una señal antes de aceptar el relato: esa señal llegó cuando el indígena llevó rosas recogidas en el Tepeyac. Al abrir su tilma frente al obispo, las flores cayeron al suelo y quedó impresa la imagen que hoy se conoce como la Virgen de Guadalupe. Este acontecimiento tendría un profundo impacto religioso y cultural en la historia de México y de todo el continente.

Debates tempranos sobre la dignidad humana en el mundo hispánico

En el mismo contexto histórico, instituciones contemporáneas dedicadas a la defensa de los derechos humanos señalaron que algunos de los primeros debates sobre la dignidad de las personas surgieron en medio del Imperio español y de la administración de los territorios americanos. Organizaciones como Amnesty International, galardonada con el Premio Nobel de la Paz por su trabajo en defensa de presos políticos y víctimas de violaciones de derechos humanos, destacaron que las discusiones impulsadas en el siglo XVI por la reina Isabel I de Castilla, juristas y religiosos son parte de algunos de los antecedentes históricos de la reflexión moderna sobre los derechos humanos.

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