Módulo 5. 1 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.
Clase 13 de Marzo 2023
Dictada por el Padre Eduardo Chavéz
Autores que cuestionan el acontecimiento guadalupano.
- En 1953 aparecen nuevos autores que vuelven sobre las mismas posturas ya conocidas. Todo comienza en el siglo XVII, dejando de lado deliberadamente la documentación del siglo XVI. No se puede negar el Nican Mopohua, pero ellos sostienen que todo habría sido una invención de Miguel Sánchez en 1648, argumento que ya había sido respondido anteriormente.
- Callahan y Smith publican un libro que muchos presentan como un estudio realizado por especialistas de la NASA. Sin embargo, al revisar cuidadosamente la forma en que realizaron sus investigaciones, queda claro que su metodología dista mucho de ser profesional. Ellos mismos indican cómo deberían hacerse las fotografías de la imagen de la Virgen de Guadalupe, pero nunca siguen sus propios criterios. Todas las fotografías fueron tomadas a pulso, sin tripié y enfocando prácticamente por aproximación. Aunque utilizan un lenguaje muy técnico para describir lentes, diafragmas y procedimientos fotográficos, la manera en que trabajaron deja mucho que desear.
- La principal hipótesis de Callahan y Smith consiste en afirmar que fueron añadidos posteriormente el ángel, la luna, el sol y las estrellas. Sin embargo, esta teoría queda completamente descartada cuando se estudian los testimonios del siglo XVI. Ya existen descripciones antiguas que mencionan todos esos elementos.
- La pintura de Baltasar de Chávez de 1606 representa exactamente los mismos elementos que ellos aseguran fueron agregados después de la inundación de la Ciudad de México de 1629. Si todos esos elementos aparecen claramente representados en una obra de 1606, resulta imposible sostener que fueron añadidos veinte años después.
- Los propios detalles materiales de la tilma ayudan a descartar esta teoría. Los dedos del ángel rodean la orla dorada del manto y pueden apreciarse incluso por el reverso de la tela. Si el ángel hubiera sido añadido posteriormente, habría sido necesario perforar previamente la tilma para introducir esos dedos, algo completamente absurdo. Todo indica que el conjunto forma parte de la imagen original.
- La segunda parte del libro de Callahan y Smith resulta mucho más seria y contiene observaciones acertadas. Es necesario distinguir claramente entre añadidos y retoques. No existen añadidos del ángel, la luna, el sol o las estrellas. Lo que sí existen son retoques realizados durante el siglo XVI con la finalidad de embellecer la imagen. Francisco de Florencia ya menciona estas intervenciones.
- Entre ellas se encuentran algunos parches colocados sobre la costura de la tilma, algunos adornos y modificaciones menores realizadas por manos atrevidas, expresión utilizada en las Informaciones de 1666 y retomada posteriormente por Bartolache. Nunca se identifica quién realizó esos retoques, pero todos reconocen que son intervenciones posteriores sobre una imagen considerada milagrosa.
- Mario Rojas introduce otras interpretaciones que no pueden sostenerse documentalmente. Afirma que la Virgen llevaba anillos, aretes y otros adornos que actualmente ya no serían visibles. También interpreta que las manos unidas representan la unión entre las razas y que su forma simboliza una casa indígena. Estas interpretaciones resultan poéticas, pero no encuentran respaldo en los códices indígenas. Las casas representadas en los códices poseen azoteas y una iconografía completamente distinta. Mientras no exista un códice que confirme esa interpretación, permanece únicamente como una hipótesis.
Edmundo O’Gorman.
- En 1986 aparece la obra de Edmundo O’Gorman. Su primer capítulo se encuentra construido casi exclusivamente sobre suposiciones. Plantea que la ermita habría sido construida originalmente por los franciscanos con una imagen cualquiera de María y que posteriormente el obispo habría colocado la advocación de Guadalupe.
- Esta hipótesis contradice directamente el documento de 1556. En él son precisamente los franciscanos quienes manifiestan su inconformidad con las peregrinaciones a la ermita y expresan. Pues ya que el ilustrísimo señor arzobispo quisiese que por devoción se fuese a aquella ermita, había de mandar que no se llamase de Guadalupe sino de Tepeaquilla o Cuautepec. Si los propios franciscanos hubieran construido la ermita, ese habría sido el momento adecuado para afirmarlo. Sin embargo, nunca hacen semejante declaración.
- O’Gorman carece de documentación contemporánea que sustente sus afirmaciones. Se construye sobre hipótesis que posteriormente presenta como si ya hubieran quedado demostradas. Incluso sostiene que el Nican Mopohua sería de 1556, postura seguida también por Miguel León Portilla. Sin embargo, la documentación apunta hacia una fecha mucho más antigua, alrededor de 1545 o 1546, pues ya aparece mencionado fray Juan de Zumárraga como el recién electo. Incluso Miguel León Portilla traduce correctamente esa expresión como recién electo, aunque después acepta una cronología distinta.
Richard Nebel.
- En 1992 Richard Nebel desarrolla la teoría de que el acontecimiento guadalupano constituye una continuación del culto a Coatlicue. Esta propuesta resulta incompatible con toda la documentación histórica del siglo XVI.
- Ningún documento misionero presenta las antiguas idolatrías como continuidad del cristianismo. Todos describen una lucha frontal contra la idolatría y contra el demonio. Tanto los misioneros como muchos españoles entendían su misión como un combate espiritual.
- La colocación de imágenes cristianas en antiguos lugares indígenas nunca significó continuidad religiosa. Precisamente buscaba sustituir el antiguo culto mediante la presencia de Cristo y de la Virgen María. Pensar que la Iglesia habría utilizado deliberadamente al príncipe de la mentira para introducir la verdad cristiana resulta completamente contradictorio.
Sacerdote crítico de 1995.
En 1995 un sacerdote publica la expresión. Qué es México para pensar que aquí se apareció la Madre de Dios. Aunque la frase suele utilizarse para desacreditar el acontecimiento guadalupano, en realidad puede responderse desde la misma espiritualidad de Juan Diego. Efectivamente, nadie merece semejante gracia. Precisamente por eso el acontecimiento constituye un don gratuito de Dios. La humildad de Juan Diego coincide plenamente con esta respuesta.
David Brading.
- En 2001 David Brading publica La Virgen de Guadalupe. Imagen y tradición. Retoma prácticamente las mismas tesis desarrolladas por Jacques Lafaye. Sostiene nuevamente que todo habría comenzado con Miguel Sánchez en 1648 y minimiza por completo el valor de las Informaciones Jurídicas de 1666. Precisamente ese mismo año fueron localizados los originales de dichas Informaciones. Su existencia obligaba a revisar muchas afirmaciones anteriores. Guillermo Schulenburg llegó a afirmar personalmente que, de haber sabido dónde se encontraban esos documentos, los habría quemado. Frente a esa realidad, la única alternativa consistía en restarles importancia.
- Las Informaciones de 1666 poseen un enorme valor histórico. Recogen numerosos testimonios indígenas y españoles bajo juramento. Miguel León Portilla mismo reconoce que los indígenas no tenían motivo para inventar aquellos relatos. Lo mismo puede decirse de los sacerdotes españoles, quienes declaraban bajo juramento y coincidían sustancialmente con los testimonios indígenas. Existe además un testimonio especialmente significativo. Luis Becerra Tanco entrega espontáneamente su propia relación escrita sin limitarse al cuestionario oficial y coincide ampliamente con el resto de los declarantes. Su obra sería publicada más tarde por Antonio de Gama con el título Felicidad de México.
- Las Informaciones también incluyen los dictámenes de pintores, médicos y químicos que examinaron la imagen. Todos manifiestan su sorpresa ante características que no logran explicar mediante procedimientos ordinarios.
Manuel Olimón.
En 2002 Manuel Olimón publica Buscando a Juan Diego. Su obra exalta constantemente las posiciones contrarias al acontecimiento guadalupano y minimiza sistemáticamente todos los argumentos favorables. Aunque fue investigador de la Basílica, su interpretación responde principalmente a conflictos personales surgidos durante la administración del cardenal Norberto Rivera y de monseñor Ernesto de la Torre Villar. Su libro carece del equilibrio necesario para presentarse como un estudio científico.
Leoncio Garza Valdés.
- Leoncio Garza Valdés recibe autorización para fotografiar la imagen gracias a monseñor José Luis Guerrero y a Faustino Cervantes. Posteriormente también trabaja con la Sábana Santa de Turín.
- A partir de manipulaciones digitales realizadas por un fotógrafo que trabajaba con él, sostiene que la tilma contiene tres imágenes superpuestas. Una pintura procedente de Extremadura. Una representación de Coatlicue. Y finalmente la imagen actual de la Virgen de Guadalupe.
- La hipótesis resulta insostenible. El reverso de la tilma no presenta ningún empalme compatible con varias pinturas superpuestas. Posteriormente el propio fotógrafo envía una carta explicando que únicamente había manipulado digitalmente las fotografías como parte de un ejercicio solicitado por Garza Valdés y que nunca imaginó que esas imágenes serían utilizadas como prueba científica. Incluso aclara expresamente que no era católico sino luterano y precisamente por eso deseaba decir toda la verdad.
- Garza Valdés publica su libro con el título Quinientos años de engaño en el Tepeyac. Su obra, junto con la de David Brading, circuló ampliamente entre diversos cardenales durante el proceso de canonización de san Juan Diego.
- Durante una conferencia en Turín llegó incluso a afirmar que la Virgen María era hermafrodita y se había autofecundado. Estas declaraciones provocaron una fuerte reacción entre los organizadores y dejaron claro que su objetivo consistía tanto en desacreditar la imagen guadalupana como la Sábana Santa.
Sobre el diálogo con estos autores.
Siempre existe disposición para dialogar con cualquiera que busque sinceramente la verdad. Sin embargo, cuando una investigación parte deliberadamente de manipulaciones, omisiones o suposiciones sin fundamento documental, el diálogo deja de ser un auténtico ejercicio académico. Lo importante no es simplemente debatir, sino compartir el mismo propósito de descubrir la verdad histórica.
Miguel Sánchez y los testimonios del siglo XVII.

El libro Imagen de la Virgen María, Madre de Dios de Guadalupe, publicado por Miguel Sánchez en 1648, recibió la aprobación de personas profundamente conocedoras del tema. Entre ellas destacan el doctor Juan de Poblete y fray Pedro de Rosas.
Juan de Poblete afirma que, después de ciento dieciséis años, el autor recoge una tradición ya existente. Al hablar de ciento dieciséis años está remitiendo directamente a 1531. Deja claro que Miguel Sánchez no inventó el acontecimiento, sino que reunió testimonios verídicos y tradiciones antiguas del hecho.
El propio Miguel Sánchez explica el método seguido para escribir su obra. Revisa documentos antiguos. Confronta las crónicas de la conquista. Consulta personas ancianas y fidedignas. Busca los antiguos papeles conservados por sus propietarios. Reúne una tradición uniforme y general. Nunca afirma haber inventado la historia.
Fray Pedro de Rosas declara igualmente que toda la Nueva España debe agradecer que, después de ciento dieciséis años, Miguel Sánchez haya puesto por escrito aquello que hasta entonces se conservaba principalmente por tradición, aportando autoridad y fundamento.

Testimonio de Miguel Sánchez en las Informaciones Jurídicas de 1666.
Miguel Sánchez nació en 1594 y declara en las Informaciones Jurídicas de 1666.
Ha oído desde hace más de cincuenta años a numerosas personas de calidad, nobleza y letras hablar sobre la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe.
Desde su infancia conocía perfectamente el cerro del Tepeyac y sabía que era un lugar árido donde solamente crecían mezquites, espinas y abrojos. Precisamente por eso resultaba extraordinaria la presencia de las flores mencionadas en la tradición.
Aprendió la historia por personas antiguas que conservaban esa memoria y posteriormente investigó diligentemente todas las noticias disponibles para redactar su libro.
Explica además que Juan Diego fue reconocido siempre como un hombre profundamente cristiano, temeroso de Dios y de vida ejemplar. Desde que la imagen fue colocada en la ermita permaneció sirviéndola hasta el final de su vida, dejando fama constante de virtud y santidad. Este retrato coincide plenamente con la descripción conservada en el Nican Mopohua.


