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La Evangelización en México

Una tierra apareció frente a Cristóbal Colón, un hijo de la iglesia y el primero en clavar la cruz de Cristo en aquellas tierras del Nuevo Mundo que, a los ojos europeos, parecían no tener dueño.

Sin embargo, el anuncio de esta religión católica no se daría hasta un segundo viaje desde España hasta esas tierras ya marcadas, donde viajarían tres frailes franciscanos – Bernardo Boyl, Román Pane y Juan Infante – para dar inicio a la evangelización en América. 

Llegaron en noviembre de 1493, pero el proceso evangelizador es de forma gradual y progresiva en donde se busca, a diferencia del descubrimiento de las tierras, la conquista y la colonización, inyectarles valores nuevos en el campo de la ciencia, del arte, de la política, de la economía, del derecho, de la lingüística, del urbanismo e incluso hasta de la gastronomía a todo ser que encontraran. La Iglesia que llega a tierras mexicanas en el siglo XVI, traía consigo la síntesis de la cultura occidental y la traía especialmente para sembrarla allí.1

Pero para lograr esto no alcanzaban solo tres frailes. Más evangelizadores comenzaron a ser llamados y, aunque muy pocos eran los que llegaban, la Iglesia iba avanzando.

El primer anuncio de la fe en tierras mexicanas lo realizó el presbítero Juan Díaz, capellán de la expedición de Juan de Grijalva que en 1518 exploró las costas del Golfo de México, y quien celebró por vez primera la Santa misa en Cozumel el 6 de mayo de ese año.

La tercera expedición al territorio de lo que hoy es México fue la de Hernán Cortés en febrero de 1519. Los capellanes de esta expedición eran dos sacerdotes: el mismo Juan Díaz y el fraile mercedario Bartolomé de Olmedo. En el recorrido tocaron tierra en Yucatán y rescataron a un náufrago español Jerónimo de Aguilar que llevaba ya varios años viviendo entre el pueblo maya y había aprendido su lengua. Para el 15 de marzo la expedición arribó en Tabasco y el cronista Bernal Díaz del Castillo narra que en ese lugar construyeron un altar en donde colocaron la imagen de Nuestra Señora acompañada de la Cruz. El lugar lo nombraron Santa María de la Vitoria.

Allí, el fraile Bartolomé de Olmedo predicó una misa para los indios que se encontraban en la Villa Tabasco, mientras Jerónimo de Aguilar la traducía para ellos. Algunas indias se bautizaron y eligieron un nombre, pero no fueron más de veinte.

Posteriormente en el pueblo de Cempoala ocho mujeres aceptaron también el bautismo; lo mismo ocurrió en Tlaxcala donde la hija de Xicotencatl – “el viejo” – fue bautizada con el nombre de Luisa, y varias de sus compañeras siguieron su ejemplo.

Concluida la conquista militar el 13 de agosto de 1521, Hernán Cortés le solicitó a Carlos V el envío de misioneros. Como respuesta en 1523 llegaron a México el mismo confesor de Carlos V, Fray Juan de Tecto, Fray Juan de Ayora y Fray Pedro de Gante, pariente de Carlos V. Y al año siguiente, el 13 de mayo de 1524 desembarcaron en Veracruz los doce apóstoles franciscanos2 de México, quienes llegaron a México- Tenochtitlán el 18 de junio; fue con ellos que comenzó el proceso ordenado y metódico de la evangelización de la Nueva España.

Aquellos doce frailes, del convento de San Francisco de Belvís de Monroy (Cáceres), eran «franciscanos descalzos», una corriente que abogaba por la austeridad extrema, tanto en su forma de vida como en su vestimenta, y que había impulsado el extremeño San Pedro de Alcántara. Su labor en América no sólo era evangelizadora, sino también como protectores de los derechos de los indios, y como preservadores de la cultura y costumbres prehispánicas.

El recorrido desde Veracruz hacia la ciudad de México (Tenochtitlan), de aproximadamente 230 kilómetros, lo realizaron a pie, descalzos y sin equipaje, y en su camino, los frailes fueron muy bien acogidos por los nativos, no sólo por su actitud humilde y cercana, sino por la diferencia que denotaban con los conquistadores. Pronto comenzaron a llamarles los «Motolinia», que en lengua náhuatl significa «pobres».

Además, cuando llegan a su destino, Hernán Cortés se arrodilla ante ellos y besa sus pies. Este gesto hizo que los nativos los vieran con mayor admiración y respeto, ya que un poderoso conquistador se rebajaba hacia ellos.

Tras el encuentro, los doce religiosos se dividieron en cuatro grupos, encargándose cada uno en llevar su misión a las distintas zonas del territorio: México, Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo.

De esta manera recorrieron vastas tierras del continente para llevar a cabo la evangelización que les había sido encomendada y fueron estableciendo iglesias en los principales asentamientos indígenas.

Un siglo después de la entrada de los primeros evangelizadores a Tenochtitlan, los conceptos que los indios habían tenido acerca de sí mismos, del mundo, de la vida y de la muerte, se habían transformado radicalmente. Los frailes habían logrado desarrollar un nuevo proyecto cultural porque la evangelización trajo consigo un conjunto de elementos nuevos que, al interactuar entre sí, provocaron un cambio total.

Inmediatamente después, en 1526, arribaron los primeros dominicos, entre ellos Fray Julián Garcés, quien seria el primer obispo de Tlaxcala. Al poco tiempo, en 1527, llegaría Fray Juan de Zumárraga3, franciscano observante, quien sería el primer obispo de México y más tarde arzobispo e inquisidor.

A Zumárraga la autoridad eclesiástica le confió dos comisiones fundamentales: organizar el obispado, con sede en la ciudad de México, y velar por la protección de los pueblos indígenas en el territorio novohispano. Hombre austero y profundamente pastoral, comprendió que la evangelización no podía sostenerse sin la educación. Por ello impulsó iniciativas que marcarían el futuro de la Nueva España: la introducción de la imprenta, la creación de hospitales y, especialmente, la fundación de instituciones educativas destinadas a la formación intelectual de los indígenas.

En este contexto nació el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco4, fundado hacia 1536 por iniciativa de fray Juan de Zumárraga, con el apoyo de los frailes franciscanos y de las autoridades civiles de la Nueva España. Esta institución fue concebida para la educación de los hijos de la nobleza indígena y constituyó un proyecto inédito en América: allí se enseñaban latín, gramática, retórica, filosofía y doctrina cristiana, con el objetivo de formar una élite indígena capaz de dialogar con la cultura occidental sin renegar de sus propias raíces.

El colegio no sólo fue un centro de formación religiosa, sino también intelectual y cultural, y de él surgieron figuras fundamentales para la historia novohispana, entre ellas Antonio Valeriano, quien se formó en sus aulas y llegó a ser uno de los intelectuales indígenas más destacados del siglo XVI, así como autor del Nican Mopohua.

Estos indígenas, entre otros, también fueron importantes. Ellos fueron evangelizadores directos que, habiendo aceptado la fe cristiana, recibieron el bautismo y se convirtieron en apóstoles entre su propia gente.

Para esta tarea, la evangelización no se limitó a la predicación oral. A través de escuelas de doctrina, de niños catequistas y de catecismos ilustrados, y especialmente mediante las artes, la música y el teatro, se transmitieron los misterios de la fe de un modo comprensible para una población de tradición ágrafa. Las pinturas y representaciones visuales permitían explicar el Evangelio de manera sencilla, convirtiéndose en un recurso pedagógico fundamental.

Asimismo, la música ocupó un lugar central. Los frailes enseñaron canto e instrumentos a los niños indígenas, formando coros que participaban en la liturgia y difundían alabanzas cristianas en lengua local. Con el tiempo, estos niños catequistas, cantores y actores se transformaron en verdaderos transmisores de la fe, capaces de anunciar el mensaje cristiano con sus propios códigos culturales.

Cabe aclarar que en parte el proceso de evangelización fue posible gracias a la Corona Española, a las instituciones establecidas en la Península Ibérica (conventos y universidades que prepararon a los misioneros), y los marcos jurídicos que realizaron las Leyes de Indias, entre otras, que ayudaron a mediar y limitar los abusos cometidos por los colonos contra los pueblos indígenas.

Sin embargo, más allá de las estructuras políticas y legales, la transmisión de la fe cristiana se sostuvo en personas concretas: frailes, maestros, niños catequistas e indígenas formados que, desde su propia cultura, se convirtieron en los principales transmisores del Evangelio en la Nueva España.

FUENTES


  1. Artículo MÉXICO. Evangelización, publicado en DHIAL. Sitio Web: https://dhial.org/ ↩︎
  2. Artículo Los Doce Apóstoles de México, publicado en Ruta Conquistadores. Sitio Web: https://www.rutaconquistadores.com/index.php
    Artículo Doce apóstoles de México, publicado en Wikipedia. Sitio Web: https://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada ↩︎
  3. Artículo Fray Juan de Zumárraga, defensor de los indígenas. Fallecimiento 3 de junio, publicado en Noticias de la página CNDH – México. Sitio Web: https://www.cndh.org.mx/ ↩︎
  4. PDF obtenido de Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, titulado Colegio de Tlatelolco / Alfredo Chavero. Sitio Web: https://www.cervantesvirtual.com/ ↩︎
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