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Las cuatro niñas videntes de Garabandal: quiénes eran y qué fue de ellas

Cuando comenzaron las apariciones en San Sebastián de Garabandal, en 1961, nadie imaginaba que cuatro niñas de un pequeño pueblo de Cantabria terminarían siendo conocidas en todo el mundo. Sin embargo, eso fue lo que ocurrió con Conchita González, Jacinta González, María Dolores ‘Mari Loli’ Mazón y María Cruz González.

Las cuatro tenían entre 11 y 12 años cuando comenzaron los hechos que marcarían sus vidas. Eran amigas, vecinas y crecieron juntas en este pequeño pueblo de montaña, donde la vida cotidiana estaba marcada por la sencillez, la fe y las tradiciones rurales.

San Sebastián de Garabandal era, a comienzos de la década de 1960, una aldea aislada de apenas unos cientos de habitantes. No tenía carreteras importantes ni era un lugar conocido fuera de la región. Las niñas llevaban una vida completamente normal, ayudaban a sus familias, iban a la escuela del pueblo y jugaban juntas por las calles y caminos del lugar.

Las cuatro compartían un carácter alegre y espontáneo. Según quienes las conocieron en ese momento, no se trataba de niñas especialmente destacadas ni con una formación religiosa extraordinaria. Precisamente por eso muchos testigos quedaron sorprendidos por lo que sucedería después.

Todo comenzó el 18 de junio de 1961, cuando las niñas dijeron haber visto a un ángel en las afueras del pueblo. Durante varios días afirmaron que esta figura celestial se les apareció repetidamente, preparándolas para la llegada de la Virgen.

Poco tiempo después relataron haber visto por primera vez a la Virgen María, a quien identificaron como la Virgen del Carmen. Desde ese momento comenzaron numerosas apariciones que se dieron durante varios años.

Durante estos encuentros, las niñas entraban en profundos estados de éxtasis. Muchos testigos decían que, durante los éxtasis, las niñas quedaban completamente concentradas, mirando hacia un punto que los demás no podían ver. En ese estado a veces caminaban por las calles del pueblo, incluso corriendo o caminando hacia atrás sin tropezar, algo que sorprendía mucho a quienes las observaban.

Los estados de éxtasis de las niñas fueron observados por cientos de personas. Sacerdotes, médicos, periodistas y curiosos comenzaron a viajar a Garabandal para presenciar lo que ocurría.

Algunos testigos relataron que durante estos momentos las niñas parecían insensibles al dolor. En ocasiones se realizaron pruebas simples, como aplicarles luz intensa en los ojos o pellizcarlas, sin que reaccionaran.

También se decía que durante las apariciones hablaban con la Virgen de forma natural, como si conversaran con una persona presente. En algunos casos, afirmaban recibir mensajes espirituales dirigidos a la humanidad.

Las apariciones terminaron en 1965, y con el paso del tiempo cada una de las niñas tomó un rumbo diferente en su vida adulta.

Conchita González, considerada la principal vidente de Garabandal, se trasladó años después a Estados Unidos, donde formó una familia. A lo largo de los años continuó siendo una de las principales voces que relató lo ocurrido en el pueblo.

Jacinta González también se mudó posteriormente a Estados Unidos, donde llevó una vida familiar discreta.

María Dolores ‘Mari Loli’ Mazón se trasladó a Estados Unidos y mantuvo durante su vida adulta el recuerdo de las apariciones. Falleció en 2009.

Por su parte, María Cruz González permaneció en España y mantuvo una vida más reservada, lejos de la atención pública que había rodeado a Garabandal en los años sesenta.

Aunque las apariciones terminaron hace décadas, el relato de estas cuatro niñas continúa despertando interés entre creyentes, investigadores y peregrinos que visitan el pueblo.

Para muchos, la historia de estas niñas de Garabandal representa un recordatorio del llamado a la conversión, a la oración y a la confianza en Dios que, según ellas, la Virgen quiso transmitir al mundo.

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