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Cuando la guerra irrumpió en Medjugorje: oración bajo las bombas

Medjugorje, abril de 1992. Mientras Europa observaba con inquietud el desmembramiento de Yugoslavia, un pequeño pueblo de Bosnia y Herzegovina se convertía en escenario de una dramática coincidencia entre mensaje espiritual y tragedia histórica. La guerra no solo golpeó a la región: irrumpió en el corazón mismo de un lugar identificado en todo el mundo con la paz.

Fue el 25 de abril de 1992, en pleno contexto del conflicto armado, que se difundió un mensaje atribuido a la Virgen María en Medjugorje con un tono de extrema urgencia: “Solo mediante la oración y el ayuno se puede detener la guerra”. El llamado no se limitaba a una súplica espiritual, sino que interpelaba directamente a la responsabilidad personal: decidirse por Dios, renovar la consagración a Jesucristo y convertirse en instrumentos de paz en un mundo atribulado.

El mensaje advertía también sobre la acción de Satanás en tiempos de confusión y sufrimiento, e invitaba a los fieles a dar testimonio con la propia vida. Medjugorje era presentado, una vez más, como signo y llamado, como un tiempo de gracia que no debía ser desperdiciado.

La noche en que estalló el conflicto

Pocos días antes, el 6 de abril a las 21:30, la guerra había estallado formalmente en Bosnia y Herzegovina. Lo que hasta entonces era una amenaza latente se volvió realidad en cuestión de minutos. Durante la oración vespertina, la calma habitual de la capilla fue violentamente interrumpida: mujeres, niños y ancianos irrumpieron desesperados buscando refugio.

La escena fue caótica y profundamente humana. Bolsas improvisadas, botellas de leche, pañales y mantas se mezclaban con Biblias y rosarios. Radios encendidas transmitían noticias alarmantes mientras los gritos y sollozos llenaban el espacio sagrado. La capilla se transformó en refugio, dormitorio y bodega de supervivencia.

Ante tal movimiento y peligro inminente, los religiosos actuaron con rapidez. Se improvisaron defensas con sacos de arena y se evaluaron distintas estrategias para proteger a los más vulnerables. Los habitantes de Bijakovići sabían que aquel sótano era el lugar más seguro del pueblo.

Los hombres en condiciones de combatir ya habían partido al frente. Las mujeres y madres, presas de la angustia, se preguntaban en silencio si volverían a verlos. Esa noche, madres e hijos durmieron juntos sobre colchones improvisados, compartiendo el miedo y la esperanza.

Un signo llamó especialmente la atención: un icono ortodoxo de la Madre de Dios de Vladimir presidía el refugio, protegiendo a personas atacadas por un ejército que también se identificaba como ortodoxo. Para muchos, aquella imagen se convirtió en un símbolo silencioso de reconciliación futura entre pueblos enfrentados.

Campanas, bombardeos, fe y paz interior

Durante la madrugada, las campanas de la iglesia comenzaron a repicar con fuerza: señal inequívoca de ataques aéreos. Nadie durmió realmente. Apiñados en el sótano, los refugiados escuchaban el estruendo lejano de la guerra mientras algunas ancianas rezaban el rosario sin cesar.

Al amanecer, la situación era clara y alarmante. El ejército federal, bajo control serbio, había iniciado una ofensiva general. A tan solo treinta kilómetros, Široki Brijeg ya estaba siendo bombardeado. En ese contexto, salir de casa se volvió imposible. Las decisiones debían tomarse con rapidez y con información fragmentaria, una realidad conocida por quienes han vivido la guerra.

A pesar del peligro, quienes relatan estos acontecimientos subrayan un contraste sorprendente: mientras la mente se veía asediada por el miedo y la urgencia, el corazón permanecía en una paz profunda. Una convicción interior se imponía con fuerza: no había lugar para el temor.

La experiencia vivida en Medjugorje durante aquellos días reforzó el sentido del mensaje difundido semanas después. La oración y el ayuno no aparecían como evasión de la realidad, sino como resistencia espiritual frente a la violencia. En medio de las bombas, la fe se convirtió en refugio.

Medjugorje, signo en tiempos oscuros

La irrupción de la guerra en Medjugorje marcó para muchos creyentes un punto de no retorno. El lugar asociado a la Reina de la Paz fue puesto a prueba en el momento más crítico. Lejos de desaparecer, el llamado a la conversión y a la oración se volvió más urgente y concreto.

Treinta años después, aquellos acontecimientos siguen resonando como un recordatorio inquietante y actual: cuando la guerra estalla, la paz no comienza en los acuerdos políticos, sino en el corazón humano. Y, según el mensaje de Medjugorje, ese corazón solo puede transformarse verdaderamente a través de la oración.

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