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La Perfectísima Virgen se presenta

En colaboración de María Emilia Zuchelli

Cuando Juan Diego llega al Cerro del Tepeyac, se encuentra con una mujer de extraordinaria belleza y luminosidad. Su presencia es serena y majestuosa, pero más profundo aún que su apariencia es el modo en que ella misma se da a conocer.

La mujer se dirige a él con gran ternura y respeto, llamándolo “Juanito, Juan Dieguito”, y se presenta con palabras solemnes que revelan su identidad:

“Yo soy la perfectísima siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, del Creador de las personas, del Señor del cielo y de la tierra.”

Estas palabras contienen una verdadera síntesis del mensaje guadalupano. La Virgen no sólo dice quién es, sino que revela su misión y su relación con Dios y con los hombres.

El título “perfectísima” no es un simple adorno devocional. En la tradición del Nican Mopohua, esta expresión traduce una idea de plenitud e integridad, aludiendo a la pureza singular de María y a la plenitud de gracia que la distingue.

Unido a “siempre Virgen”, el título subraya su virginidad perpetua y su dignidad única dentro de la fe cristiana. No se presenta como una figura nueva o separada del Evangelio, sino explícitamente como Santa María, la Madre de Dios.

Su presentación continúa con una afirmación profundamente teológica: es Madre del “verdaderísimo Dios por quien se vive”, del Señor del cielo y de la tierra. En estas palabras se anuncia al Dios creador y viviente, mostrando que la aparición guadalupana está centrada en conducir a los hombres hacia Él.

María se presenta así no sólo con ternura maternal, sino también con autoridad espiritual: como Madre que acerca a sus hijos a Dios.

Luego de presentarse, la Virgen de Guadalupe expresa el motivo de su aparición: la construcción de su “casita sagrada”, un lugar donde manifestar su amor, compasión y auxilio para todos los que la invoquen.

Desde el comienzo, su presencia no está orientada a sí misma, sino al consuelo de su pueblo y a reunir a todos bajo su amparo maternal.

Que elija dirigirse primero a Juan Diego, un hombre humilde y sencillo, manifiesta también el estilo de su mensaje. La “Perfectísima Virgen” se revela con grandeza, pero se acerca con ternura; se presenta con nobleza, pero habla como madre.

En esa primera presentación queda resumido el corazón de Guadalupe: María viene como Madre de Dios y Madre de todos los hombres.

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