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El hombre barbudo

En colaboración con Elidé Rojas.

El misterio que comenzó con una fotografía

La noche del 29 de mayo de 1951, el dibujante J. Carlos Salinas Chávez examinaba una fotografía del ayate original de la Virgen de Guadalupe. Para observarla mejor, utilizó una pequeña lupa… y en ese instante descubrió algo que cambiaría su vida.

En uno de los ojos de la Virgen distinguió un extraño bulto. Al enfocar con más atención, logró definir lo que parecía una diminuta figura humana con barba. Había pasado más de cuatro siglos desde la aparición de la Virgen en 1531, y nadie antes había advertido aquel detalle. El hallazgo pronto sería conocido como “el hombre barbudo”.

Aquel descubrimiento resultaba asombroso: en los ojos de la imagen aparecía reflejada una figura imposible de explicar con las técnicas artísticas conocidas en el siglo XVI. ¿Cómo podía estar allí, invisible a simple vista y perceptible solo con instrumentos de aumento?

A partir de esa noche, Salinas Chávez se dedicó de lleno a investigar lo que había visto. Con la autorización de las autoridades religiosas, se iniciaron estudios cada vez más profundos en los que participaron pintores, oftalmólogos y diversos expertos. Algunos son el doctor Javier Torroella Bueno, el doctor Rafael Torija Lavoignet y el ingeniero José Aste Tönsmann, entre otros, quien décadas después aportaría un análisis digital detallado. Véase el artículo De Marcué a Torija: historia del análisis ocular de la Virgen de Guadalupe.

Lo que comenzó con una simple fotografía se convirtió en una de las investigaciones más fascinantes en torno a la tilma. Hasta hoy, las imágenes en los ojos de la Virgen siguen desafiando las explicaciones convencionales y alimentan el debate entre ciencia, arte y fe.

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