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Video #12 de Controversias Guadalupanas por Cande Lagier

En esta nueva entrega de Controversias Guadalupanas, el padre Eduardo Chávez sigue profundizando en una pregunta que suele generar mucha confusión: qué creían realmente los pueblos originarios antes de la llegada del cristianismo y cómo se relaciona eso con el acontecimiento guadalupano.

El punto de partida es una pregunta muy concreta: ¿los mexicas creían en un solo Dios?

La respuesta del padre Eduardo Chávez es clara: no.

“Los mexicas creían en muchos dioses. Dioses con D minúscula, como tú sabes, porque son ídolos.”

Desde el comienzo, el padre Eduardo Chávez marca una diferencia importante. Explica que el pueblo mexica tenía muchas deidades, pero que entre los sabios toltecas comenzó a aparecer la idea de una realidad superior.

No era todavía el Dios verdadero.

Como explica:

“No digo en un solo Dios… sino que creen en una deidad superior a otras tantas.”

Este punto es central, porque muchas veces se dice que los pueblos originarios ya conocían al Dios único antes de la Virgen de Guadalupe, pero el padre Eduardo Chávez aclara que eso no es exacto.

El padre Eduardo Chávez explica que todo esto nace de algo muy profundo: el deseo humano de buscar la verdad.

Dice:

“Traemos en el corazón todo ser humano la búsqueda de la verdad, la búsqueda de esa divinidad, la búsqueda de la felicidad.”

Ese deseo interior llevaba a los pueblos a intentar comprender quién era Dios. Era un camino sincero, pero todavía incompleto. Y ahí aparece la figura de Ometeotl.

Según explica el padre Eduardo Chávez, Ometeotl era visto por algunos sabios como una deidad superior. Se le atribuían distintos nombres y características.

Entre ellas:

  • Tloque Nahuaque (“dueño del cerca y del junto”)
  • Ipalnemohuani (“aquel por quien se vive”)
  • Moyocoyani (“el que se inventa a sí mismo”)

Estas expresiones son importantes porque varias aparecen después en el lenguaje guadalupano.

El padre Eduardo Chávez explica:

“Algunas son tomadas por la Virgen de Guadalupe y llevadas a la plenitud en Jesús.”

Pero ahí mismo hace una aclaración fundamental:

“Eso no quiere decir que este famoso Ometeotl fuese el único Dios.”

Y todavía más claro:

“No se puede decir que la Virgen de Guadalupe es madre de Ometeotl.”

Ese es uno de los puntos más fuertes de este capítulo.

El padre Eduardo Chávez insiste en algo muy importante: la Virgen de Guadalupe toma algunos elementos buenos de esa búsqueda religiosa, pero no asume la idolatría.

Lo explica así:

“La Virgen de Guadalupe solamente toma las características buenas y verdaderas, aplicables y llevadas a la plenitud en su amado hijo.”

Es decir:

  • toma lo verdadero
  • purifica lo confuso
  • lleva todo a Cristo

Esto es lo que el padre Eduardo Chávez llama una inculturación perfecta.

Y lo aclara con mucha fuerza:

“Ella no es una adaptación externa… sino que es una inculturación desde lo profundo del corazón humano.”

Eso significa que la Virgen entra en la cultura indígena desde adentro, hablando con símbolos que ellos podían entender, pero revelando al verdadero Dios.

Otro punto muy interesante es que el padre Eduardo Chávez distingue entre filosofía indígena y teología.

Dice:

“Esto a entender que no es teología indígena, es filosofía indígena.”

¿Por qué?

Porque la teología necesita revelación divina. En cambio, lo que hacían estos sabios era pensar, buscar, razonar. Era un esfuerzo humano. No una revelación completa.

En la última parte del capítulo, el padre Eduardo Chávez habla de un templo mandado a construir por Nezahualcóyotl para esa deidad suprema. Un templo sin imagen, sin estatua, sin forma. Eso es llamativo porque muestra una intuición distinta.

El padre Eduardo Chávez dice:

“Le edificó un templo muy suntuoso… al Dios referido y no conocido.”

Pero vuelve a insistir: Ometeotl no es Jesucristo.

“Ometeotl no es Jesucristo nuestro Señor.”

Para cerrar, el padre Eduardo Chávez explica que había cuatro rasgos esenciales del verdadero Dios que todavía no aparecían en esa visión indígena:

  • misericordia
  • auxilio
  • salvación
  • amor

Lo resume así:

“Cuatro características muy importantes del verdadero Dios que es Jesucristo: misericordia, auxilio, salvación, amor.”

Y ahí está la clave del mensaje guadalupano. La Virgen no viene a confirmar una idolatría. Viene a llevar esa búsqueda a su plenitud. A mostrar que el Dios verdadero no es alguien lejano o cruel. Es un Dios que ama, salva y acompaña.

Este capítulo ayuda a entender que antes de La Virgen de Guadalupe había una búsqueda real de Dios, pero todavía incompleta.

Había semillas, había preguntas, había intuiciones, pero faltaba Cristo. Y la Virgen de Guadalupe viene justamente a hacer eso visible. Como muestra el padre Eduardo Chávez, no se trata de mezclar religiones, sino de reconocer cómo Dios preparó el corazón de un pueblo para recibir la verdad completa.

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