Módulo 1. 7 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.
Clase del 27 de Junio
La imagen. ¿por qué los indígenas la entendieron?
- Porque leyeron la imagen y porque está el mensaje; porque Ella misma lo dijo.
- En Hechos de los Apóstoles, El apóstol le pregunta a aquel hombre: ¿Entiendes lo que estás leyendo?- Y él responde: ¿Cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?. Lo mismo sucede con Guadalupe. Yo puedo ver la imagen, pero para comprender plenamente su significado necesito una explicación.
- Ahora bien, un árbol bueno no puede dar frutos malos. ¿Recuerdan lo que ocurrió en los primeros tiempos del cristianismo, cuando comenzaban a predicar los apóstoles? Surgió la pregunta: ¿Qué hacemos con estos cristianos? ¿Qué hacemos con estos seguidores de Jesús?. Entonces intervino Gamaliel y dijo: Si esta obra no viene de Dios, desaparecerá por sí sola; pero si viene de Dios, no podrán detenerla.
- Por eso se toma la Sagrada Escritura como criterio de discernimiento.
Debemos preguntarnos: ¿el acontecimiento guadalupano está en armonía con la Sagrada Escritura? Hay que buscarlo y examinarlo.
- El pueblo de Israel., cuando enfrentaba una guerra, una crisis o una situación desesperada, se preguntaba: «¿Qué hacemos ante esta problemática tan fuerte? ¿Qué va a pasar?». Entonces el pueblo acudía a la oración y le recordaba a Dios sus promesas.
- Recordar significa volver a dar el corazón. Cuando el pueblo decía: «Recuerda, Señor, la promesa que hiciste a Abraham, Isaac y Jacob», estaba pidiéndole a Dios que mirara nuevamente esa alianza de amor. «Acuérdate de que fuiste Tú quien nos sacó de Egipto; acuérdate de la promesa que nos hiciste». Lo mismo sucede con nosotros.
- A veces decimos: Señor, ya no sé qué hacer; ya no tengo fuerzas; no sé hacia dónde caminar. No sé qué va a pasar con esta economía, con esta enfermedad, con estos problemas que afectan a mi familia y a mi sociedad. En esos momentos debemos hacer memoria de las obras de Dios.
- La Carta a los Hebreos nos dice: Dios, que habló antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas, en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todo. Dios sigue comunicándose con su pueblo.
Por eso hay que analizar algunos elementos que aparecen constantemente en la Sagrada Escritura y buscarlos también en el acontecimiento guadalupano. Son rasgos fundamentales del modo en que Dios actúa.
- La vocación. Dios llamó a Abraham, llamó a Moisés, llamó a Isaías, a Jeremías, a Samuel y a todos los profetas. También llamó a Saulo en el camino de Damasco. El llamado es una constante en la historia de la salvación. Y precisamente este elemento del llamado también está presente en el acontecimiento guadalupano.
- Normalmente Dios se manifiesta en los montes y también en lugares cerrados. Recordemos cuántos acontecimientos importantes suceden en estos espacios. Pensemos en el Templo, en la presentación del Señor, en el Sanedrín, en la Última Cena y en la institución de la Eucaristía, que ocurre precisamente en un lugar cerrado.
- El monte tiene un significado especial: representa la subida hacia Dios, el encuentro con lo divino. Tanto los montes como los lugares cerrados son espacios que aparecen constantemente en la historia de la salvación, y vale la pena analizarlos.
- Las transformaciones. Pensemos, por ejemplo, en el Monte Tabor. ¿Qué sucedió allí? La transfiguración del Señor. Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, los llevó al monte y, mientras oraba, sus vestiduras comenzaron a volverse resplandecientes y blancas. Su rostro se transformó y apareció glorioso. Entonces se manifestaron Moisés y Elías dialogando con Él: Moisés representando la Ley y Elías representando a los Profetas. Allí, en el Monte Tabor, ocurre una transformación extraordinaria que revela la gloria de Cristo.
- La alianza suprema es la Nueva Alianza sellada en el cáliz y en el pan consagrado, es decir, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sin embargo, a lo largo del Evangelio encontramos muchos otros signos sencillos. Recordemos cómo sanaba Jesús. En una ocasión puso saliva sobre la lengua de un sordomudo; en otra, mezcló saliva con tierra para hacer lodo y colocarlo sobre los ojos de un ciego. Cristo utilizaba signos visibles para comunicar una realidad espiritual más profunda.
Encontramos esos mismos elementos en el acontecimiento guadalupano. Buscamos las constantes que aparecen en la Sagrada Escritura para verificar si también están presentes allí. De esta manera no nos perdemos y seguimos un criterio seguro de interpretación.
- El nombre. En la Sagrada Escritura, el nombre tiene una importancia enorme. Recordemos cuando Moisés pregunta a Dios: ¿Quién diré que me envía?. El nombre no es simplemente una palabra o una identificación externa; representa a la persona misma. Cuando Dios revela su nombre, está revelando algo de su ser.
Por eso el nombre implica identidad, reputación, misión y presencia.
Si yo entrego mi nombre, estoy entregando mi persona.
El nombre expresa quién soy. No es algo superficial, sino una realidad profundamente ligada a la propia existencia.
- Toda la Sagrada Escritura es cristocéntrica. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, todo apunta a Cristo. Por eso, si el acontecimiento guadalupano no fuera cristocéntrico, tendríamos un problema. Si nuestra devoción a los santos o nuestras prácticas religiosas no nos conducen a Jesucristo, entonces algo está mal orientado.
- Toda auténtica devoción debe llevarnos a Cristo, porque el plan de Dios es que todo tenga a Cristo por cabeza: lo que está en los cielos, lo que está en la tierra y lo que está debajo de la tierra. Ese es el designio eterno de Dios.
- Cuando Dios responde a Moisés, le dice: «Yo soy». Y añade: «Dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a ustedes». El nombre revela la identidad misma de Dios.
La vocación.
- Recordemos a Samuel. Era todavía un joven que servía junto al sacerdote Elí cuando, durante la noche, escuchó una voz que lo llamaba:¡Samuel, Samuel!.
Samuel se levantó y fue donde estaba Elí diciendo: Aquí estoy, porque me has llamado. Pero Elí respondió: Yo no te llamé; vuelve a acostarte. Esto sucedió varias veces hasta que Elí comprendió que era Dios quien llamaba al muchacho. Entonces le dijo: «Si vuelves a escuchar la voz, responde: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”».
Hay un detalle muy importante. En muchas vocaciones bíblicas, Dios llama dos veces por el nombre. Samuel,Abraham, Moisés, Saulo. Esta repetición expresa una confirmación divina y señala que se trata de un llamado especial para una misión importante.
Teológicamente, esto constituye una auténtica vocación: un llamado personal de Dios dirigido por el nombre y orientado a una misión concreta.
Por eso, al estudiar el acontecimiento guadalupano, buscamos también este elemento vocacional.
En el Nican Mopohua, número 12, se narra que, cuando cesó el canto maravilloso que escuchaba Juan Diego, oyó que lo llamaban desde la cima del cerrillo:
«Juanito, Juan Dieguito».
Es significativo que sea llamado por su nombre y que el llamado se repita. Encontramos aquí una clara dimensión vocacional.
Debemos recordar que no es la Virgen de Guadalupe quien llama en nombre propio, como si fuera una divinidad independiente. Ella viene de parte de Dios y de parte de Jesucristo. Es en nombre de Dios que llama a Juan Diego para confiarle una misión.
Por tanto, podemos afirmar que este elemento vocacional, tan característico de la Sagrada Escritura, también aparece en el acontecimiento guadalupano.
Otro aspecto importante son los mensajeros de Dios. En la Biblia, quienes reciben una misión divina suelen experimentar un profundo sentimiento de pequeñez ante la grandeza de Dios.
Así lo expresa el profeta Jeremías cuando relata su vocación: Antes de formarte en el seno materno te conocía; antes de que nacieras te consagré; te constituí profeta de las naciones
Jeremías respondió: ¡Ah, Señor Dios! Mira que no sé hablar, porque soy muy joven. Pero Dios le contestó: No digas: “Soy un muchacho”. A donde yo te envíe irás, y todo lo que yo te mande dirás. No les tengas miedo, porque yo estoy contigo para librarte.
Después, el Señor extendió su mano, tocó la boca de Jeremías y le dijo: He puesto mis palabras en tu boca.
Entonces surge una pregunta para nosotros: ¿por qué nos da tanto miedo hablar de la Palabra de Dios o transmitir el mensaje de Nuestra Madre de Guadalupe? ¿Acaso son nuestras palabras? ¿Acaso es un mensaje inventado por nosotros?
Conexión con Guadalupe
Juan Diego cuando el obispo fray Juan de Zumárraga le pidió una señal. Juan Diego respondió con una seguridad sorprendente: Pide la señal que desees. ¿De dónde provenía esa certeza? No provenía de él mismo. Provenía de Dios, que lo había llamado, enviado y sostenido en su misión.
Él sabe que no habla por sí mismo. Es una orden de Ella. En el fondo está diciendo: Si me rechazas a mí, no estás rechazándome a mí, sino a quien me envía. Yo solamente soy el mensajero. Esta es la palabra de la Madre de Dios. Ella sabe lo que hace, y yo sé quién es Ella. He contemplado su hermosura, he experimentado su presencia y sé lo que estoy viviendo. Por eso puede decir con total confianza: Pide lo que quieras.
- Juan Diego viene enviado por la Santa Virgen María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive. Esa es la fuente de su seguridad.
- Nuestra seguridad no depende de nosotros mismos, sino de quien nos envía. Por eso debemos preguntarnos: ¿por qué tenemos tanto miedo? Si es Dios quien nos envía, si es Nuestra Madre Santísima quien nos manda, ¿qué es lo que nos paraliza?
- Dios le dice a Jeremías: Mira que he puesto mis palabras en tu boca. Y añade: No les tengas miedo, porque yo estoy contigo para salvarte. Es decir, lleva mi aliento, mi voluntad y mi querer. Habla en mi nombre.
- María es la perfecta discípula de Jesús, y ese mismo principio aparece en el acontecimiento guadalupano. Ella transmite el mensaje de Dios y forma mensajeros para que hagan lo mismo.
- San Pablo expresa esta realidad con una imagen extraordinaria: Llevamos este tesoro en recipientes de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros.
Por eso Juan Diego se presenta con tanta humildad. Dice: Reconoce su pequeñez, exactamente igual que Jeremías, Moisés o tantos otros llamados por Dios. Y la Virgen le responde con las mismas palabras que Dios dirigió a sus profetas:
No les tengas miedo, porque yo estoy contigo
Por eso le dice:
Escucha, tú, el más pequeño de mis hijos. Ten por cierto que no son escasos mis servidores y mensajeros a quienes podría encargar que llevaran mi aliento y mi palabra para que se cumpliera mi voluntad. Pero es necesario que tú personalmente vayas, ruegues e intercedas para que, por medio de ti, se realice mi querer.
- La Virgen de Guadalupe habla como una auténtica discípula de Dios. Habla con el lenguaje de la Sagrada Escritura. Habla como Dios ha hablado a lo largo de la historia de la salvación.
- Dios la formó a Ella, la hizo discípula; Ella formó a Juan Diego, y sigue formándonos a nosotros.
- La enseñanza mediante signos sencillos. Jesús enseñaba utilizando parábolas e imágenes tomadas de la vida cotidiana de las personas de su tiempo. En el episodio de Naamán el sirio, narrado en el segundo libro de los Reyes. Cuando Naamán busca la curación de su lepra, el profeta Eliseo le manda decir que vaya a bañarse siete veces en el río Jordán. Naamán se indigna. Piensa que los ríos de su tierra son mejores y más limpios. No entiende por qué debe obedecer una instrucción tan sencilla. Entonces sus servidores le dicen: Si el profeta te hubiera pedido algo difícil, seguramente lo habrías hecho. ¿Por qué no hacer algo tan simple?. Naamán obedece, se sumerge siete veces en el Jordán y queda completamente sano.
- En el Evangelio de San Juan. Jesús toma saliva, hace lodo y lo coloca sobre los ojos de un ciego. Después le dice: Ve a lavarte al estanque de Siloé. El hombre ya no veía, y ahora tenía lodo cubriéndole los ojos. Sin embargo, obedece, camina hasta el estanque, se lava y recupera la vista. Lo que produjo el milagro fue la obediencia nacida de la fe.
Muchas veces las indicaciones de Dios pueden parecernos ilógicas. Precisamente eso es lo que enseña la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. Ella le dice una y otra vez:
Es necesario que vayas. Es necesario que ruegues. Es necesario que intercedas. Es necesario que se cumpla mi voluntad por medio de ti.
Obedece.
El canto de las aves.
¿Qué significa ese canto? En la tradición bíblica y también en la tradición indígena, el canto armonioso de los pájaros señala la presencia de Dios, la cercanía del paraíso y la manifestación de algo extraordinario.
No era un detalle cualquiera.
Era una señal destinada a atraer su atención y prepararlo para el encuentro con el cielo que estaba a punto de vivir.
El hombre Justo
En el acontecimiento guadalupano encontramos también la figura del hombre justo. Este es un elemento que aparece repetidamente en la Sagrada Escritura.
- Cuando Jesús va a manifestarse al mundo, encontramos a un hombre justo: José, su padre. El esposo de la Virgen, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Mientras pensaba en ello, el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo engendrado en ella viene del Espíritu Santo.
Ese No temas recibir a María. Sigue siendo un mensaje actual para muchas personas que tienen reservas o temores respecto a la Virgen María.
Lo que Dios ha realizado en Ella viene del Espíritu Santo. Lo que sucede en Ella es obra de Dios.
Del mismo modo, en el acontecimiento guadalupano, Dios se dirige a un hombre justo, sencillo y humilde. A través de María, la Virgen de Guadalupe, Dios llama a un macehual, a un ignotlapaltzintli, es decir, a un hombre del pueblo.
Sin embargo, estas expresiones no significan simplemente «indito» o «pobre hombre». Tienen un sentido mucho más profundo. Indican a una persona humilde, sí, pero también digna, respetable y honorable. Un hombre cuya condición social no disminuye en nada su valor como persona.
Por eso Juan Diego es presentado como un hombre venerable. No pierde su dignidad por ser pobre ni por pertenecer a una condición sencilla. Sigue siendo alguien digno de respeto, una persona noble y estimada.
Incluso algunas expresiones nahuas lo describen como una afable y venerable pintura, una imagen que representa algo valioso y significativo para la comunidad.
También resulta interesante reflexionar sobre el significado de su nombre.
- Juan significa Dios es favorable o Dios es misericordioso.
- Diego, por su parte, suele interpretarse como el instruido o el que se deja enseñar. Y este último matiz es especialmente importante. Ser instruido no significa simplemente poseer conocimientos, sino tener la disposición de aprender, dejarse formar y dejarse guiar.
El Canto
En el Apocalipsis encontramos esta escena extraordinaria:
«Y cantaban un cántico nuevo diciendo: “Digno eres de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste inmolado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación”» (Ap 5, 9-10).
- San Juan Pablo II comprendió perfectamente esta dimensión cuando canonizó a San Juan Diego.
- Cuando Dios se manifiesta, frecuentemente encontramos música, canto y alabanza.
- Juan Diego describe haber escuchado cantos maravillosos, semejantes a los del cenzontle y otros pájaros finos, pero infinitamente superiores.
El Nican Mopohua dice:
«Oyó cantar sobre el cerrito como el canto de muchos pájaros finos; sus voces sobrepasaban las del coyoltótotl, las del tzinitzcan y las de otras aves preciosas».
- Fernando Ojeda ha mostrado algunas reconstrucciones de la música indígena de la época. Ahora imaginemos esos sonidos elevados a una perfección celestial, interpretados por coros de ángeles. El resultado debió ser algo indescriptible. Tal vez Juan Diego estaba experimentando anticipadamente algo semejante a lo que describe el Apocalipsis: la liturgia celestial, el canto de quienes están en presencia de Dios.
- Algunos textos antiguos relacionan este momento con la serenidad y la claridad que siguen a la intervención divina. Fray Bernardino de Sahagún recoge expresiones semejantes cuando habla de la paz que llega después de la manifestación de Dios.
Otro detalle importante es que, después de escuchar aquellos cantos, Juan Diego entra en un estado de asombro tan profundo que siente estar soñando.

