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Tema 22. La Eucaristía (II) – Opus Dei – Apunte de Rocio

La Misa no es un acto al que uno asiste como espectador, sino una celebración en la que participa activamente. Esta participación no se reduce a lo externo (responder, cantar, arrodillarse), sino que es principalmente interior. Lo más importante es la actitud con la que uno está presente.

En la Misa se hace presente el sacrificio de Cristo en la cruz. Por eso, participar significa unirse a esa ofrenda. No es algo que ocurre fuera de uno, sino que cada persona está invitada a involucrarse personalmente en ese momento.

Esto implica que la propia vida entra en la Misa. Todo lo que uno vive puede ser ofrecido:

• el trabajo cotidiano
• las preocupaciones
• las alegrías
• los sufrimientos
• las intenciones personales

Todo esto se puede unir al sacrificio de Cristo y ofrecerlo a Dios.

Por el bautismo, los fieles participan del sacerdocio común, que les permite ofrecer espiritualmente, aunque no sean sacerdotes. El sacerdote actúa en nombre de Cristo, pero los fieles también participan ofreciendo su vida junto con Él.

La participación verdadera depende de la disposición interior. Se necesita:

• atención a lo que ocurre
• fe en lo que se celebra
• recogimiento
• intención de unirse al sacrificio

Se puede estar físicamente presente pero distraído, o participar realmente desde adentro. La diferencia está en la conciencia y en la intención.

Las acciones externas ayudan (respuestas, gestos, cantos), pero tienen sentido cuando expresan una participación interior real.

La Misa debe ser el centro de la vida cristiana. No es un momento aislado, sino que lo que se vive en ella se continúa en la vida diaria. La idea es que la propia vida se transforme en una ofrenda, en continuidad con lo que se celebra.

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