Los relatos que rodean la devoción guadalupana
Más allá de los estudios científicos y de los misterios que rodean a la tilma, la devoción a la Virgen de Guadalupe también se ha transmitido a través de innumerables relatos que forman parte de la tradición popular. En el tramo final de su conferencia, Andrés Brito comparte algunas de estas historias que, para muchos creyentes, reflejan la cercanía de la Virgen con su pueblo.
En primer lugar, cuenta que el 26 de diciembre de 1531, cuando se trasladó la imagen desde el oratorio de fray Juan de Zumárraga en una procesión, los indígenas iban danzando. Lamentablemente, uno de ellos se clavó accidentalmente una flecha en la garganta y murió. Decidieron llevarlo junto a la tilma, ya que para ellos ella era la madre de Ometéotl, el dios de la vida. Al verla, ese indígena volvió a la vida. Cuando se corrió la noticia, los indígenas vinieron en masa a agradecer a aquella que le había devuelto la vida a su hermano.
La otra historia sucedió en 1571, durante la batalla de Lepanto. Se quería evitar que Europa cayera en manos de los musulmanes de ese entonces. Se llevó a cabo una Liga Santa, formada por el rey Felipe II, el Papa y Venecia. Su armada era infinitamente inferior a la poderosa armada turca. El Papa pidió a los cristianos que rezaran el rosario con él a la hora de la batalla y que pusieran todo en manos de la Virgen Santísima. El almirante Andrea Doria, que iba al frente de una de las naves de la Liga Santa, colocó en la bandera la imagen de la Virgen de Guadalupe y, de manera incomprensible, los cristianos ganaron la batalla, a pesar de las pocas posibilidades. Esta victoria, según se relata, no tendría explicación desde el punto de vista militar, sino que solo puede entenderse como una ayuda del cielo. El Santo Padre San Pío V tuvo una visión en el Vaticano, a gran distancia, en la que supo en ese mismo momento que los cristianos habían ganado la batalla. Luego anunció que la victoria se había obtenido gracias a la Virgen Santísima.
Andrés Britos termina la clase contando que el indio Juan Diego sobrevivió 17 años a las apariciones. Se fue a vivir a una humilde casita para estar cerca de su “Niñita del cielo”. Se dedicó el resto de su vida a contar, una y otra vez, el relato de las apariciones a quien se lo pedía.
El 31 de julio de 2002, San Juan Pablo II anunció que el indio Juan Diego era santo y que ahora está con su querida Niña Santa en el cielo. San Juan Diego, el que habla como águila.
El milagro por el cual se canonizó a Juan Diego fue el de un joven de veintipocos años llamado Juan José Barragán Silva, que era drogadicto. En la desesperación por no tener droga, se tiró desde un balcón. Su madre entonces invocó a Juan Diego. Bajó corriendo y vio los sesos de su hijo desparramados; la ambulancia sólo pudo confirmar su muerte. Cuando estaban por subirlo, Juan José se levantó, se cerró él mismo el cráneo y preguntó: “¿Qué me ha pasado, madre?”.
Cuando lo llevaron al hospital, explicaron que era imposible que ese joven sobreviviera. Le habían colocado un respirador, ya que ni siquiera podía respirar por sí solo. Consultaron con la comisión de ética del hospital y decidieron desconectarlo. Pero cuando volvieron a la habitación, el chico estaba sentado y pidiendo de comer.
Así, la historia de la tilma no termina en los relatos ni en los milagros. Permanece como un gesto de amor de una Madre que quiso quedarse para siempre con sus hijos, recordándoles que no están solos.
FUENTES

