Cuando la fe estorbaba al negocio: cómo la encomienda frenó la educación indígena en el México colonial
Por el equipo de Aidsky
Tras la conquista de México, la Corona española proclamó en sus leyes algo aparentemente claro: los pueblos indígenas eran personas libres, con derechos reconocidos, y estaba prohibido someterlos a esclavitud o trabajos no remunerados. Sin embargo, entre la norma y la realidad colonial se abrió un abismo.
Muy pronto quedó al descubierto un conflicto profundo. Para muchos colonos, comerciantes y sectores militares, la evangelización no era solo una misión espiritual. Era un problema económico.
Porque evangelizar significaba educar. Y educar significaba liberar.
El sistema que lo complicó todo: la encomienda
El corazón del problema fue el sistema de la Encomienda.
En teoría, la encomienda consistía en entregar a un español un grupo de indígenas para que trabajaran bajo su protección. A cambio, el encomendero debía garantizar su instrucción en la fe cristiana y su cuidado. En la práctica, el sistema se convirtió con frecuencia en una forma de explotación sistemática.
Los indígenas eran obligados a trabajar, pagar tributos y entregar productos que luego eran comercializados en condiciones profundamente desiguales. El tributo, el diezmo y el comercio a precios injustos aseguraban ganancias para los colonos. La prioridad no era educar ni proteger, sino producir y acumular riqueza.
Este funcionamiento generó un efecto grave: muchos pueblos indígenas comenzaron a asociar la religión y la enseñanza con el abuso y el castigo. La evangelización quedaba contaminada por la experiencia de la explotación.
Evangelizar era educar… y eso era peligroso
Mientras tanto, los primeros misioneros franciscanos, conocidos como los Doce Apóstoles de México, impulsaban algo más que la predicación.
Enseñaban a leer y escribir, organizaban comunidades, promovían la vida parroquial y transmitían nociones básicas de derechos reconocidos por la Corona. En otras palabras, estaban formando personas conscientes de su dignidad.
Y ahí surgía el conflicto.
Un indígena alfabetizado, que conocía las leyes reales y comprendía su condición de persona libre, ya no era fácilmente explotable. La educación abría la puerta a la denuncia, a la resistencia y a la organización comunitaria.
Para quienes dependían del trabajo forzado o mal remunerado, esa educación era una amenaza directa.
El boicot silencioso
Las tensiones no tardaron en escalar. En distintos lugares, la labor misionera fue obstaculizada: se dificultaba el acceso a ciertas regiones, se desacreditaba la acción de los religiosos y se ejercían presiones políticas para limitar su influencia.
El obispo Juan de Zumárraga denunció ante la Corona los abusos contra los indígenas y las irregularidades del sistema. Sus informes revelaban malos tratos, explotación y el incumplimiento de las leyes reales. Sin embargo, su postura lo convirtió en una figura incómoda para muchos intereses locales (véase Fray Juan de Zumárraga: la voz que denunció los abusos y defendió a los indígenas en la Nueva España).
El conflicto no era simplemente religioso. Era estructural. La pregunta de fondo era clara: ¿debía la colonización sostenerse sobre la dignidad humana o sobre la rentabilidad económica?
Fe, identidad y resistencia
A pesar de los obstáculos, la evangelización no se detuvo. Con el tiempo, el cristianismo fue apropiado por los propios pueblos indígenas, que lo integraron a su experiencia cultural.
En 1531, la tradición guadalupana, centrada en la figura de la Virgen de Guadalupe, se convirtió en un símbolo poderoso. Más allá de la dimensión estrictamente religiosa, fortaleció una identidad cristiana con rasgos profundamente arraigados en el mundo indígena.
Lo que algunos sectores habían intentado frenar desde el interés económico terminó creciendo desde el interior de las comunidades.
Cuando la fe y la economía chocan
La historia colonial muestra que el verdadero obstáculo para la educación indígena no fue la falta de esfuerzo misionero, sino la resistencia de quienes temían perder privilegios económicos.
La encomienda, concebida en teoría como un sistema de protección y evangelización, terminó funcionando muchas veces como freno a la dignificación real de los pueblos originarios. Allí donde la fe enseñaba igualdad y conciencia, ciertos intereses veían una amenaza.
El conflicto, en el fondo, no fue entre españoles e indígenas, ni entre religión y cultura originaria. Fue entre dignidad y codicia.
Y en ese choque, la educación se convirtió en el campo de batalla.
FUENTES
- CNDH – Comisión Nacional de los Derechos Humanos. (s. f.). Fray Juan de Zumárraga, defensor de los indígenas. Sitio Web: https://www.cndh.org.mx/
- Enciclopedia franciscana. (s. f.). Fray Juan de Zumárraga. Sitio Web: https://www.franciscanos.org/enciclopedia/menud.html
- Camino de Guadalupe (s. f.). Los protagonistas del evento Guadalupano: Fray Juan de Zumárraga. Sitio Web: https://www.caminodeguadalupe.org/
- Wikipedia. (s. f.). Juan de Zumárraga. Sitio Web: https://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada
- Wikipedia. (s. f.). Nuestra Señora de Guadalupe (México). Sitio Web: https://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada
- Guadalupe y Nosotros. (s. f.). Historia y simbología de la Virgen de Guadalupe. Sitio Web: https://www.guadalupeynosotros.com.ar/index.html
- Wikipedia. (s. f.). Códice Escalada. Sitio Web: https://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada
- Artículo “El sistema de misiones jesuíticas: 1591–1699.” publicado por Ortega Noriega & I. del Río (Coords.) en la Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas. Sitio web: https://historicas.unam.mx/
PDF disponible a continucación:

