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La Divina Infantita: La Niña que complementa a la Virgen de Guadalupe

Una devoción poco conocida con raíces profundas en México

En el corazón del México del siglo XIX surgió una devoción mariana que hasta hoy despierta interés y ternura: la Divina Infantita, una representación de la Virgen María como niña. Esta advocación se centra en la infancia de María, destacando su pureza, inocencia y vínculo con Dios desde sus primeros años. Aunque no tan popular como otras devociones marianas, ha sido motivo de culto en conventos, iglesias y entre fieles devotos en México y en distintas partes del mundo. 

La presencia de Dios en la niñez

Un pasaje que muchos fieles asocian a esta devoción es:

Esta cita resalta la importancia de la niñez en la vida espiritual y la cercanía de lo divino con los más pequeños, un concepto reflejado en la veneración de la Virgen María en su infancia.

El origen de la Divina Infantita: Un evento revelador en 1840

La historia documentada de esta devoción comienza el 6 de enero de 1840, en el Convento de San José de Gracia, en la Ciudad de México, cuando Sor Magdalena de San José meditaba ante un pesebre durante la fiesta de la Epifanía. Al preguntarse por qué no se celebraba el nacimiento de María como se hace con Jesús, experimentó una visión en la que María aparecía recién nacida, vestida de luces y acompañada de ángeles, invitando a honrar su infancia. 

Tras varias experiencias similares, Sor Magdalena recibió permiso para que se construyera una imagen basada en aquella visión, dando inicio formal al culto a la Divina Infantita.

Entre devoción y tradición olvidada

La aparición y la propuesta de culto no fueron recibidas sin escepticismo. Algunos en la comunidad religiosa consideraron la idea excéntrica o innecesaria, pues ya existían devociones consolidadas a la Virgen María en otros aspectos de su vida. Sin embargo, Sor Magdalena perseveró, sosteniendo que la infancia de María era un misterio espiritual valioso que había sido descuidado por la piedad popular. Este contraste entre tradición establecida y una nueva propuesta de devoción abrió un espacio de reflexión sobre qué aspectos de la vida de la Virgen merecían ser celebrados y cómo. 

De México para todo el mundo

La devoción a la Divina Infantita no se quedó limitada al convento original. A partir de ese punto, la imagen y el culto comenzaron a difundirse:

  • Se creó una imagen esculpida de la Virgen Niña tal como Sor Magdalena la describió.
  • Con el tiempo, el culto ganó aprobación en la Santa Sede y del Papa Gregorio XVI.
  • Surgieron congregaciones religiosas centradas en esta advocación, como las Esclavas de la Niña María y los Misioneros de la Natividad de María, quienes promovieron su devoción en México y posteriormente en otros países. 

En la actualidad, la Divina Infantita se celebra especialmente el 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen María, integrándose así a la vida litúrgica y espiritual de muchos fieles.

Está niña solo refuerza aún más la fe de México 

La devoción a la Divina Infantita no compite con otras advocaciones marianas; más bien las enriquece y complementa, especialmente a la Virgen de Guadalupe, la cual representa a María como madre, protectora y figura central de la fe en México. Mientras la Virgen de Guadalupe es venerada por su maternalidad y cercanía con el pueblo, la Divina Infantita nos recuerda la humildad, la inocencia y la santidad desde los primeros años de la vida de María. Juntas, estas devociones ofrecen un espectro más completo de la figura de María: desde su infancia celestial hasta su maternidad espiritual sobre millones de creyentes. 

Si Guadalupe dignificó a un pueblo oprimido, la Infantita dignifica la infancia y la inocencia como fundamento de la sociedad. Visto desde ese punto, ambas deberían ser alabadas de forma equitativa, y tal vez no, en un mismo Santuario pero si recordadas en una plegaria, ya que ambas son la misma mujer santa, pero en distintos tiempos de vida. Pero por alguna razón eso todavía no ha pasado.

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