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31 de mayo: una fecha mariana clave y el mensaje de la Madre de Todos los Pueblos

No es una fecha más dentro del calendario litúrgico, la Iglesia celebra la Fiesta de la Visitación de María, cierre del mes mariano y, al mismo tiempo, un día profundamente relacionado a las apariciones de la Señora o Madre de Todos los Pueblos en Ámsterdam. Esta fecha adquiere un peso simbólico particular porque la propia Virgen la señala como central dentro de su mensaje. Según las visiones recibidas por Ida Peerdeman, la Virgen afirma que será precisamente un 31 de mayo —sin especificar el año— cuando se proclame el esperado dogma mariano: “María Corredentora, Medianera y Abogada”. No es casual que este día reúna la dimensión bíblica de la Visitación con una proyección profética hacia el futuro de la Iglesia y de la humanidad.

Las apariciones comenzaron el 25 de marzo de 1945, solemnidad de la Anunciación, cuando Europa aún sangraba por la Segunda Guerra Mundial. Ida Peerdeman, entonces de 40 años, fue elegida como “instrumento”, tal como la Virgen se lo confirma el 31 de mayo de 1954: “Tú eres el instrumento. Por medio de este instrumento, en un pequeño país que está al borde del precipicio, la Señora de todos los pueblos dará cada año sus amonestaciones y su consuelo”. A lo largo de 56 visiones, predominantemente simbólicas, la vidente fue objeto de incredulidad, burlas y calumnias, cumpliéndose lo anunciado: “no se le creerá, la despreciarán, la ridiculizarán”. Aun así, el núcleo del mensaje permaneció, junto con la oración revelada, hoy difundida en todo el mundo.

Una parte particularmente impactante de estas visiones se encuentra en el mensaje del 26 de diciembre de 1947, donde la Virgen advierte sobre inventos destructivos y armas de consecuencias devastadoras. Ida describe: “Veo algo que pasa volando frente a mí… tiene forma de cigarro o de torpedo… luego veo caras hinchadas, llenas de úlceras”, y más adelante, al preguntar a la Señora, recibe una respuesta contundente: “Es algo infernal… pueblos, estáis avisados”. Estas imágenes anticipan crisis sanitarias, guerras, colapsos ideológicos y una humanidad desorientada. La Virgen también anuncia el Concilio Vaticano II y resume el diagnóstico espiritual del mundo con una advertencia clara: “El mundo se encuentra en una gran revolución. Nadie sabe en qué dirección hay que ir”.

En el centro del mensaje aparece una llamada constante: volver a la cruz. Ida relata un momento de profundo sufrimiento místico ante ella, mientras la Virgen le dice con serenidad: “El dolor dura un poco más, luego todo se acaba” y añade: “Solo entonces habrá paz y tranquilidad”. El cuadro revelado —María de pie ante la cruz, sobre el globo terráqueo, con los brazos abiertos y rayos que descienden hacia la humanidad— expresa visualmente su misión como Madre y corredentora. Por eso el 31 de mayo no solo recuerda un acontecimiento pasado, sino que apunta a un futuro prometido: el reconocimiento pleno de María en su participación única en la obra redentora de Cristo. Madre de todos los pueblos, abogada y refugio de la humanidad, su llamado sigue vigente: regresar a la cruz para que haya paz. Ave María Purísima.

Este día es una llamada a la unidad, recordándonos que la paz comienza en el corazón de cada persona y se extiende a todo el mundo. Como nos recuerda el Padre Justo Antonio Lofeudo: “Nuestra Señora de Todos los Pueblos nos llama a vivir la verdadera unidad entre los pueblos, una unidad que se funda en la paz, el respeto y el amor mutuo, tal como ella lo vivió al pie de la cruz.”

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