Peregrinar para encontrarse: la experiencia de Elidé en la Virgen del Cerro, Salta
Colaboración con María Emilia Zuchelli
Entre el 29 y el 31 de agosto, Elidé realizó una peregrinación breve pero profunda hacia el santuario de la Inmaculada Madre del Corazón Eucarístico de Jesús, conocida como la Virgen del Cerro, en la provincia de Salta.
No fue un viaje turístico para ella ni una visita familiar, sino una experiencia de fe que fue gestándose con el tiempo.


Una de primeras preguntas que surgió fue:
¿Por qué decidiste viajar en primer lugar?
“Decidí viajar a esta peregrinación para vivir la experiencia de conocer a la Inmaculada Madre del Corazón Eucarístico de Jesús (…), explica.
“Me llamaba la atención peregrinar en otra provincia que no fuera la mía (Jujuy). Estoy acostumbrada a saber cómo se peregrina en mi pago y también a acompañar procesiones, pero nunca había ido a peregrinar a otro lugar que no fuera mi Jujuy”.
A esa inquietud se sumaba un deseo personal: “Además, me daba curiosidad conocer el santuario y a la Virgencita en primera persona. Había investigado sobre ella y sobre la vidente María Livia (a quien también quería conocer), y me emocioné con su historia”
Cuando decís que investigaste a la Virgen, ¿lo hiciste cuando ya sabías que ibas a viajar y fue ahí donde te dio curiosidad? ¿O ya venías investigando desde antes y el viaje fue algo que se dio de casualidad?
Marisel explica que su investigación comenzó por una tarea laboral. “Cuando investigué a María Livia, lo hice porque en mi trabajo, en Aidsky, me dieron la tarea de investigar a la Virgen (…)”.“A medida que fui profundizando en sus apariciones y mensajes, me llamó mucho la atención la figura de la vidente y la manera en que la Virgen se le apareció a ella en Salta”.
Aclara que el viaje no fue casual ni repentino: “Yo ya venía investigando antes de viajar a peregrinar. No fue algo que se dio de casualidad, sino que surgió a partir de mi trabajo”. Pero lo que comenzó como una obligación se volvió en una curiosidad personal.
“No fue solo investigar por obligación, sino que esa curiosidad creció cuando empecé a leer testimonios de lo que le sucede a las personas cuando van a ver a la Virgen”, cuenta. Muchos relatos coincidían en la emoción, la paz y la sensación de cercanía con Jesús que experimentaban los peregrinos:
“Esos testimonios de fe me motivaron a ir; comencé a tener intriga y curiosidad de vivir, por mí misma, la experiencia”.

María Livia Galliano de Obeid
Durante el viaje, ¿te compartieron otros testimonios?
“Sí”, responde sin dudar. Uno de ellos quedó grabado en su memoria. “Durante el viaje una peregrina llamada María Paula me compartió su testimonio y me dijo: “Soy testigo de que con fe la Virgen cumple Milagros”. Su experiencia había sido tan positiva que lleva años yendo a peregrinar. Ese fue un lindo testimonio, recuerdo que al escucharla me transmitió paz y dulzura”
¿Cómo es el lugar? ¿Es una capilla, un espacio de adoración?

“Cuando llegué al cerro vi una casita y adentro estaba el santuario”, relata. Al llegar al lugar, el santuario la sorprendió.
“En realidad, no es solo una capilla, sino un santuario muy bonito con techo de madera y construido con piedras, rodeado de bosques y flores. Es un espacio de gracia, explica.
Para llegar, se puede caminar unos 35 minutos o utilizar transporte organizado por la peregrinación. “La gente que organiza hace todo lo posible para que todos puedan conocer a la Virgencita”, destaca.
También remarca que, “no era solo un espacio de adoración, sino también un lugar para rezar, para encontrarse con la Virgencita, para pedirle y para agradecerle (…).”
Imagino que subiste caminando. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿sentiste algo en algún momento?
Marisel decidió subir caminando como gesto de agradecimiento. “sí lo hice caminando porque quería agradecerle a la Virgen por haberme dado la oportunidad de conocerla y, sobre todo, por estar viva, por tener salud y pies para poder caminar. Estaba la opción de ir en colectivo, pero decidí ir caminando para agradecerle justamente eso: la vida, la salud y haberme traído hasta ese lugar.”
“Cuando comencé a subir, sentí muchas cosas. Lo primero que sentí fue paz. Mientras caminaba por el cerro, experimenté tranquilidad y mucha admiración por la naturaleza. (…) Siento que la naturaleza es una creación muy linda, muy divina, y conecto mucho con ella. Y al estar conectada con la naturaleza, sentí que al mismo tiempo estaba conectada con la Virgen y Dios.”

¿Te costó realizar la caminata?

La caminata no me costó demasiado, porque estoy acostumbrada a caminar por el campo y por los cerros y las montañas. (…) Sin embargo, hay una parte del camino, antes de llegar al santuario, que es bastante piedrosa. Ahí sí me costó un poco más, porque las piedras eran puntiagudas y al pisarlas podían lastimar, así que tenía que caminar con mucho cuidado.
Aun así, mis ganas de llegar eran impresionantes, estaba muy ansiosa de saber cómo era todo arriba. No solo le puse esfuerzo a la caminata, sino que puse actitud y ganas para llegar.
Al comenzar la caminata estaba acompañada por mis compañeras Dai y Tamara, pero como ellas no están acostumbradas a subir o caminar mucho, se detenían cada tanto a descansar y a tomar agua. En un momento seguí subiendo y no me di cuenta de que me había quedado sola. Aun así, me sentía tranquila y contenta de estar subiendo solita, así que continué mi subida sin problema.
Cuando llegaste ¿Cómo se sintió estar ahí arriba? ¿Te conmovió la peregrinación?
“Se sintió como estar en la cima”, dice con firmeza. Mientras se acercaba, escuchaba un coro juvenil cantando alabanzas: “Ese canto fue muy especial para mí; sentí que la Virgen me recibía a través de esos cantos tan lindos”.
La emoción se intensificó cuando observó a las personas profundamente conmovidas. “Había personas que se abrazaban, lloraban; se sentía que muchos estaban descargándose, agradeciendo”.
Me conmovió mucho ver a las personas sentarse a agradecer, a orar, a pedir, a rezar. Eso fue lo que se sintió: estar arriba.
También sentí mucha alegría por haber llegado. Me sentí muy contenta de haber logrado llegar a conocerla.
Más allá de que caminaba sola y no conocía a la gente, me sentía acompañada. Al ver a las personas allí, unidas en oración, sentí esa compañía. Así fue la experiencia.

El encuentro con la Virgen
¿Qué pasó cuando conociste a la Virgen?

“Me llenó de alegría verla; es tan bonita, tan bonita”, recuerda. Mientras grababa ese momento, ocurrió algo inesperado: “Empecé a temblar. No sé por qué, siento que fue por la emoción tan grande que tenía”.
Luego dejó de grabar y comenzó a orar. “Le agradecí por la vida, por mi familia, que está bien de salud, y le pedí mucha fuerza para continuar en Buenos Aires”, confiesa. Vivir lejos, estudiar y sostenerse emocionalmente no ha sido fácil:
“Ella sabe todo lo que me estaba pasando; ya no hacía falta explicarle nada”.
Tras unos minutos, se anunció la misa y el rezo del rosario. “Hacía mucho tiempo que no rezaba el rosario, y me sorprendí al darme cuenta de que no me había olvidado cómo rezar los cinco misterios”. Esa experiencia la llenó de alegría: “Lo recé con mucha fe y sentí que estaba unida en oración con mi familia y mis seres queridos”.
Me podrías contar alguna reflexión que te dejó el viaje
El viaje no fue solo físico, sino también espiritual. Fue “un viaje no solo muy conmovedor, sino también un viaje de despeje, un despeje de la vida mundana”. En contraste con el ritmo acelerado de Buenos Aires, la experiencia le recordó algo esencial: “Dios siempre hace lo posible para volver a decirnos que Él está ahí”.
La experiencia dejó una certeza de que la Virgen siempre la acompaña. “No importa dónde esté, en Buenos Aires, en Salta o en cualquier lugar del mundo, sé que ella siempre me acompaña a donde yo vaya”.
Ese es el mayor aprendizaje que se lleva de la peregrinación: “La certeza de que ella siempre camina conmigo”. Por eso, el testimonio se cierra con un agradecimiento que nace del corazón: “Le agradezco a ella por la fuerza que me da para siempre salir adelante en tiempos difíciles”.
Hoy asegura que volvería a peregrinar sin dudarlo. “Volvería a ir por la paz que me causó”, y recomienda la experiencia a quienes atraviesan momentos difíciles: “Que confíen en la Virgen y que lo dejen todo en sus manos; estando ahí, te olvidás de todo”.
Durante esa peregrinación pidió poder terminar su carrera, y ese deseo se cumplió. Elidé afirma con convicción: “La Virgen cumple milagros”.
Finalmente, la certeza que se llevó del cerro es clara y profunda:
“No importa dónde esté, sé que ella siempre camina conmigo”.

