El Aviso: una experiencia interior universal y un examen de conciencia que estremeció al mundo
Entre 1961 y 1965, en el pequeño pueblo de San Sebastián de Garabandal, en Cantabria (España), se produjeron una serie de acontecimientos que aún hoy suscitan debate, fe, prudencia y estudio. Más allá de los éxtasis, los testimonios y los hechos extraordinarios relatados por las cuatro niñas videntes, existe un mensaje central que atraviesa toda la experiencia: el llamado a la conversión a través de un profundo examen de conciencia, conocido en los escritos como el Aviso.
Este concepto fue desarrollado especialmente por una de las niñas videntes, Conchita González, quien en una carta fechada el 2 de junio de 1965 explicó que, antes del gran milagro anunciado, tendría lugar un Aviso dirigido a toda la humanidad. Según sus propias palabras, no se trataría de un fenómeno externo, sino de una experiencia interior, simultánea y universal:
“En el Aviso veremos todo lo que hemos ofendido a Dios con nuestros pecados y lo que hemos hecho con ellos en la Pasión del Señor”.
Este pasaje, recogido en el Diario de Conchita, describe lo que numerosos autores espirituales no dudan en calificar como un examen de conciencia absoluto, vivido no desde una acusación externa, sino desde la luz de la verdad interior. No se presenta como una condena, sino como una revelación del estado del alma ante Dios.
El mismo texto aclara que el Aviso será “temeroso” tanto para justos como para pecadores. Para los primeros, representará una llamada a una unión más profunda con Dios; para los segundos, una advertencia misericordiosa previa a un eventual castigo. Esta distinción resulta clave: el Aviso no busca infundir miedo, sino provocar conversión.
A diferencia de un juicio final, el Aviso se presenta como una oportunidad. Cada persona verá su vida tal como es, sin justificaciones ni autoengaños. En términos espirituales, será el momento en que la conciencia quede plenamente iluminada.
Testigos inesperados y fe nacida del escepticismo
El impacto de Garabandal no se limitó al ámbito de los fieles. Sacerdotes, médicos y teólogos se acercaron inicialmente con incredulidad. Entre ellos se encontraban los padres jesuitas Ramón María Andreu y Luis María Andreu, este último protagonista de uno de los episodios más conmovedores de la historia (véase Padre Luis María Andreu). Tras presenciar un éxtasis en los pinos, exclamó repetidamente: “¡Milagro!”, y horas después falleció repentinamente, pronunciando estas palabras:
“Hoy es el día más feliz de mi vida. ¡Qué Madre más buena tenemos en el Cielo!”
Para muchos testigos, su muerte fue interpretada como el sello final de una certeza interior alcanzada tras un profundo encuentro espiritual, comparable —en clave personal— a ese mismo examen de conciencia anunciado para toda la humanidad.
El llamado “milagro de la Comunión visible”, ocurrido el 18 de julio de 1962, fue filmado y fotografiado. Sin embargo, el propio Diario subraya que ni siquiera los milagros externos garantizan la fe, ya que muchos continuaron dudando incluso después de ver la hostia aparecer en la lengua de Conchita.
Este hecho refuerza el núcleo del mensaje de Garabandal: la conversión no nace de lo espectacular, sino del encuentro con la verdad interior. Por ello, el Aviso —invisible, personal e intransferible— ocupa un lugar central en el mensaje.
Garabandal hoy: vigencia de un mensaje incómodo
En un mundo saturado de ruido, justificaciones y relativismo moral, la idea de un examen de conciencia total resulta profundamente incómoda. Garabandal no promete tranquilidad, sino verdad. Y la verdad, cuando ilumina la conciencia, puede doler… pero también sanar.
Más de sesenta años después, el Aviso continúa interpelando a cada persona con una pregunta esencial:
¿Qué veríamos hoy si nuestra conciencia quedara completamente iluminada?
FUENTE
- González, M. C. (1962–1963). Diario de Conchita (págs. 20–30) [PDF]. Garabandal. https://garabandal.jp/wp-content/uploads/2021/09/diario-de-conchita-espanol.pdf

