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Tres Basílicas, Un Solo Corazón: el Tríptico Espiritual de Lourdes

En Lourdes, al pie de los Pirineos franceses, tres basílicas construidas en distintas épocas y estilos forman un conjunto arquitectónico único que da vida al santuario mariano más visitado del mundo. En este contexto, cada una cumple una función espiritual particular y, al mismo tiempo, juntas narran la evolución de la devoción a la Virgen de Lourdes desde el siglo XIX hasta la actualidad. Así, el complejo refleja no solo la historia del lugar, sino también la profundidad de su significado religioso.

En primer lugar, la Basílica de la Inmaculada Concepción, levantada sobre la misma roca de Massabielle, justo encima de la gruta de las apariciones. Desde una perspectiva histórica, su estilo neogótico, sus vitrales y su torre puntiaguda la convierten en el símbolo clásico del santuario. Fue construida entre 1866 y 1871, pocos años después de las visiones de Bernadette Soubirous, y, por ello, funciona como la puerta espiritual al mensaje de Lourdes.

Justo debajo se encuentra la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1889 y reconocible por su arquitectura romano-bizantina. Sus tres arcos representan los Misterios del Rosario y, además, su interior alberga quince capillas decoradas con mosaicos venecianos que retratan escenas evangélicas. De esta manera, este templo funciona como un espacio de contemplación, color y silencio, un puente entre la devoción popular y la tradición litúrgica.

Por otra parte, la más moderna y sorprendente es la Basílica Subterránea de San Pío X, inaugurada en 1958 en ocasión del centenario de las apariciones. En efecto, construida íntegramente en hormigón pretensado bajo la explanada del santuario, posee forma elíptica y capacidad para 25.000 fieles, lo que la sitúa entre los templos más grandes de Europa. Asimismo, su amplitud y diseño austero la convierten en el escenario de las celebraciones multitudinarias y de las procesiones eucarísticas que caracterizan a Lourdes.

En conjunto, tres estilos, tres épocas y tres lenguajes arquitectónicos muy diferentes, pero un mismo centro espiritual: la devoción a la Virgen de Lourdes, que, aún hoy, sigue convocando a millones de peregrinos cada año.

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