Mary Mcguire: para correr, tuvo que morir en Lourdes
En 1972, en Lourdes, Francia, ocurrió un milagro que marcaría para siempre la vida de la hermana Mary Gabriel McGuire, una religiosa ursulina canadiense. Las Ursulinas son conocidas por su dedicación a la educación y a la vida de servicio, y Mary vivía su vocación con disciplina, fe y entrega total. Lo extraordinario de su experiencia no radica solo en la sanación física que recibió, sino también en la profunda transformación espiritual que la acompañó.

El milagro fue presenciado por el padre Lucien Larry, un sacerdote católico muy conocido en Canadá y doctor en psicología, quien se encontraba en Lourdes en el momento del acontecimiento. Años más tarde, su trabajo profesional con un exnazi generaría una fuerte polémica política que derivaría en una prohibición para ejercer su profesión, pero en aquel entonces fue testigo directo de lo sucedido.
Además, la propia hermana Mary narró su historia en una carta escrita el 15 de noviembre de 1974 a otra hermana en Brasil, que le había preguntado por el rumbo de su vida. Estas dos fuentes, el testimonio del sacerdote y la voz personal de Mary, permiten reconstruir la experiencia con detalle y acercarnos a su dimensión humana y espiritual.
El deseo que sobrevivió al cuerpo
Antes del viaje, la hermana Mary había sido internada en un hospital de Montreal. Estaba confinada a una silla de ruedas. Tras varios estudios, los médicos le dieron un diagnóstico definitivo: padecía esclerosis múltiple y nunca volvería a caminar. Frente a esa sentencia, Mary comenzó a sentir en lo profundo de su corazón el deseo de viajar a Lourdes. Sentía que solo Nuestra Señora podía sanarla por medio de su intercesión. Sin embargo, nunca compartió ese anhelo con nadie.
Durante dos años su salud se deterioró progresivamente. Perdió el control de los intestinos y la vejiga, quedó completamente ciega del ojo izquierdo y parcialmente del derecho, sufría dolores constantes y había perdido el equilibrio al punto de no saber si estaba arriba o abajo. A pesar de todo, el deseo de ir a Lourdes permanecía intacto. No se lo decía a nadie porque sentía que no estaba en condiciones físicas para viajar. Con el tiempo, incluso comenzó a soñar que estaba en Lourdes. Ese deseo era tan intenso que llegó a sentir que la perseguía.
La oscuridad antes de la luz
Por primera vez, Mary expresó ese deseo al padre Lucien Larry. Lejos de desanimarla, él respondió con sencillez: “¿Por qué no?”. Más allá de la gravedad de su estado físico, el principal obstáculo era el dinero. Sin embargo, el problema se resolvió rápidamente gracias a la ayuda de otros, y a fines de abril partieron en avión hacia Francia.
Ya en París, la salud de Mary empeoró aún más, por lo que debieron retrasar el viaje a Lourdes durante cuatro días para que pudiera recuperarse. Mientras tanto, el padre Larry alquiló una camioneta y consiguió una camilla de hospital para que la hermana pudiera viajar recostada. Finalmente llegaron un sábado a Lourdes y descendieron hacia la gruta para participar de la procesión de las luces. Personas de todo el mundo rezaban al mismo tiempo en distintos idiomas, sosteniendo velas encendidas. Sin embargo, Mary no experimentó nada extraordinario. Solo sentía agotamiento y una profunda desesperación. Ella misma recordaría más tarde que nunca había visto la vida tan oscura como en ese momento.
El instante en que el cuerpo se rinde
Después de la procesión, el padre Larry la llevó hasta la Roca, ubicada debajo de la estatua de Nuestra Señora de Lourdes, el lugar donde la Virgen se apareció a santa Bernardita. Allí, Mary se acercó y comenzó a orar, pero no por ella misma, sino por las personas que la rodeaban, porque sentía que estaban peor que ella. Ya no pedía un milagro personal.
Esto no significaba que se rechazara a sí misma, sino que se había rendido. Se entregó a Dios con confianza, como si hubiera comprendido que su cuerpo —su templo— ya no le pertenecía. Como si hubiera recordado quién es el verdadero dueño de todo. Comprendió que pedir y recibir no es una transacción, que no depende de la voluntad humana. Aunque oremos, pensemos o sintamos, la respuesta no está en nuestras manos. Hay un misterio mayor, una voluntad que supera el deseo personal: el corazón humilde de Dios.
Un milagro que dejó a un sacerdote en shock
Tras varias horas de oración, el padre Larry volvió a acercar a Mary a la roca. Al tocarla, sintió una fuerte descarga eléctrica. Se inclinó, besó la roca y notó que sus labios se adormecían. Luego, un intenso hormigueo comenzó a recorrerle todo el cuerpo, especialmente las piernas. En ese instante, Mary supo que estaba curada.
“Puedo caminar”, dijo, e intentó levantarse de la silla. El padre Larry, alarmado, le respondió: “No seas tonta, te vas a caer”, y se colocó frente a ella para sostenerla. Anticipando su caída, intentó devolverla a la silla, pero Mary lo empujó y comenzó a correr. El sacerdote se puso pálido y gritó: “¡Espérame!”. Una escena casi cómica para un milagro tan serio.
Mary subió y bajó las escalinatas de la basílica, como si estuviera en trance, desbordada de alegría. Comenzó a contar lo ocurrido a todos los que encontraba. Para el padre Larry, en cambio, la experiencia fue abrumadora: permaneció en estado de shock durante una semana. Ambos se quedaron en Lourdes quince días más, dando gracias y alabando a Dios.
Mary se puso a bailar… y nadie dudó más

Meses después de su sanación, ocurrió una anécdota que reflejó tanto la incredulidad como la curiosidad de quienes la rodeaban. Una amiga de Mary, al enterarse de que podía caminar nuevamente, decidió ponerla a prueba en secreto. Le pidió que bailara, convencida de que, si Mary se negaba o no podía hacerlo con soltura, la sanación no había sido real.
El día llegó y Mary aceptó sin dudar. Para sorpresa de todos, bailó con facilidad y gracia. Aquello demostró que su recuperación no era parcial ni aparente, sino plena y real. Lo que comenzó como una prueba terminó convirtiéndose en un testimonio silencioso de su verdadera sanación. Este episodio recuerda que los milagros no dependen de la aceptación ajena ni de pruebas externas. Un milagro auténtico transforma la vida de quien lo recibe, más allá de la duda, el escepticismo o cualquier intento de medirlo.
Quedémonos con ese recuerdo de este milagro, ahora que Mary ya está con Dios.
FUENTES
- Video de YouTube titulado Incredible miracle of Lourdes | Story of miraculous healing (you’ve never heard it before) (2 feb. 2022), encontado en el canal Catholic Minute – Catholic speaker Ken Yasinski. Sitio Web: https://kenandjanelle.com/
- Video de YouTube titulado A nun fled to Lourdes — My great-uncle, the priest, saw it happen (2 dic. 2025), encontrado en el canal Catholic Minute – Catholic speaker Ken Yasinski. Sitio Web: https://kenandjanelle.com/
- Artículo encontrado en la página Find a Grave titulado Sister Mary Gabriel Mcguire. Sitio Web: https://es.findagrave.com/
- Artículo encontrado en la página CBC News titulado Por qué a un sacerdote de la Columbia Británica se le prohibió ejercer la psicología (20 jun. 2018). Sitio Web: https://www.cbc.ca/

