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Apuntes sobre el video de Padre Eduardo Chávez – Controversias Guadalupanas #3 | P. Eduardo Chávez

Por: Elidé

El padre Eduardo Chávez, del Instituto Superior de Estudios Gualpanos, presenta la cosmovisión indígena y su vínculo con la Virgen de Guadalupe. Se analiza la fundación del imperio azteca y el simbolismo del lugar donde la Virgen pidió la construcción de su casita sagrada.

1. La fundación del Imperio Azteca y su simbolismo
Chávez describe el momento en que los mexicas fundaron su imperio, lo cual, para ellos, no fue solo un acto físico de establecimiento, sino un evento cargado de simbología. Los mexicas llegaron a un lugar inhóspito, un islote en medio del lago de Texcoco, en un espacio donde las condiciones eran extremas, rodeados de carrizos y serpientes, según los relatos de los informantes de Fray Bernardino de Sahagún. El padre Chávez subraya que, a pesar de la pobreza de este sitio, el pueblo mexica creyó que este era el lugar señalado por sus mitos para edificar su civilización (Chávez, 2026). La imagen del águila devorando una serpiente, tan representativa de su cultura, no solo simbolizaba el inicio de su imperio, sino que también reflejaba la fuerza y la lucha por encontrar su lugar en el mundo, algo que era sagrado para ellos.

2. La Virgen de Guadalupe y el Llano del Tepellac
Chávez profundiza en el significado del “llano del Tepellac”, lugar donde la Virgen de Guadalupe pidió que se construyera su casita sagrada. Para muchos, este término podría pasar desapercibido, pero el padre explica que, en la tradición judeocristiana, la Biblia habla de la importancia de “allanar montes y valles” para poder encontrarse con Dios, específicamente a través del profeta Isaías. El “llano del Tepellac”, por lo tanto, no es solo un terreno físico, sino un espacio simbólico que facilita el encuentro entre lo divino y lo humano, accesible para todos. En la cosmovisión indígena, el llano representa la raíz de todo lo verdadero y lo bien sustentado, mientras que los cerros, como el Tepellac, se vinculaban a lo sagrado y lo elevado, lo relacionado con la vida. Chávez explica que la Virgen, al pedir que su casa se construyera en el llano, estaba eligiendo un lugar que facilitara el acceso a su mensaje de esperanza y salvación para todos, sin distinción de su origen o condición (Chávez, 2026).

3. La relación entre los dioses mexicas y la Virgen de Guadalupe
El contraste entre la figura de Huitzilopochtli, el dios azteca del sol, y la de la Virgen de Guadalupe es otro punto clave en el discurso de Chávez. Huitzilopochtli, según los mexicas, era un dios guerrero, belicoso y exigente, que demandaba sacrificios humanos para sostener el cosmos. Para los mexicas, los sacrificios eran necesarios para alimentar a los dioses y asegurar la continuidad de la vida. Chávez señala que, en esta mentalidad, la vida misma estaba intrínsecamente ligada a la muerte, y solo a través del sacrificio se mantenía el equilibrio cósmico. En contraste, la Virgen de Guadalupe es presentada como la madre de un dios misericordioso, lleno de auxilio, amor y salvación, en un acto de humildad que contrasta directamente con la visión de un dios de guerra. Para Chávez, esto no debe verse como una debilidad, sino como una verdadera fuerza, ya que en el amor de Dios radica la verdadera fortaleza para transformar el sufrimiento humano en redención y vida eterna (Chávez, 2026).

4. Flor y Canto como un símbolo de la verdad divina
Chávez profundiza en el concepto indígena de “flor y canto”, que es considerado como la verdad suprema en la cosmovisión azteca. Para los indígenas, este concepto no era solo un símbolo, sino una expresión profunda de su relación con lo divino. “Flor y canto” representaba la verdad de la naturaleza, lo sagrado y lo divino. Chávez hace un paralelo interesante con el evento guadalupano, señalando que el acto de la aparición de la Virgen comienza con cantos bellos de pájaros, un preludio que prepara el encuentro con la divinidad. En la narrativa guadalupana, Juan Diego debe subir al cerro para recoger las flores que, al ser presentadas a la Virgen, no solo representan la belleza natural, sino también la manifestación de la “verdad divina”. Chávez concluye que la aparición de la Virgen, desde esta perspectiva, es la flor y el canto de la verdad misma, un acto de inculturación que une lo sagrado de la tradición indígena con la nueva visión cristiana de salvación (Chávez, 2026).

5. La concepción de la vida y la mujer embarazada
Por último, Chávez aborda un aspecto clave de la visión indígena sobre la vida y la mujer embarazada. En las culturas indígenas, el ciclo de la vida estaba estrechamente relacionado con el concepto de fertilidad, creación y el inicio de una nueva existencia. La figura de la Virgen de Guadalupe, como una mujer embarazada, conecta con este concepto profundamente arraigado en las creencias indígenas sobre la concepción de la vida. Según Chávez, este simbolismo de la Virgen como madre de Dios es un reflejo de la intersección de las creencias prehispánicas con la fe cristiana, donde la Virgen se presenta como la mujer que da vida, no solo físicamente, sino espiritualmente, a través de su hijo, quien es el Salvador. Esta imagen refuerza el mensaje de la Virgen como una figura de esperanza, misericordia y protección (Chávez, 2026).

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