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Video “¿La LUNA, el ÁNGEL y los RAYOS son añadidos?”, apunte por M. Emilia Zuchelli

En este video, el padre Eduardo Chávez comienza presentando a la Virgen de Guadalupe como una verdadera teofanía y una mariofanía, porque es una manifestación de María pero ante todo una manifestación de Dios. Es en su inmaculado vientre que trae a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Es la presencia de Jesús a través de María.

Y eso es precisamente lo extraordinario del acontecimiento del Tepeyac: no solamente apareció la Virgen Santísima de Guadalupe, sino que se manifestó Jesucristo a través de ella.

Todo esto responde al clamor que elevó fray Juan de Zumárraga en 1529 cuando dijo «Si Dios no provee con remedio de su mano, está la tierra en punto de perderse totalmente».

La Virgen de Guadalupe es una manifestación de la salvación para todo el mundo. Por eso la Virgen de Guadalupe le dice a Juan Diego «Soy tu madre, la madre de todos aquellos que en esta tierra están en uno y de las demás variadas estirpes y naciones; de los que me amen, los que me busquen, los que a mí clamen y los que confíen en mí».

En el Documento de Aparecida, elaborado por los obispos latinoamericanos y presentado en presencia del papa Benedicto XVI, se afirma que el Pentecostés de nuestro continente fue presidido por Santa María de Guadalupe junto al humilde Juan Diego.

Además, Chávez dice que también podemos hablar de una «eclesiofanía» (palabra inventada por él), es decir, una manifestación de la Iglesia. La Virgen quiere una casita sagrada «para manifestar, ensalzar y ofrecer» su amor. Allí se manifiesta la Iglesia en la humildad, la sencillez, la fraternidad y la comunión. Se manifiesta como la familia de Dios. Si ella es madre de toda la humanidad, entonces todos somos hermanos.

Preguntas sobre la tilma y su interpretación

El padre Chávez nos aclara algo que es muy importante:

“A veces, por el deseo de encontrar nuevos significados en la imagen, algunas personas llegan a ver elementos que realmente no están allí. Debemos ser muy prudentes. Por ejemplo, algunos creen descubrir palabras o mensajes ocultos formados por luces, sombras o pliegues de la tela. Personalmente, considero que hay que tener mucho cuidado con este tipo de interpretaciones.”

Entonces es fundamental actuar con rigor y no dejarse llevar únicamente por la imaginación o el entusiasmo. Además, para comprender correctamente lo que expresa la Virgen de Guadalupe a través de los distintos símbolos presentes en la imagen, es necesario conocer profundamente la filosofía nahua, especialmente su dimensión religiosa. También es indispensable estudiar la literatura indígena, su manera de expresar conceptos y su lenguaje simbólico.

Nada se puede analizar sin fuentes ni pruebas. Por ello se necesita mucho estudio, prudencia y profundidad. Cuando se trabaja con documentos históricos, no basta con estudiar una sola fuente; es necesario realizar una convergencia de fuentes y establecer comparaciones rigurosas.

Debemos preguntarnos cómo expresaban determinados conceptos los pueblos indígenas en sus códices y si esos mismos elementos aparecen en la imagen guadalupana. Sólo entonces podemos comenzar a sacar conclusiones fundamentadas.

Chavés nombra al padre Mario Rojas, gran conocedor del náhuatl, que ayudó enormemente a comprender la cosmovisión indígena y la manera en que los nahuas expresaban sus ideas. Gracias a sus conocimientos fue posible establecer comparaciones entre la imagen guadalupana, los códices y el pensamiento indígena.

La Virgen como Corredentora

Una de las preguntas que le hacen al padre Chávez es si es correcto llamar a la Virgen María “corredentora”, a lo que él responde que llamarla de esa manera es quitarle parte del gran mérito a la Virgen Santísima de Guadalupe. María es una criatura humana que responde a Dios con una humildad, sencillez y valentía extraordinarias: «Soy la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Por eso, para el padre es más adecuado llamarla Madre del Redentor. Decir “corredentora” podría llevarnos a pensar también en términos como “consalvadora”, pero el único Salvador es Jesucristo. Jesús salva a María.

El padre también explica que este fue precisamente un tema debatido por santo Tomás de Aquino, quien preguntaba: «¿Cómo puede salvarla si no tiene pecado? ¿De qué la salva?». A ello respondió el franciscano Juan Duns Escoto: «Cristo la salva no porque haya cometido pecado, sino porque la preserva y la libra de todo mal».

En el Padrenuestro encontramos dos peticiones nos dice Chávez: «Perdona nuestros pecados» y «líbranos del mal». En la primera María no entra, porque no cometió pecado; pero sí en la segunda, porque Jesús es también su Salvador y Liberador.

Por eso la Virgen de Guadalupe es tan perfecta. En 1531 le dice a Juan Diego que Cristo es «mi mirada misericordiosa, mi auxilio y mi salvación». Ella también es redimida por Jesús, en cuanto es preservada del mal.

Así pues, María no es corredentora; es la Madre del Redentor. Como ser humano, es la llena de gracia, la máxima expresión de lo que una criatura humana puede llegar a ser. 

La luna negra 

Otra pregunta que surge es ¿por qué es negra la luna a los pies de la Virgen de Guadalupe?, a lo que el padre dice que esa luna constituye un ejemplo extraordinario de inculturación.

En la perspectiva hispana, es decir, europea, la imagen remite inmediatamente a Apocalipsis 12: «Una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, que está a punto de dar a luz». Durante siglos, artistas y pintores se inspiraron en este pasaje para representar a la Inmaculada Concepción. Por ello, la luna es un elemento fundamental en la iconografía mariana.

Ahora, desde la perspectiva indígena, la luna también tiene una importancia enorme. Según una interpretación muy difundida, México puede entenderse como «en el ombligo de la luna» o «en el centro de la luna».

Sin embargo, para los pueblos originarios, México no era simplemente un país. Era el centro sagrado del universo, el lugar desde donde se ordenaba el cosmos. El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma lo describe como el altar del cosmos, el «axis mundi».

Además, el ombligo expresa una conexión vital, como la del hijo con su madre mediante el cordón umbilical. Habla de vida, de unión íntima y de dependencia vital.

En este contexto, la Virgen aparece precisamente en el «ombligo de la luna», llevando en su vientre a Jesucristo, fuente de toda vida.

Ahora bien, ¿por qué la luna es negra? En la iconografía europea, la Inmaculada Concepción suele aparecer aplastando la serpiente, símbolo de Satanás, inspirado en el Génesis: «Ella te aplastará la cabeza».

Así, la serpiente se convierte en el signo visible de la victoria sobre el mal. Pero en Guadalupe sucede algo distinto. Para los indígenas, el color negro en la luna evocaba el eclipse, y el eclipse era símbolo del mal y de la muerte.

Por eso la Virgen no está aplastando la luna en sí misma, sino lo negro de la luna, es decir, aquello que representa el mal. De esta manera, la imagen comunica a los indígenas el mismo mensaje teológico que en Europa expresaba la serpiente: María, preservada del pecado, vence al mal.

El intento de embellecer la luna

Con el paso de los años, muchas personas no comprendieron el significado indígena de la luna negra y quisieron embellecerla.

Siguiendo una costumbre frecuente de los siglos XVI y XVII, añadieron plata a la luna, del mismo modo que se colocaban coronas de oro, estrellas doradas o adornos preciosos en imágenes sagradas.

La intención era buena: expresar amor y veneración a la Virgen. Para ello aplicaron una especie de goma o adhesivo sobre la tilma y pegaron láminas de plata. Sin embargo, la humedad y la salinidad del ambiente hicieron que la plata se deteriorara y terminara desprendiéndose.

Autores como Francisco de Florencia mencionan esta antigua «luna argentada». Con el tiempo, aquella intervención fracasó y fue necesario restaurar la imagen para devolverle su aspecto original.

Lo mismo ocurrió con otros daños causados por la enorme devoción popular: durante siglos la gente tocó la tilma repetidamente, lo que produjo deterioros en distintas zonas de la imagen.

Todo ello manifiesta el inmenso amor que el pueblo ha tenido siempre por la Virgen de Guadalupe, aunque algunas de esas intervenciones terminaran afectando la conservación de la tilma.

Las interpretaciones sobre la imagen

A partir del intento de embellecer la luna surge otra pregunta por uno de los espectadores: ¿es cierto que la Virgen no aparece rodeada de rayos y que el resplandor que vemos correspondería únicamente a la luz solar?

El padre Chávez explica que esa idea proviene principalmente de algunas teorías presentadas por Philip Callahan y Jody Brant Smith en un libro muy conocido sobre la imagen de Guadalupe.

A estos autores se les permitió ingresar al camarín para fotografiar la tilma. Sin embargo, considero que la metodología que describen presenta serias dificultades.

Ellos mismos explican que utilizaron película fotográfica altamente sensible y que las condiciones de iluminación exigían exposiciones cuidadosas. Aun así, afirman que tomaron las fotografías sin trípode y en muy poco tiempo.

Cualquier fotógrafo sabe que trabajar con película sensible, poca luz y sin una cámara completamente estable aumenta enormemente el riesgo de obtener imágenes defectuosas o poco precisas.

A pesar de ello, construyeron numerosas conclusiones a partir de esas fotografías.

Entre otras cosas, sostuvieron que ciertas marcas visibles en la imagen indicarían que la tilma estuvo doblada durante mucho tiempo. Sin embargo, existen documentos históricos que muestran otra explicación.

Las líneas visibles en la imagen se produjeron porque durante muchos años los fieles tocaron repetidamente la tilma, provocando que ésta se apoyara contra los travesaños del bastidor.

Existe incluso un documento de mediados del siglo XVIII que menciona cómo esos elementos del bastidor fueron modificados para evitar mayores daños a la imagen. A partir de esa interpretación errónea surgieron otras teorías igualmente cuestionables.  Aunque posteriormente, diversos especialistas estudiaron estos temas y mostraron que muchas de esas conclusiones carecían de fundamento suficiente.

Por eso es tan importante analizar la imagen con rigor histórico, técnico y científico, evitando afirmaciones apresuradas que luego resulten difíciles de sostener.

Las críticas a las teorías de Callahan y Smith

El padre Chávez continúa refiriéndose a las investigaciones de Philip Callahan y Jody Brant Smith sobre la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Según relata, en una ocasión se invitó a Smith a una reunión donde se le presentaron diversas evidencias que contradecían algunas de sus conclusiones. La situación fue tan impactante que, según recuerda, Smith llegó incluso a desmayarse. La señora Gloria Tena, quien aún vive, estuvo presente y fue quien lo asistió en ese momento.

Lo que más le preocupa al padre Chávez no es solamente que se hayan equivocado, sino que sus conclusiones hayan sido publicadas y difundidas ampliamente, a pesar de estar basadas, según él, en una metodología deficiente.

Callahan y Smith sostenían que algunos elementos de la imagen, como los rayos solares, las estrellas, el ángel y otros detalles, habrían sido añadidos posteriormente. Cuando se les preguntaba cuándo habría ocurrido esa supuesta intervención, respondían que probablemente antes de la inundación de 1629, aprovechando la cercanía física a la imagen.

Sin embargo, para el padre Chávez esta hipótesis carece de fundamento histórico.

Existen numerosas copias de la Virgen de Guadalupe realizadas durante el siglo XVI que ya muestran todos esos elementos presentes en la imagen: la luna, las estrellas, los rayos solares, el ángel y el resto de la composición.

Uno de los ejemplos más importantes es la llamada Virgen de Guadalupe de Lepanto. Dado que fue utilizada por Andrea Doria durante la batalla de Lepanto en 1571, necesariamente tuvo que ser realizada antes de esa fecha. Y en ella ya aparecen todos los elementos que Callahan y Smith consideraban añadidos posteriormente.

Otro ejemplo es la conocida copia realizada por Baltasar de Echave, también anterior a 1629, que igualmente presenta todos los elementos completos de la imagen.

Por ello, el padre Chávez considera que esas afirmaciones son fácilmente refutables mediante la evidencia histórica existente. Sin embargo, lamenta que dichas teorías continúen repitiéndose y difundiéndose como una «bola de nieve», a pesar de no estar sustentadas adecuadamente.

En consecuencia, sostiene que los rayos, el resplandor, las estrellas, el ángel y todos los demás elementos forman parte original de la imagen guadalupana.

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