Módulo 4. 2 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.
Clase 16 – Enero– 2023
Por el Padre Eduardo Chávez

Existe la necesidad urgente de cambiar el “chip” mental respecto a la Virgen de Guadalupe, especialmente entre el pueblo mexicano. Ella no vino exclusivamente para una nación con fronteras políticas, sino para el mundo entero. Por esta razón, resulta sumamente enriquecedor que en diversos países de América Latina adapten los cantos tradicionales y, en lugar de cantar sobre su “porte mexicano”, canten sobre su porte venezolano, colombiano o latinoamericano.
Más que hablar de patria”, el mensaje guadalupano nos invita a hablar de “nuestros pueblos”. Ella es el estandarte de la independencia, de la liberación y de la identidad de toda América Latina, desde el sur en Colombia y Uruguay hasta el norte del continente. El Papa Francisco, desde su perspectiva argentina, lo ha dejado claro al definirla como un elemento fundante en la identidad de todos los pueblos de América Latina.
México como el Altar del Cosmos y los Cuatro Rumbos
Para comprender por qué la Virgen se aparece en el Tepeyac, es indispensable descifrar la geografía mística de los pueblos originarios. En la mentalidad indígena, México-Tenochtitlan no era simplemente una ciudad, era el centro del universo, el altar sagrado donde se realizaban los sacrificios para que el sol pudiera nacer cada día. Cabe preguntarse si el sol alumbra únicamente a México, y la respuesta evidente es no, el sol alumbra a la creación entera. Por lo tanto, al presentarse en el centro del universo, su mensaje adquiere una dimensión cósmica.
Esta universalidad se plasma con precisión matemática en los símbolos de la imagen y en la cosmovisión de los cuatro rumbos del universo, representados tradicionalmente por los colores de la tradición indígena:
- El negro para el norte.
- El azul para el oeste.
- El blanco para el este.
- El rojo para el sur.
La Virgen aparece de pie en medio de la luna negra, que en náhuatl significa México, el ombligo de la luna. El ombligo es, por definición, el punto de contacto con la vida. Al presentarse ahí como la madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, ella está trayendo al autor de la vida al mundo entero, utilizando el altar del cosmos como plataforma para la humanidad.
El Camino Global: De Aparecida a los Obispos de Brasil
La fuerza de la Virgen de Guadalupe es tan imponente que ella misma va abriendo sus propios caminos, superando cualquier frontera o limitación humana. Un testimonio contundente de esto ocurrió en Río de Janeiro durante la semana de formación de los obispos brasileños.
Brasil posee una de las devociones marianas más grandes del planeta con Nuestra Señora Aparecida, la cual congrega a más de once millones de peregrinos en su santuario. A pesar de contar con una devoción tan masiva y arraigada, los obispos brasileños invitaron formalmente al Instituto Superior de Estudios Guadalupanos para profundizar en el misterio del Tepeyac. La Virgen de Guadalupe no compite con las advocaciones locales, las abraza y las unifica. Este caminar ha llevado el mensaje guadalupano a escenarios de alta relevancia eclesial, incluyendo Bogotá ante los obispos de América Latina y la misma Curia Romana.
El Sucesor de Zumárraga y la Conquista de Asia
El eco del Tepeyac sigue resonando a través del tiempo y de la historia. Un hito de gran relevancia fue la primera visita oficial del Cardenal Carlos Aguiar Retes en el año 2018, en su calidad de sucesor de Fray Juan de Zumárraga, el obispo testigo del milagro de las rosas.
Sin embargo, el testimonio más sorprendente de esta universalidad es la expansión del mensaje guadalupano hacia el continente asiático. Justo antes de la pandemia, en septiembre del año 2019, el Instituto llevó los estudios guadalupanos a tierras que parecían lejanas pero que compartieron la misma fascinación por la verdad del Tepeyac:
- Se presentó en la curia de Taiwán, utilizando el auditorio diocesano.
- Llegó a Macao, contando con la recepción y el apoyo del obispo local.
- Se expuso en importantes universidades e iglesias de China.
El hecho de que en lugares con lenguajes y culturas tan distintas, donde literalmente las cosas “están en chino”, se busque con tanto empeño el mensaje de la Virgen de Guadalupe, confirma que su imagen no es un códice exclusivo para el México del siglo dieciséis. Ella es la Madre del Salvador de todas las naciones, y su mirada misericordiosa sigue cruzando océanos para demostrar que, cuando los hombres intentan poner límites, ella siempre encuentra la forma de abrazar al mundo entero.

El alcance global de la Virgen de Guadalupe no se detuvo en Asia continental, llegó con una fuerza impresionante a Filipinas. Un testimonio vivo de esto fue la conferencia multitudinaria organizada en ese país, un evento que congregó a una cantidad impresionante de fieles. Lo más asombroso de la devoción en Filipinas es que no depende de la promoción humana, sino de la misma Virgen. Al recorrer los alrededores del lugar, se puede constatar que su imagen está grabada en todas partes, en las casas, en las rejas y en los garajes de la gente.
Este impacto internacional y el sustento histórico del milagro han sido documentados e impulsados a nivel mundial, destacando incluso en publicaciones de gran prestigio como el libro editado por los Caballeros de Colón, quienes han sido aliados fundamentales en la difusión científica y teológica del acontecimiento guadalupano en el mundo entero.
El Desmantelamiento de las Teorías de Edmundo O’Gorman
Al analizar las posturas críticas sobre el origen de la imagen, salta a la vista la fragilidad de los argumentos históricos de autores como Edmundo O’Gorman y de quienes repiten sus tesis sin verificar las fuentes. O’Gorman sugirió en sus escritos que la ermita del Tepeyac ya existía antes de 1531 y que la imagen fue traída de Extremadura, España, o fabricada localmente. Sin embargo, el propio O’Gorman fue honesto al usar el término “plausible”, es decir, que consideraba su teoría como algo meramente posible o una conjetura, no como un hecho verificado. El problema radica en los autores contemporáneos que toman esa suposición como una verdad absoluta e incuestionable.
Las contradicciones de este grupo de críticos son evidentes y se derrumban al confrontarlas con los documentos históricos reales:
- El pleito de 1556: Existe un documento jurídico contundente sobre la disputa entre los franciscanos y el segundo arzobispo de México, Alonso de Montúfar. En ese conflicto, los franciscanos manifestaron abiertamente su desgana de asistir a la ermita, declarando que irían solo por obediencia al arzobispo y sugiriendo que no se le llamara Guadalupe. Si los franciscanos hubieran construido la ermita previamente y colocado una imagen extremeña, como afirman las teorías revisionistas, no se explica por qué se oponían con tanta fuerza al culto y al nombre del lugar. Los documentos demuestran que esa hipótesis no se sostiene.
- La contradicción del “collage”: Los detractores construyen un collage de argumentos sin fundamento donde todo lo que sea en contra del milagro les sirve, aunque sus propias teorías se contradigan entre sí. Por un lado afirman que la imagen fue traída de Extremadura, y por el otro aseguran que fue un invento derivado de la idolatría local de la Coatlicue. Es metodológicamente imposible sostener ambas afirmaciones a la vez, por lo que deberían ponerse de acuerdo.
El Valor de las Fuentes: Informaciones de 1666 y Códices
Frente a las suposiciones, la postura histórica de la fe se defiende con pruebas documentales contundentes y accesibles, como el Códice Escalada (o Códice 1548) y las Informaciones Jurídicas de 1666.
Algunos críticos intentan borrar del mapa las Informaciones de 1666 porque destruyen por completo sus teorías. En ese proceso jurídico, se recogieron los testimonios de los ancianos de la zona de Cuautitlán, quienes tenían más de cien años de vida. Al hablar de su niñez, estos testigos relataban lo que habían escuchado directamente de sus padres, tías y abuelos, personas que fueron vecinos directos de Juan Diego y convivieron con él. Tachar de falsas estas declaraciones implicaría acusar de mentirosos no solo a los indígenas, sino a los sacerdotes de la época, quienes declaraban bajo juramento sacerdotal y se exponían a la excomunión inmediata en caso de falsedad.
La Confusión Geográfica del Macizo del Tepeyac
Otro de los errores comunes que alimentan el mito de la sustitución de la diosa Tonantzin o Coatlicue es la confusión geográfica. No se niega que en la zona prehispánica existieran idolatrías femeninas, lo que se rechaza categóricamente es que a alguien se le hubiera ocurrido disfrazar una idolatría en la imagen de la Virgen.
La clave está en entender la geografía del lugar. Todo ese conjunto montañoso se conocía originalmente como el macizo del Tepeyac. Es exactamente lo mismo que ocurre actualmente con la Sierra de Guadalupe, toda la cadena montañosa recibe ese nombre general, pero cada elevación tiene su nombre propio, como el Cerro del Chiquihuite. En el siglo dieciséis ocurría igual, el sistema montañoso era el macizo del Tepeyac, pero cada cerro tenía su identidad, estando el Cerro de los Gachupines, el Cerro del Tepeyac y, detrás de ellos, el espacio donde se adoraba a la deidad indígena. La aparición ocurrió específicamente en el Cerro del Tepeyac, un sitio donde no existía ningún templo previo a 1531, desmintiendo la teoría de la continuidad del templo indígena.
El Resguardo del Nican Mopohua y la Memoria Indígena
Existe la falsa creencia de que el bachiller Miguel Sánchez inventó la historia en 1648, cuando en realidad él fue simplemente el primero en publicarla en español. El verdadero texto fundacional es el Nican Mopohua, escrito originalmente en el siglo dieciséis por el sabio indígena Antonio Valeriano, junto con los aportes de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y el Anónimo de los Anales.
Esta aclaración permite comprender por qué surgieron dificultades históricas con personajes como Joaquín García Icazbalceta. Los indígenas del siglo dieciséis poseían una memoria extraordinaria y una forma de registrar los hechos basada en la tradición oral y el resguardo de textos escritos en caracteres latinos con sonidos náhuatl. Esta escritura no fue creada para la difusión masiva de la época, ya que casi nadie la dominaba, sino que funcionaba como un archivo sagrado para un grupo selecto destinado a preservar fielmente los acontecimientos.
Antonio Valeriano tomó el relato directamente de la boca de Juan Diego, capturando con máxima exactitud los detalles del milagro. Posteriormente, autores como Luis Becerra Tanco y el vicario Luis Lasso de la Vega tuvieron acceso a estos manuscritos del siglo dieciséis y los publicaron para el conocimiento general, demostrando que la historia no se desvaneció ni se inventó un siglo después, sino que estuvo perfectamente resguardada por la impecable memoria y los escritos de los sabios indígenas de la época del acontecimiento.
De Nashville a la Iluminación de los Fieles
La Virgen de Guadalupe va abriendo senderos de la forma más inesperada. Durante la premiación en Yucatán, la representante del gobernador, lejos de ser una desconocida, resultó ser la esposa de un Caballero de Colón con quien se había compartido la mesa en Nashville, Estados Unidos, conversando sobre la Guadalupana.
Ella abre las puertas del mundo, y de igual manera que hoy invita a investigadores a compartir su verdad, capacita y mueve los corazones de quienes estudian sus documentos para que sepan expresarse con total claridad y elocuencia. La Virgen los ilustra para hablar de ella con base en el conocimiento, pero sobre todo con toda la verdad.
Las 320 Fuentes y el Contexto del Siglo XVI
Frente a la falsa premisa de los detractores que aseguran que no existe ningún documento entre 1531 y 1648 que mencione a Juan Diego o a las apariciones, la realidad histórica es aplastante. En ese periodo se cuenta con más de 320 documentos históricos que hacen referencia directa a la Virgen de Guadalupe y al indio Juan Diego.
Muchos críticos cuestionan por qué personajes como Fray Bartolomé de las Casas o Vasco de Quiroga no escribieron detalladamente sobre el milagro. Exigir que todos los personajes de la época redactaran crónicas sobre el Tepeyac es una falta de perspectiva histórica. Se debe comprender que los primeros en captar este acontecimiento con un amor y una fuerza desbordante fueron los propios indígenas en su lengua, el náhuatl. Personajes como Vasco de Quiroga ni siquiera dominaban el náhuatl o el castellano fluido, ya que su lengua nativa era el vasco, lo que vuelve absurda la exigencia de crónicas detalladas de su puño y letra. Hay que colocarse con madurez en el contexto del siglo dieciséis para no emitir juicios erróneos.
Frente a estas ocurrencias dignas de investigaciones de platillos voladores, la ciencia oficial ofrece certezas:
- Análisis de la UNAM: Los estudios científicos realizados a las fibras de la tilma por la Universidad Nacional Autónoma de México confirmaron de manera irrefutable que el tejido pertenece a una agavácea.
- Concordancia Histórica: Este dictamen coincide perfectamente con todos los documentos históricos del siglo dieciséis, los cuales registran que las tilmas de los indígenas de la región se fabricaban de icotl, que es precisamente una agavácea, el maguey.
Asimismo, se descartan los relatos imprecisos de historiadores antiguos como Luis Becerra Tanco, quien mencionaba de forma errónea que un criado intentó quitarle las rosas a Juan Diego y vio la imagen pintada en la tela. Cualquiera que conozca la tilma sabe que la pintura se pasa y es visible por el reverso, por lo que Juan Diego no habría podido ocultar una imagen ya pintada en su trayecto. Lo que el criado vio fueron las rosas dobladas en la manta, pareciendo que estaban bordadas, confirmando que la imagen se plasmó de forma milagrosa directamente ante el obispo.
Resulta sumamente curioso que los detractores nieguen la validez de los documentos históricos que demuestran las apariciones, pero utilicen con total seguridad la Información de 1556 para asegurar que la imagen fue pintada por el indio Marcos.
Incluso defensores bienintencionados, como el historiador José Antonio Salazar, intentaron demostrar en sus libros que la Información de 1556 era un fraude absoluto fabricado en el siglo dieciocho para salvar la historicidad de las apariciones. Sin embargo, un análisis paleográfico serio destruye la teoría del fraude:
- Paleografía del Siglo XVI: El documento está redactado con los rasgos, ligaduras y abreviaciones típicas y exclusivas del siglo dieciséis, algo imposible de replicar de forma perfecta en siglos posteriores.
- Firmas Auténticas: El manuscrito cuenta con las firmas de bachilleres y autoridades eclesiásticas de la época. Falsificar una serie de firmas notariales y de personajes cuya existencia real en el siglo dieciséis está plenamente comprobada en otros archivos civiles es inviable.
No se necesita declarar falso el documento de 1556 para defender a la Virgen de Guadalupe. El documento es totalmente auténtico, y el hecho de que en el pleito se mencione al indio Marcos no prueba que él haya pintado la imagen del Tepeyac, sino que refleja las opiniones y tensiones políticas de los franciscanos contra el arzobispo Montúfar. Negar la validez de las fuentes por pura pasión o por defender una postura sin reflexionar en las Informaciones Jurídicas de 1666 es un error metodológico que la verdad histórica termina por derrumbar.
Efraín Francisco Bustamante
El análisis del documento de 1556 es clave. No se trata de declarar que un documento es fraudulento cuando no se tienen pruebas paleográficas de ello, sino de saber explicar e interpretar lo que realmente dice. Los investigadores que analizan esto con rigor, como Efraín Francisco Bustamante, permiten entender las tensiones de la época sin necesidad de inventar fraudes inexistentes.
En el documento se menciona al indio Marcos, y es muy razonable explicar su participación desde los agregados que sufrió la imagen original en el siglo dieciséis. Durante ese periodo se le añadió a la tilma una franja dorada para simular una corona, y se colocó un camote o refuerzo en toda la costura que, estéticamente, lucía defectuoso. Esta intervención sí es del siglo dieciséis, y es muy probable que el pintor indígena Marcos haya ayudado a colocar estos añadidos y retoques. De ahí surge la confusión de los franciscanos, quienes, por la tirria y la rivalidad política que tenían contra el arzobispo Alonso de Montúfar, usaron ese hecho para descalificar la imagen, tachándola como una simple obra de Marcos.
La Falacia de Extremadura y el Absurdo del “Templo de Lodo”
Los detractores repiten hasta el agotamiento que la imagen es una copia o fue traída de Extremadura, España, cayendo en contradicciones absurdas:
- La gran devoción hispana: Es innegable que el monasterio de Guadalupe en Extremadura es extraordinario, lleno de oro, plata y obras de Zurbarán, y que personajes como Hernán Cortés y la Reina Católica le tenían gran devoción.
- La pequeñez del Tepeyac: Si la imagen del Tepeyac fuera la gran devoción traída de España por los conquistadores, resulta inexplicable que le construyeran una ermita pequeñísima de seis por tres metros, hecha de piedra y lodo, de un solo nivel, en un terreno salitroso, húmedo y pedregoso que el Lago Salado de Texcoco inundaba con cada lluvia. No es una forma lógica de tratar a una gran devoción importada.
- La iconografía: Algunos confunden la imagen por el parecido en el coro, pero esto ocurre simplemente porque ambas representan una Inmaculada Concepción, una mujer vestida de sol, no porque exista un sincretismo o un invento fabricado a partir de deidades como Coatlicue o Tonantzin.
Mestizaje frente a la Teología de la Liberación
- Es fundamental aclarar que esta postura no va en contra de la Teología de la Liberación, la cual posee elementos sumamente enriquecedores. Lo que se debe precisar, con todo respeto, es que la Virgen de Guadalupe no es una mujer india o indígena.
- Sostener a la fuerza un rostro exclusivamente indio es limitar el mensaje. La Virgen de Guadalupe es mestiza. En su ser se unen lo indígena, lo español, lo árabe y lo judío por su nombre, e incluso lo chino, como se ve en su alcance global. Ella misma lo declara al decir que es la madre de todas las variadas estirpes y naciones, uniendo a todos en lugar de separar. Si se promueve como una devoción puramente indígena, en el resto del mundo se desentienden de ella, pero al ser mestiza, se convierte en la Madre de todos los pueblos.
El gran milagro guadalupano no fue solo la conversión indígena, sino también el milagro de la conversión de los españoles. Esto se constata precisamente en la Información de 1556 y en las crónicas de la época, donde se observa la inmensa devoción hispana. El oro y la plata que decoraban el santuario procedían de las aportaciones de los españoles, quienes controlaban esos recursos económicos. Incluso Bernal Díaz del Castillo, en su manuscrito original de la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España resguardado en Guatemala, ya daba testimonio en el siglo dieciséis de los múltiples milagros que realizaba la Virgen en el Tepeyac.
La Manipulación de David Brading y el Texto Completo de Miguel Sánchez
Uno de los ataques más comunes proviene de autores como el profesor inglés David Brading, de la Universidad Nacional Autónoma de México. En su libro, Brading cita de forma incompleta al bachiller Miguel Sánchez en su obra de 1648, Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, buscando demostrar que la historia fue un invento tardío.
Brading cita únicamente este fragmento de Miguel Sánchez:
“Determinado, gustoso y diligente, busqué papeles y escritos tocante a la santa imagen y su milagro, no los hallé, aunque recorrí los archivos donde podía guardarse, supe que por accidentes del tiempo y ocasiones se había perdido lo que hubo.”
A partir de esta línea, Brading concluye alegremente que Miguel Sánchez buscó y no encontró absolutamente nada, insinuando que todo fue una invención de su autoría.
Sin embargo, aplicando una lógica elemental, surge una reflexión inmediata, si Miguel Sánchez iba a inventar toda la historia desde cero, buscar papeles y archivos resulta un acto totalmente ocioso. Nadie busca con diligencia documentos de algo que planea inventar en ese momento.
La trampa metodológica de críticos como Brading queda al descubierto cuando se lee el texto completo de Miguel Sánchez, el cual se encuentra editado por historiadores como Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro. Inmediatamente después del párrafo que cita Brading, el texto de Miguel Sánchez continúa diciendo:
“… a la Providencia de la curiosidad de los antiguos, hallé unos…”
Miguel Sánchez nunca dijo que no encontró nada, dijo que no los halló en los archivos oficiales, pero que sí los encontró en los papeles resguardados por los antiguos, los cuales sirvieron de base histórica para su publicación. Ocultar la mitad de la cita para hacer parecer que no existían fuentes previas es una deshonestidad intelectual. Los documentos siempre han estado ahí, y cuando se estudian completos y sin pasiones, la verdad histórica del Tepeyac resplandece por sí misma.

