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Antonio Valeriano, el brillante alumno indígena

En 1536, en un México que todavía estaba reorganizándose después de la conquista española, nació uno de los proyectos educativos más sorprendentes del siglo XVI: el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco.

Allí se formó uno de los intelectuales indígenas más importantes de la Nueva España y posible autor del Nican Mopohua, Antonio Valeriano.

Su historia demuestra que, durante las primeras décadas del periodo virreinal, existió un intento serio de formar jóvenes indígenas con una educación de alto nivel, capaz de unir dos mundos culturales.

Un colegio adelantado a su tiempo

El Colegio de Tlatelolco fue fundado en 1536 para educar a jóvenes indígenas nobles. No era una escuela común. Era una institución de estudios superiores donde se enseñaban:

  • Latín
  • Filosofía
  • Lógica
  • Retórica
  • Religión cristiana

También se enseñaban otras disciplinas como música, historia, escritura y principios de teología. Además, en el colegio se realizaban traducciones entre latín, castellano y náhuatl, y se recopilaban textos indígenas antiguos, lo que lo convirtió en un importante centro de producción cultural.

En una época en la que el acceso a los libros era limitado y costoso, el colegio incluso contaba con biblioteca propia. Se trataba de formar una élite indígena culta que pudiera comprender el nuevo orden político y religioso impuesto por los españoles.

El colegio funcionaba bajo la protección de las autoridades coloniales y de la Iglesia, y contaba con maestros franciscanos formados en universidades europeas. Entre ellos se encontraba fray Bernardino de Sahagún, quien más tarde se convertiría en uno de los mayores investigadores de la cultura indígena.

Véase Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco para saber la historia de esta institución.

Un alumno destacado

Antonio Valeriano nació alrededor de 1520 en Azcapotzalco. Aunque no pertenecía a la nobleza más alta, fue aceptado en el colegio debido a su gran capacidad intelectual.

Ingresó al Colegio de Tlatelolco siendo muy joven, probablemente entre los 12 y 13 años, y pronto destacó por su inteligencia y dedicación al estudio.

Aprendió latín con gran dominio, algo fundamental en el siglo XVI, ya que esa lengua abría las puertas al pensamiento europeo: temas como derecho, teología, filosofía y ciencia se escribían en latín.

Su talento fue tan notable que sus maestros lo consideraban uno de los estudiantes más sabios del colegio. Con el tiempo, él mismo llegó a convertirse en profesor, enseñando gramática latina a nuevos alumnos indígenas.

Pero Valeriano no abandonó su lengua ni su cultura. Conservó el náhuatl y el conocimiento de la tradición indígena. Además, llegó a dominar tres lenguas: náhuatl, latín y castellano. Esa triple formación lo convirtió en un verdadero puente entre el mundo indígena y el mundo español.

Un intelectual al servicio de la historia

Antonio Valeriano participó en los trabajos que dieron origen al famoso Códice Florentino, una obra monumental que documenta la cultura mexica antes y después de la conquista.

Gracias a su formación en Tlatelolco, podía escribir con elegancia en náhuatl y comprender los métodos de investigación europeos. Su aporte fue clave para conservar parte del conocimiento indígena que de otro modo se habría perdido.

Además, la tradición sostiene que pudo haber sido el autor del Nican Mopohua, el relato en náhuatl de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Aunque los historiadores debaten esta atribución, su perfil intelectual hace que la hipótesis sea plausible.

De estudiante a gobernador

La formación recibida en el colegio no solo lo convirtió en escritor e intelectual. También le permitió ocupar un cargo político importante: fue gobernador indígena de México-Tenochtitlan.

Eso implicaba administrar justicia local, representar a su comunidad y manejar el sistema legal colonial. Para cumplir esa función era necesario comprender tanto la tradición indígena como las leyes españolas.

Valeriano lo logró gracias a su educación.

Un defensor de su pueblo

Antonio Valeriano también participó en la redacción de documentos oficiales dirigidos al rey de España. En ellos, los líderes indígenas solicitaban protección para sus tierras, el respeto de sus derechos y mejores condiciones para su comunidad.

Estos documentos, escritos en latín, demuestran el alto nivel intelectual alcanzado por Valeriano y otros indígenas formados en el Colegio de Tlatelolco.

Su conocimiento no solo fue utilizado para aprender la cultura europea, sino también para defender a su propio pueblo dentro del nuevo sistema colonial.

Una historia que aún sorprende

La vida de Antonio Valeriano muestra que la historia de la Nueva España no fue solo un proceso de imposición cultural. También existieron espacios de diálogo, aprendizaje y construcción compartida.

Formado en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, Valeriano se convirtió en símbolo de ese momento único en el que dos tradiciones intelectuales se encontraron en las aulas de un colegio indígena del siglo XVI.

Y aunque el proyecto educativo no sobrevivió con la misma fuerza, su legado permanece en los textos, documentos y relatos que aún hoy nos permiten entender el nacimiento cultural de México.

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