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El papel de la Reina Isabel I de Castilla en la evangelización y los derechos de los indígenas

La reina Isabel I de Castilla tuvo un papel central en los primeros años de la expansión española en América. Tras el viaje de Colón en 1492, la Corona castellana asumió el control de los nuevos territorios con una idea muy clara: la presencia española debía justificarse principalmente por la evangelización de los pueblos indígenas.

Para Isabel, la conquista no era solo una empresa económica o política. Debía ser, ante todo, una misión religiosa. De hecho, las Bulas Alejandrinas de 1493, concedidas por el papa Alejandro VI, otorgaban a Castilla derechos sobre las nuevas tierras con la condición expresa de evangelizar a sus habitantes. Esto reforzaba la idea de que el dominio español tenía una responsabilidad espiritual.

Desde el principio, Isabel sostuvo que los indígenas eran vasallos libres de la Corona. Esto significaba que no debían ser considerados esclavos por naturaleza, sino súbditos con derechos dentro del orden político castellano. Esta afirmación fue importante en el plano legal, aunque en la práctica las cosas no siempre funcionaron como se declaraban en los documentos oficiales.

La encomienda: intención y realidad

Uno de los puntos más debatidos es la encomienda. Este sistema no fue creado por una ley específica redactada por Isabel, pero sí se desarrolló y consolidó durante su reinado, especialmente bajo el gobierno de Nicolás de Ovando en La Española.

En teoría, la encomienda no era esclavitud. No había un encomendero dueño del indígena, sino que recibía su trabajo o tributo, pero tenía obligaciones claras: protegerlo, alimentarlo y enseñarle la fe cristiana. El indígena seguía siendo libre en el plano jurídico.

Sin embargo, en la práctica el sistema derivó con frecuencia en abusos. El trabajo forzoso, las duras condiciones en minas y plantaciones, y la rápida disminución de la población indígena mostraron que existía una gran distancia entre la teoría legal y la realidad colonial (véase Cuando la fe estorbaba al negocio: cómo la encomienda frenó la educación indígena en el México colonial).

La intención de Isabel con este sistema era organizar la colonización sin convertir a los indígenas en propiedad privada, aunque el resultado fue mucho más problemático.

El testamento de 1504

En su testamento, Isabel dejó por escrito su preocupación por el trato a los indígenas. Insistió en que debían ser bien tratados, protegidos y evangelizados. Reafirmó que eran vasallos libres y pidió que se corrigieran abusos.

Sin embargo, no eliminó la encomienda ni prohibió el trabajo obligatorio. Su testamento no supuso una ruptura con el sistema ya existente, sino más bien una reafirmación de principios morales que, en muchos casos, no se estaban cumpliendo adecuadamente.

Las reformas posteriores

Después de su muerte, continuaron los debates sobre el trato a los indígenas. Las Leyes de Burgos de 1512 intentaron regular el sistema, estableciendo normas sobre trabajo, alimentación y evangelización. Más adelante, las denuncias de Bartolomé de las Casas y fray Juan de Zumárraga impulsaron reformas más profundas (véase Fray Juan de Zumárraga: la voz que denunció los abusos y defendió a los indígenas en la Nueva España).

Las Leyes Nuevas de 1542 intentaron limitar las encomiendas y prohibieron la esclavitud indígena. Estas reformas no fueron un plan directo diseñado por Isabel, pero sí se desarrollaron dentro del marco jurídico y religioso que comenzó a formarse durante su reinado.

Una monarca que protegió a los indígenas

Isabel I no fue una defensora moderna de los derechos humanos en el sentido actual, pero su posición fue la de una monarca de finales del siglo XV que intentó combinar evangelización, dominio político y organización económica.

En teoría, defendió que los indígenas eran libres y debían ser protegidos. En la práctica, el sistema colonial produjo abusos que contradijeron esos principios.

Por eso, su papel debe entenderse con matices: sentó las bases legales y religiosas de la colonización, aunque no pudo evitar que el sistema derivara en explotación.

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