Jean-Marie Doucet: una curación atribuida a Bernadette en los primeros días de Lourdes
Entre los episodios más conmovedores que rodean las primeras apariciones de Lourdes se encuentra el caso de Jean-Marie Doucet. Doucet era un niño gravemente enfermo cuya notable mejoría se interpreto por muchos contemporáneos como un signo providencial. Aunque los habitantes de la ciudad comentaron ampliamente este hecho y lo consideraron localmente un “milagro”, no figura entre las curaciones reconocidas por la Iglesia. Sino que pertenece al conjunto de relatos transmitidos por testigos y cronistas de la época.

El 9 de marzo de 1858, Joséphine Doucet pidió a Bernadette Soubirous que visitara a su hermano, quien desde Navidad se encontraba en un estado alarmante. Diagnosticado por los médicos como un caso de “neuralgia incurable”, Jean-Marie era incapaz de caminar, con convulsiones, espasmos y la boca permanentemente abierta. Su aspecto causaba profunda impresión: postrado junto a la chimenea, rodeado de dibujos que él mismo realizaba, parecía haberse refugiado en un mundo interior marcado por el sufrimiento.
Bernadette lo visitó en varias ocasiones. Su trato con el niño fue singular: combinaba una ternura natural con una firmeza que lo estimulaba a reaccionar. Lo alentaba a cerrar la boca y comer, incluso reprendiéndolo con gracia infantil, llamándolo “perezoso” para provocarlo con afecto. De manera sorprendente, Jean-Marie comenzó a cerrar la boca, a alimentarse y a hablar con mayor claridad. Con cada visita, las comidas se hicieron más frecuentes y su estado general mostró una mejoría progresiva.
La noticia se difundió rápidamente en Lourdes y muchos comenzaron a hablar de un nuevo “milagro”. El 15 de marzo, el párroco Peyramale acudió junto a sus vicarios para constatar personalmente el estado del niño. Aunque reconoció una mejoría evidente y la consideró “interesante”, mantuvo una postura prudente, señalando que sería necesario esperar una curación completa para emitir un juicio definitivo.
Jean-Marie, por su parte, manifestaba una fe sencilla y profunda. Aseguraba que se curaría cuando Dios lo quisiera, ya fuera por medio del agua de la gruta o a través de Bernadette. Su testimonio, recogido incluso en su propio diario, revela una espiritualidad marcada por el abandono confiado, aun en medio del dolor.
Con el paso de los días, su recuperación se consolidó parcialmente, aunque no de forma inmediata ni totalmente concluyente en aquel momento. Por ello, la Iglesia nunca lo incluyó entre los milagros oficialmente reconocidos de Lourdes. Sin embargo, su historia quedó grabada en la memoria colectiva como uno de los primeros signos que fortalecieron la fe popular durante los días intensos de marzo de 1858.
El caso de Jean-Marie Doucet no solo refleja el drama humano del sufrimiento infantil, sino también la compleja relación entre fe, esperanza y discernimiento que acompañó desde el inicio el fenómeno de Lourdes, donde la prudencia eclesial caminó siempre junto al fervor del pueblo.
FUENTES
- Artículo Apparitions mariales de Lourdes (8 sep. 2025), publicado en el sitio web de Wikipedia dentro de Las apariciones > El momento de las tres últimas apariciones > La recuperación de Jean-Marie Doucet. Sitio Web: https://fr.wikipedia.org/wiki/Wikip%C3%A9dia:Accueil_principal
- Artículo 4- Villas junto al mar, edificios públicos y grandes hoteles, en el subtitulo Las Villas > Villa Jean-Pierre Picqué. Lourdes, publicado en el sitio web Le Site des Patrimoines du Pays des Vallées des Gaves, dentro de la categoria Patrimoines materiels > Patrimoine achitectural. Sitio Web: https://www.patrimoines-lourdes-gavarnie.fr/
- Libro “LOURDES, relato autentico de las apariciones” por René Laurentin (pág. 226 – 235).

