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Video #2 “Las Claves más Importantes del Acontecimiento Guadalupano” por M. Emilia Zuchelli

El padre Eduardo Chávez continúa profundizando en una de las claves fundamentales para comprender el acontecimiento guadalupano que comenzó desarrollando en el primer video: el papel central de fray Juan de Zumárraga.

Por ejemplo, cuando la Virgen elige a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, un laico humilde y sencillo, lo hace como un mensajero destinado al obispo, porque él tenía la autoridad para aprobar la construcción de la casita sagrada solicitada por la Virgen.

Por eso, en cada encuentro, la Virgen insiste en que Juan Diego transmita el mensaje al obispo. Fue precisamente Zumárraga quien había pedido la intervención divina ante la situación desesperada que vivía la Nueva España. También fue él quien solicitó una señal para creer en el mensaje, y la Virgen respondió otorgándole la gran señal: su propia imagen impresa milagrosamente en la tilma de Juan Diego.

El papel de Zumárraga en las apariciones

El padre Chávez explica que el obispo jamás trató mal al vidente indígena. Quienes realmente lo hicieron fueron sus criados, que repetidamente le impedían el acceso al obispo, lo dejaban esperando fuera de la residencia episcopal y terminaron desacreditando.

Cuando los criados perdieron de vista a Juan Diego durante una de sus visitas al Tepeyac, regresaron ante el obispo y afirmaron falsamente que aquel indígena mentía. Fueron ellos quienes comenzaron a sembrar dudas sobre su testimonio.

Paradójicamente, esos mismos criados terminaron convirtiéndose en testigos de la verdad.

Uno de ellos intentó tomar las flores que Juan Diego llevaba como señal para el obispo. Lo intentó tres veces, pero no pudo hacerlo. Según la interpretación del padre Chávez, aquello simboliza que quien vive en la mentira no puede apropiarse de la verdad de Dios.

Finalmente, fueron esos mismos criados quienes avisaron al obispo de que Juan Diego había regresado con la señal prometida. También estuvieron presentes cuando ocurrió la impresión milagrosa de la imagen en la tilma y, posteriormente, acompañaron a Juan Diego a visitar a su tío Juan Bernardino, convirtiéndose así en testigos de su curación.

La carta de 1529: una radiografía de la crisis

Para comprender el contexto previo a las apariciones, el padre Chávez vuelve a referirse a la célebre carta que fray Juan de Zumárraga envió al rey el 27 de agosto de 1529.

El documento, conservado en el Archivo General de Indias y conocido también a través de diversas copias históricas, describe la dramática situación que vivían los pueblos indígenas bajo los abusos de la Primera Audiencia.

Zumárraga escribe:

“Ha sucedido tanto daño en la provincia y admiración y temor en los indios naturales de ella, que han propuesto y tomado por mejor remedio despoblar sus casas e irse a los montes, y que ninguno tenga participación con su mujer para no hacer generación que a sus ojos hagan esclavos.”

La situación era tan desesperada que muchos indígenas preferían abandonar sus comunidades, evitar tener hijos e incluso recurrir a prácticas extremas antes que condenar a las nuevas generaciones a la esclavitud.

En otro pasaje, Zumárraga relata cómo hombres, mujeres embarazadas y niños eran obligados a realizar trabajos excesivos y agotadores, hasta el punto de provocar numerosas muertes. 

Obstáculos para la evangelización

Otro aspecto que destaca la carta es la enorme dificultad que encontraban los misioneros para evangelizar.

Zumárraga solicita al rey que ordene nuevamente a los religiosos continuar trabajando por la conversión de los indígenas, porque se encontraban confundidos y desanimados. 

Según denuncia, las autoridades civiles ordenaban expresamente a los indígenas que no obedecieran a los frailes. Incluso señala que algunos de esos colaboradores eran golpeados y maltratados cuando intentaban enseñar la doctrina cristiana.

El temor a una rebelión indígena

Zumárraga también expresa su preocupación por una posible sublevación indígena provocada por las continuas injusticias. Relata que había recibido informes de fray Martín de Valencia y de otros misioneros según los cuales muchos indígenas se encontraban al borde de la desesperación. 

Desde la perspectiva de los misioneros, el demonio mantenía todavía una fuerte influencia sobre aquellas tierras mediante las antiguas prácticas religiosas, y una rebelión podía comprometer seriamente la obra evangelizadora y provocaría la pérdida de la Nueva España.

Por ello, Zumárraga concluye su carta implorando al rey que intervenga urgentemente:

“Por reverencia de Dios, vuestra majestad lo remedie.”

¿Por qué Zumárraga no escribió sobre Guadalupe?

El padre Chávez aborda entonces una de las objeciones más frecuentes contra la historicidad de las apariciones: la ausencia de escritos directos de Zumárraga sobre el acontecimiento guadalupano.

Durante años, Zumárraga fue objeto de numerosas acusaciones por parte de sus enemigos, especialmente de los miembros de la Primera Audiencia. Algunos intentaron presentarlo ante la Corona como un hombre incapaz o desequilibrado.

En ese contexto, ¿qué habría ocurrido si el obispo hubiera escrito oficialmente al emperador afirmando que una Virgen se había aparecido a un indígena recién convertido, que apenas comenzaba su formación cristiana, y que él había decidido creerle?

El padre Chávez invita a imaginar una situación semejante en la actualidad: una persona asegura que la Virgen le habla y pide transmitir un mensaje. Lo primero que muchos pensarían sería que se trata de una ilusión o de un engaño.

Si Zumárraga hubiera presentado el acontecimiento de esa manera ante la Corona, sus enemigos habrían aprovechado la ocasión para desacreditarlo aún más.

Por esta razón, Chávez considera que el obispo actuó con prudencia. Solicitó una señal, la recibió y, una vez convencido de su autenticidad, cumplió fielmente lo que la Virgen le había pedido.

El verdadero testimonio de Zumárraga

Aunque no dejó una narración escrita de las apariciones, el padre Chávez sostiene que Zumárraga sí dejó un testimonio mucho más importante: su aprobación oficial de la construcción de la primera ermita en el Tepeyac.

Sólo él tenía autoridad para autorizar aquella obra.

Por eso afirma que el verdadero “sí” de Zumárraga quedó grabado en los cimientos de la primera casita sagrada levantada en el lugar de las apariciones.

La transformación después de Guadalupe

Finalmente, el padre Chávez presenta una carta escrita por Zumárraga al emperador Carlos V en 1539, diez años después de aquella dramática súplica de 1529.

En este nuevo documento, conservado en el Archivo General de Indias, el obispo escribe:

“Quizás quiere y ha ordenado Dios que de acá la dicha universal reformación se haya de comenzar.”

La diferencia resulta sorprendente. En 1529 había afirmado que la tierra estaba a punto de perderse totalmente si Dios no intervenía. Diez años más tarde, sostiene que desde aquellas mismas tierras podría comenzar una renovación universal.

Para el padre Chávez, la explicación es clara: había ocurrido el acontecimiento guadalupano. La conversión masiva de millones de indígenas y la profunda transformación espiritual de la Nueva España cambiaron radicalmente la situación.

Desde entonces, la devoción a la Virgen de Guadalupe se extendió mucho más allá de México, alcanzando toda América y posteriormente numerosas regiones del mundo.

Por ello, concluye que Dios escuchó la oración de intercesión de fray Juan de Zumárraga y respondió enviando a su propia Madre, discípula y misionera de Cristo, para derramar su misericordia sobre estas tierras.

Así, aunque Zumárraga no haya dejado un relato explícito de las apariciones, su actuación, sus decisiones y sus escritos posteriores constituyen, según el padre Chávez, una confirmación elocuente de la profunda transformación que siguió al acontecimiento guadalupano.

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