Módulo 4. 1 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.
Clase 09 – Enero– 2023

La Unción de San Bernardino
Un dato importante es que, en ocasiones, se presentan interpretaciones históricas inexactas. Por ejemplo, suele afirmarse que Juan Diego fue a buscar a un sacerdote para que administrara la Unción de los Enfermos a su tío Juan Bernardino. Sin embargo, en el Nican Mopohua no se habla de la unción, sino de prepararlo para una buena muerte, es decir, de recibir la absolución sacramental.
Esto tiene relevancia porque, históricamente, en aquella época no era habitual administrar los santos óleos a los indígenas, debido al elevado costo de transportarlos desde España hasta la Nueva España. En muchos casos se impartía únicamente la absolución. Por ello, cuando un historiador encuentra referencias a que un sacerdote acudía a asistir espiritualmente a un enfermo, no necesariamente debe interpretarlo como la administración de la Unción de los Enfermos.
Otro ejemplo aparece en la narración del momento en que Juan Diego muestra las flores al obispo. Luis Becerra Tanco relata que este simplemente le quitó la tilma del cuello. A partir de esa descripción, historiadores como Joaquín García Icazbalceta cuestionaron el relato, argumentando que, si realmente hubiera presenciado la impresión milagrosa de una imagen en la tilma, habría reaccionado con una emoción mucho más intensa. Edmundo O’Gorman también planteó observaciones similares.
- Sin embargo, el Nican Mopohua describe una escena diferente: el obispo se arrodilló, lloró, pidió perdón y manifestó una profunda conmoción ante lo sucedido. Es decir, algunos autores se basaron principalmente en la versión de Luis Becerra Tanco sin contrastarla adecuadamente con otras fuentes históricas. Por ello, no basta con apoyarse en un único documento; es necesario examinar todas las fuentes disponibles y comparar sus coincidencias y diferencias. Precisamente la falta de este ejercicio llevó a historiadores como García Icazbalceta a formular conclusiones que hoy pueden ser revisadas a la luz de un conjunto documental más amplio.
La discusión sobre el supuesto nombre indígena de la Virgen de Guadalupe.
Durante el siglo XX, algunos autores sostuvieron que su verdadero nombre no sería Guadalupe, sino una expresión indígena similar a “Coatlaxopeuh”. Esta idea tuvo gran difusión, especialmente a partir de los años setenta.
- No obstante, la documentación histórica presenta importantes dificultades para sostener esa hipótesis. Uno de los primeros en sugerir algo parecido fue Luis Becerra Tanco. Más tarde, Lorenzo Boturini, escribiendo alrededor de 1746, mencionó la posibilidad de una forma indígena semejante a “Quetzalalupe”, pero lo hizo precisamente influido por la obra de Becerra Tanco, es decir, más de un siglo después de los acontecimientos guadalupanos.
- Fuera de estos casos aislados, no existen testimonios tempranos que indiquen que la Virgen haya sido conocida originalmente por otro nombre distinto de Guadalupe. De hecho, la teoría volvió a cobrar fuerza recién en la década de 1970, cuando diversos autores retomaron esas antiguas especulaciones. Incluso investigadores serios como Mario Rojas se vieron afectados por la difusión de estas interpretaciones, a pesar de que habían realizado importantes trabajos documentales sobre el acontecimiento guadalupano.
- Mario Rojas también se vio influido por esta corriente que resurgió durante la década de 1970. Él mismo llegó a plantear que tal vez el nombre original no era Guadalupe, sino una forma semejante a “Quetzalalupe”. Incluso recuerdo haber consultado una de sus traducciones donde aparecía esa variante. Cuando se le cuestionó por qué modificaba el texto si el Nican Mopohua dice claramente “Guadalupe”, respondió que había escuchado esa interpretación a partir de ciertos estudios lingüísticos y tradiciones orales.
- Lo mismo ocurre con algunas interpretaciones populares sobre la imagen de la Virgen de Guadalupe. Con frecuencia se escucha afirmar que el ángel porta los colores verde, blanco y rojo de la bandera nacional y que estos representan la fe, la esperanza y la caridad. Es una explicación atractiva, pero cuando se examinan las fuentes históricas y la propia imagen, surgen dificultades.
- Quienes han estudiado de cerca la tilma señalan que los colores son azul, blanco y rojo, no verde, blanco y rojo. Además, las fuentes históricas no relacionan esos colores con las virtudes teologales. Más bien, dentro de la cosmovisión indígena, se los ha asociado con los cuatro rumbos del universo: negro para el norte, azul para el sur, blanco para el oeste y rojo para el este.
- Esto muestra la necesidad de actuar con prudencia al interpretar la imagen guadalupana. A veces una explicación resulta atractiva, parece encajar bien o incluso es difundida por personas con gran autoridad; sin embargo, eso no la convierte automáticamente en correcta. Lo importante es preguntarse siempre qué dicen las fuentes.
- Autores como Alfredo López Austin, sobre el concepto de Tamoanchan. Según algunas interpretaciones, este lugar mítico puede entenderse como la tierra de las flores, un espacio paradisíaco vinculado al origen y al destino de la humanidad dentro de la tradición indígena.
- Lo que llama la atención es que ciertas descripciones de Tamoanchan parecen guardar paralelos con expresiones presentes en el relato guadalupano. Cuando Juan Diego llega al Tepeyac transformado en un lugar extraordinario, exclama: “¿Acaso no estoy en la tierra de las flores?”. Esta coincidencia conceptual invita a profundizar en el estudio y a comparar distintas fuentes para comprender mejor su significado.
- Sin embargo, una coincidencia no constituye una prueba definitiva. Por ello es necesario revisar otros autores, contrastar interpretaciones y verificar si estas relaciones aparecen también en estudios de especialistas como Alfredo López Austin, Eduardo Matos Moctezuma, Miguel León-Portilla y otros investigadores del pensamiento náhuatl.
Su nombre es Santa María de Guadalupe, y es importante insistir en ello porque a quien está exaltando es a Jesús.
El mensaje cristocéntrico de la Virgen de Guadalupe
- En el Cerro del Tepeyac, la imagen de la Virgen de Guadalupe representa a una mujer embarazada, es decir, en cinta. El centro de su Inmaculado vientre, y de toda la imagen, es Jesús.
- En primer lugar, cuando ella le da su mensaje a Juan Diego, manifiesta su profundo deseo de tener una casita sagrada para ensalzarlo, ofrecerlo y manifestarlo a Él. Lo que ella quiere es ofrecer su amor persona, es decir, su imagen y su mensaje, cuyo centro es Jesús. Esa casita sagrada que tanto anhela tiene como eje a Jesús, pues no debemos olvidar que ella es madre de la Iglesia. Su casita sagrada, igual que su imagen, tiene a Jesús en el centro.
- María, la elegida por Dios, de origen judío, significa la iluminadora, la más hermosa. Si ella es la iluminadora, cabe preguntarse quién es la luz por la cual ilumina, y la respuesta es Jesús, la luz por antonomasia, como también lo expresaba el Papa Benedicto XVI. Por lo tanto, al ser la iluminadora, está exaltando a Jesús, quien es la luz. Guadalupe significa el cauce del río, ella no es el agua, sino la que conduce y lleva el agua, y el agua viva es Jesús. Así, su nombre, Santa María de Guadalupe, es de ella, pero a quien exalta es a Jesús.
- La Virgen de Guadalupe es una maravilla porque siempre nos lleva a Jesús, personificando lo que dice la Sagrada Escritura en las bodas de Caná, hagan todo lo que Él les diga. Esa voz que escuchan los sirvientes es la de ella, pero los conduce a Él. María de Guadalupe representa la perfección de la Sagrada Escritura en ese sentido.
- Para la mentalidad judía, dar el nombre significa la manifestación y la entrega del propio ser. Ella entregó su nombre al anciano, pero también entregó su imagen en la tilma de Juan Diego, la cual representa la continuidad de la persona del laico. De este modo, ella se entrega a través del laico al obispo, pero al entregarse, ofrece a Jesús como el centro de todo.
No hay que confundirse, ella no es Dios, ni es Jesús, ella es María, la madre de Jesús. Por eso su nombre es tan importante, porque al decir Santa María de Guadalupe, se entrega a sí misma y, al mismo tiempo, entrega a Jesús. Por esta razón, no tiene sentido que la gente se confunda pensando si debe rezarle a María de Guadalupe o a Jesús, o debatiendo quién es más poderoso. Jesús se encarnó a través de María, y al rezarle a ella en esta advocación, se le rezando al Niño que trae en su Inmaculado vientre. Al escuchar nuestras oraciones, ella bien podría decirnos que apenas llegó la petición a sus oídos, el niño saltó de gozo.
Haciendo una analogía, cuando uno entra a una iglesia católica, ve el Sagrario y reza hacia él porque Jesús está dentro, de igual manera, Guadalupe es como un sagrario vivo. Ella le dijo sí al Señor para ser su madre, pero también en la cruz le dijo sí para ser la madre de todos nosotros, cuando Jesús le dijo, mujer, ahí está tu hijo, e hijo, ahí está tu madre.
- La Iglesia no se puede manifestar de una manera tan tierna y llena de amor como en María, quien resulta ser la primera iglesia y el primer santuario, el tabernáculo inmaculado donde está Jesús. Ella es madre de la Iglesia y pide una casita sagrada para manifestar a su amor persona, que es Jesús, dando como testimonio a la Iglesia misma. Cada signo y cada palabra de la Virgen de Guadalupe es impactante. Al leer el Nican Mopohua, uno puede pasar por alto las palabras de Juan Diego cuando pregunta dónde está o si acaso se ve ahí, pensando que solo vio algo transformado y bonito. Sin embargo, al profundizar en la mentalidad indígena, resulta asombroso notar cómo sus palabras reflejan la duda de estar en la tierra de las flores, conectando perfectamente con todo el sentido sagrado del acontecimiento.
El Tepeyac como Eje del Cielo y de la Tierra
Para los mexicas, la geografía no era solo tierra, era un mapa espiritual, una “tierra prometida” o un espacio de manifestación sagrada.
- Cerro Punta y Cerro Corazón: Tu intuición geográfica es exacta, pero la dimensión espiritual la eleva. Físicamente, el Tepeyac era la última punta de la cadena montañosa de Guadalupe que se introducía en el Lago de Texcoco. Pero para el indígena, la “punta” es la cumbre, el punto de contacto donde la tierra toca el cielo, el axis mundi (el eje del mundo).
- La Piedra Sagrada: En la mentalidad prehispánica, los cerros eran altepetl (literalmente “agua-montaña”), lugares sagrados donde residía el corazón de la vida y el sustento. Que el Tepeyac sea el “Cerro Corazón” significa que es el centro vital, el lugar de origen. Al presentarse la Virgen ahí, no está eligiendo un lugar al azar, está consagrando el “corazón” de su mundo para transformarlo en el nuevo santuario del Dios verdadero.
- La Tierra de las Flores (Xochitlalpan): Cuando Juan Diego pregunta en el Nican Mopohua si acaso está en la “tierra de las flores” o en la “tierra de nuestro sustento”, está usando conceptos que para los indígenas significaban el Tlalocan o el Mictlan benévolo, es decir, el paraíso, su propia noción de “tierra prometida”. La Virgen convierte un cerro árido en ese paraíso a través de las rosas.
La “Debilidad Omnipotente” y el Rostro de los Padres
“La debilidad omnipotente del Amor divino” dice el Papa
- La paradoja del amor: Es una contradicción hermosa porque el poder del mundo se manifiesta en la fuerza, el control, el dinero o la “dureza de la ley”. Dios, en cambio, decide manifestar su omnipotencia desarmándose, haciéndose un niño en el vientre de una mujer, dejándose clavar en una cruz. Su mayor poder es la capacidad de ser vulnerable por amor.
- El rostro que se ilumina: Tu analogía con los padres es perfecta. El rostro del trabajo o de los negocios es rígido, evalúa con la “ley” del rendimiento. Pero cuando un padre o una madre habla de su hijo, la mirada cambia, se ablanda, se ilumina. Esa es la mirada misericordiosa de María y, a través de ella, la de Dios. Un padre siempre busca la comprensión antes que el juicio. Si Dios nos juzgara con la fría dureza de la ley, estaríamos perdidos, pero nos mira con “la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia”.
- Jesús como la mirada de María: Como bien dices, cuando ella pide la casita sagrada para ofrecer su “amor persona”, está diciendo que su mirada es misericordiosa porque refleja a Jesús. Él es su auxilio, su salvación y el origen de esa ternura que doblega los corazones sin romperlos.
El Encuentro: De la Esterilidad a la Fecundidad
Al final mencionas el pasaje de la Visitación, que conecta perfectamente con el misterio de Guadalupe:
“Junto a Isabel, la mujer estéril, contemplamos a María, la mujer fecunda asombrada.”
- El salto de gozo: María, apenas sabe que está embarazada, no se queda estática; se pone en camino a prisa a servir a su prima Isabel. Isabel representa al Antiguo Testamento, la esterilidad de una humanidad que esperaba la salvación y no podía dar vida por sí sola. María representa la Iglesia fecunda, el Nuevo Testamento.
- La primera en bendecir: Isabel es la primera criatura humana en reconocer el misterio. Al escuchar el saludo de María, el niño (San Juan Bautista) salta de gozo en su vientre. Es exactamente lo que decías antes: cuando le rezamos a María de Guadalupe, le estamos rezando al Sagrario Vivo. Jesús salta de gozo en su interior porque sabe que sus hijos están buscando a su Madre.

El Abrazo de la Humildad y la Danza del Arca Viviente
- El encuentro entre María e Isabel es, en esencia, el abrazo de la humildad, una virtud indispensable porque Dios jamás se encuentra con el ser humano si no es en un ambiente humilde. En la soberbia no hay espacio para Dios, pues el soberbio se coloca a sí mismo en el centro de su corazón, ocupando el lugar de la divinidad.
- La humildad de Isabel es tan profunda que se manifiesta en su célebre saludo, ¿quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Una pariente cercana, sin esa rectitud de corazón, habría caído fácilmente en la envidia, la competencia estéril o el reproche de por qué Dios no la eligió a ella en lugar de a su prima. La soberbia solo produce frutos espinosos y tierras salitrosas, pero la humildad florece.
Al escuchar el saludo de María, el niño en el vientre de Isabel saltó, brincó o, mejor dicho, danzó de gusto. Esta expresión nos remite directamente al rey David danzando con júbilo al recibir el Arca de la Alianza. En ese instante, María es el Arca Viviente de la Alianza, una alianza que no es ella misma, sino Jesús en su vientre.
Este misterio se extiende en una cadena perfecta de humildad que entrelaza cuatro vidas:
- Isabel, la prima humilde que se reconoce indigna de la visita.
- Juan el Bautista, quien desde el vientre danza ante su Señor y que más tarde afirmará con total desapego que él no es El Mesías ni es digno de desatar la correa de sus sandalias.
- María, la niña de Nazaret que se proclama la esclava del Señor y canta que Dios ha mirado la humillación de su sierva.
- Jesús, la humildad por excelencia, quien desde la cruz exclamará, Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
El Tepeyac como Tierra Santa y el Tamoanchan
Esta misma realidad del vientre materno redefine lo que verdaderamente sucedió en el Tepeyac. Santa María de Guadalupe no vino sola, vino tal como fue a visitar a Isabel, con Jesús en su Inmaculado vientre. Siendo más exactos, quien vino al Tepeyac fue Jesús a través de María.
Después de su Encarnación, su nacimiento en Belén y su crecimiento en Nazaret, Jesús se hace presente en América de una forma única a través de su Madre. Por esta razón, el Tepeyac se convierte en Tierra Santa, no por María en sí misma, sino por Jesús en María.
Para los pueblos originarios, el Tepeyac se transformó en el Tamoanchan, el lugar de origen, el paraíso terrenal tan anhelado por el corazón humano. Es un misterio que no se puede descifrar sin la fe y sin esa intuición profunda que conecta de corazón a corazón. Por eso millones de peregrinos acuden ahí, porque en ese encuentro ven satisfecho el anhelo más íntimo de su ser.
- La Virgen de Guadalupe trajo la luz total a los indígenas porque su mensaje encajó perfectamente con los valores más altos de su cultura. En la educación prehispánica, la humildad era una de las virtudes más estimadas de la sociedad, un rasgo que Juan Diego ya poseía de manera natural antes de su bautismo.
- Los indígenas aspiraban a tener un “corazón endiosado” (yolloteotl), lo cual no significaba creerse Dios por soberbia, sino todo lo contrario, significaba tener un corazón completamente lleno de Dios, vacío de egoísmo.
- Al asumir este contexto, las palabras del Papa Francisco en su homilía cobran un sentido deslumbrante al invitarnos a ser una Iglesia con rostro mestizo, indígena, campesino y pobre, donde nadie se sienta estéril, avergonzado o poca cosa, sino portador de una promesa que nos permite clamar Abba, Padre.
La Virgen de Guadalupe no es indígena, ni europea, ni asiática, ni africana, ella es mestiza.
El mestizaje de su piel es la creación de la unidad y de la universalidad. Su rostro moreno no es solo un detalle estético, es el núcleo de su mirada. Ella nos mira como la madre de todos los seres humanos, tal como se lo expresó a Juan Diego al decirle que es la madre de todos los que viven en estas tierras y de las más variadas estirpes y naciones.
El Misterio de la Libertad Humana
Finalmente, en este diálogo de amor, la Virgen establece una condición divina, la libertad. El amor no puede imponerse, para que funcione, debe respetar la voluntad humana. Dios ya nos ha elegido para la vida y para la santidad, pero falta nuestra respuesta libre.
Ella misma lo expresa con precisión en sus palabras, “los que me amen, los que me busquen, los que confíen en mí”. Está apelando directamente a nuestra libertad. Si no existe esa búsqueda sincera, si no hay confianza ni amor, no hay nada que hacer, aunque ella sea nuestra madre. Por eso existen personas para quienes la Virgen no significa nada o incluso se manifiestan en su contra, porque ella jamás forzará la entrada. El misterio de Guadalupe, al igual que el misterio de la Encarnación, solo puede obrar y dar frutos en la tierra fértil de un corazón que, con total libertad y profunda humildad, decide abrirle las puertas.
FUENTES
- Chávez, E. (2022, 09 de enero). Módulo 4.1. Diplomado: La Verdad de Guadalupe [Material de diplomado]. Instituto Guadalupano.

