En Aidsky tuvimos la oportunidad de hablar con Daniel Budeger, una persona que desde hace seis años cambió su vida por completo.
Proveniente de una familia católica y bien formado del colegio salesiano Tulio García Fernández, Daniel tuvo una base de formación cristiana y de mucha oración. Pero, con el pasar de los años, su vida comenzó a pasar en automático. En sus propias palabras “era una persona que cumplía con mis compromisos religiosos” pero que podía ausentarse, es decir con “una frialdad muy grande”.
A comparación de su familia, Daniel realizó un desarrollo corto y se convirtió en un cristiano cómodo:
“Era un cristiano bastante cómodo, como le digo yo, que hoy es el común denominador de los cristianos. De ir a misa, de comulgar, de confesar de vez en cuando, y no cumplía, en realidad, creo que después de la conversión me di cuenta de lo poco que me esforzaba para estar cerca de Nuestro Señor.”
Dedicado al comercio, en el ámbito gastronómico, su vida transcurría de manera cotidiana hasta que el Covid-19 llegó y comenzó la pandemia en el 2020. Pero esto no es lo más importante, sino lo que ocurre durante ello.
El 20 de abril, mientras Daniel estaba encerrado en su domicilio conviviendo con su esposa e hijas, un lugar alejado de San Miguel de Tucumán, le sucedió algo sobrenatural.
Eran las tres de la mañana y toda la familia dormía. En ese silencio, Daniel se despertó al escuchar que una voz lo llamaba por su nombre. Así lo recuerda él: “sentí una voz, como una audición, en mi oído, muy claro, de la voz masculina, con mi nombre”
Asustado y pensando que alguien había entrado sin permiso a su casa, se levantó en silencio sin despertar a su mujer y se sentó en la cama intentando escuchar de nuevo aquella voz. Luego, decidido salió del cuarto:
“Salí, empecé a buscar quién había entrado a mi casa. Busqué debajo de la cama, fui al cuarto de mi hija, entré a los baños, o sea, todo en oscura, porque obviamente estaban todas las luces apagadas. Bajé a la planta baja, a la cocina, al comedor, bueno, en definitiva, recorrí toda mi casa esperando encontrar a esta persona que me había hablado. Estaba convencido de que había entrado una persona a mi domicilio.”
Pero no encontró nada. Confundido emprendió el camino de regreso a su cuarto y cuando entró, a oscuras y en silencio, sintió algo, una presencia extraña.
Se sentó en su cama tranquilo y nervioso. No pudo acostarse, tenía un poco de temor por no entender lo que estaba sucediendo. Así que esperó un tiempo en silencio. No sabe exactamente si pasaron 30 o 40 minutos o una hora, pero estuvo mucho tiempo asi mientras su mujer seguía durmiendo profundamente. Hasta que en un momento sintió algo de nuevo. Daniel nos relató: “Y ahí sentí. Sonó como una voz, pero dentro de mi corazón, dentro de mi ser, una voz femenina, que me dijo coger rosario. Con esos términos, coger rosario.”
Daniel tenía en su mesa de luz un rosario que le había regalado su madre mucho tiempo atrás y el cual nunca había rezado. Un rosario de pétalo de rosa muy hermoso y fino que aún estaba en su paquetito de regalo y con la tarjeta de todas las características intacta.
Él tomó el rosario y pensó “es el rosario, obviamente viene de la Virgen María”. Ya no tenía tanto temor porque sabía de dónde venía, pero se sentía inquieto con el rosario agarrado y esperando nuevas instrucciones.
“Habrán pasado dos horas o tres tal vez. Eran las cinco de la mañana, cinco y media de la mañana, y obviamente me venció el cansancio. No recibí más mensajes, no recibí más audiciones y me acosté con el rosario en la mano”, nos relató Daniel.
Al otro día, al despertarse más o menos entre las 10/11 de la mañana, solo en la cama pensó “¡Uy, qué sueño loco he tenido anoche!”, pero cuando va a incorporarse nota que el rosario estaba en su mano, cayendo en la cuenta de que lo ocurrido no había sido ningún sueño loco.
Confundido, guardo el rosario y bajo a desayunar como todos los días con su familia. No pudo comentar nada porque no quería quedar como un loco. Ni él entendía aún lo que había ocurrido.
Desayuno en silencio, sintiendo algo nuevo en su interior que no era normal. En ese momento, mientras reflexionaba, recibió la llamada de su cuñada Florencia. Como era un periodo de pandemia, su cuñada vendía alcoholes y sanitizantes que eran necesarios, y les avisaba cuando tenía disponibles para que pasaran a buscarlos.
Al terminar la llamada, Daniel y su mujer, salen en busca de los higienizantes. Y al llegar al barrio de su cuñada la encuentran en la entrada del domicilio con una vecina. Florencia, que es una persona de mucha oración, les pregunta si querían hacer el curso a la consagración de la Virgen que comenzaba el sábado siguiente.
“Obviamente que yo dije inmediatamente sí, porque sabía que era un mensaje claro, porque si esa noche yo había tenido esa experiencia, y mi cuñada me ofrece consagrarme a la virgen, obviamente que era toda una continuidad de esa noche”, nos cuenta Daniel.
A partir de ese momento Daniel cambió totalmente: “Después de la conversión sí tuve un cambio total en mi vida, una transformación en mi vida cristiana, donde no fue fruto de mi fuerza y de mi voluntad. El cambio vino por medio del Señor.”
Con el apoyo de su familia, amigos y su confesor, empezó, como él llama, su ruta de conversión. Se consagró a la Virgen en mayo y de ahí en más fue toda una época de gracias de muchas bendiciones, de muchos regalos, tanto de nuestra Madre Santísima como nuestro Señor Jesucristo.
“Tengo que decir que desde ese mismo momento que me dijo que coja el rosario, hasta el día de hoy, que ya pasaron prácticamente seis años, yo rezo el rosario todos los días de mi vida. Desde ese momento hasta el día de hoy”, confiesa Daniel, “si esto no hubiera venido de Dios y de la Virgen, es imposible mantener la oración del rosario todos los días de mi vida sin dejar un día de rezar el rosario.”
Daniel aclara que nunca tuvo visiones visibles de Jesús o de la Virgen. No habla de apariciones, sino de experiencias interiores, de signos recibidos en la oración y de un aprendizaje progresivo para “escuchar en el silencio”.
En su camino, comprendió que no todo lo que se pide se concede como uno espera, y que la respuesta de Dios no siempre coincide con el deseo humano inmediato. La enfermedad y muerte de personas por las que rezó intensamente lo llevaron a una fe más madura, capaz de confiar incluso cuando no hay respuestas claras.
Hoy, Daniel vive su testimonio con discreción. Él mismo nos dijo “Yo no estoy acostumbrado a contarlo, si bien lo conté en un círculo íntimo y de amigos, nunca lo conté en público”, y desde Aidsky agradecemos que confiara en nosotros para compartirlo.
Daniel no busca convencer a la fuerza ni imponerse. Comparte su experiencia solo con quienes desean escuchar, convencido de que la fe no se transmite con discursos, sino con coherencia, paciencia y apertura del corazón.