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Módulo 1. 6 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.

Clase 20 – Junio – 2022

Los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe

Existe una colaboración con el episcopado mexicano para difundir a nivel mundial el mensaje de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, de las cuales se cumplirán 500 años. Esta es considerada la aparición mariana más antigua del mundo y destaca por tener un mensaje positivo y de aliento, centrado en el amparo maternal y carente de amenazas.

A nivel teológico, la mariología actual continúa profundizando y escribiendo sobre aspectos que ya estaban implícitos en la manifestación de Guadalupe hace cinco siglos.

Teología y esperanza en el Evangelio de San Juan

El análisis teológico se centra en la esperanza de la resurrección y la vida eterna a través de Jesucristo, definido como el Salvador y Redentor.

  • El anhelo humano: El evangelista profetiza la alegría de la vida verdadera, respondiendo al profundo anhelo de la humanidad.
  • La promesa: Esta trascendencia se presenta como una realidad absoluta en aquel que es «el camino, la verdad y la vida».
  • El texto bíblico: El pasaje se remite directamente al Evangelio de San Juan, introduciendo las solemnes palabras: «En verdad, en verdad…».

Con el episcopado mexicano existe una colaboración activa para difundir a nivel global el V Centenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, considerada la manifestación mariana más antigua del mundo.

A diferencia de otras revelaciones, esta destaca por su mensaje de ánimo, consuelo y amparo maternal, completamente carente de amenazas, el cual se sintetiza en las palabras de confianza y protección dirigidas a Juan Diego y a toda la humanidad. La mariología actual continúa profundizando e investigando sobre estas verdades teológicas que la Virgen ya había manifestado explícitamente hace cinco siglos.

Este mensaje se vincula directamente con la teología del Evangelio de San Juan y el sentido del Reino de Dios, cuyo propósito fundamental es la salvación de la humanidad a través de Jesucristo como único Salvador y Redentor.

El texto bíblico profetiza que la alegría de la vida verdadera, que responde al anhelo más profundo del ser humano, se transformará en una realidad absoluta en aquel que es el camino, la verdad y la vida. Para ilustrar cómo este anhelo de vida prevalece sobre el sufrimiento terrenal.

La fe por sí sola no salva si genera injusticias en nombre de Dios, ya que requiere indispensablemente de la misericordia, entendida como la capacidad de palpitar con el corazón del prójimo. Retomando el pensamiento de los Cristeros, se afirma que si se quita al verdadero Dios del corazón, el ser humano termina arrastrándose ante cualquier cosa. Esto se evidencia en las idolatrías contemporáneas como el poder, la fama, la pornografía, especialmente, el flagelo de la drogadicción, un ídolo que deshumaniza al punto de llevar a alguien a matar a su propia madre. Estas crisis se manifiestan a nivel global en injusticias graves, como la esclavitud infantil en África y la pérdida del valor de la vida humana.

Históricamente, la aparición de 1531 ocurrió en un momento de colapso y desesperación profunda para los dos grupos que habitaban el territorio mexicano.

El pueblo indígena sufría una gran persecución y una crisis existencial debido a la conquista; su cosmovisión contemplaba moradas post-mortem como el paraíso de Tláloc, pero esta era una existencia finita de cuatro años antes de disolverse en el universo, careciendo del concepto de vida eterna.

Al mismo tiempo, los españoles vivían en un clima de extrema hostilidad, miedo a la muerte e inestabilidad social, llegando a registrarse intentos de asesinato contra el obispo y un deseo colectivo de abandonar la región para regresar a Castilla, tal como lo documentó el cronista Motolinía. Ambas partes experimentaban un ambiente apocalíptico y de cercanía con la muerte, un desespero colectivo equiparable al milenarismo europeo de los años 1000 o 2000.

En este contexto de crisis, el propósito teológico de la Virgen de Guadalupe no fue solo sanar las heridas sociales de la conquista, sino entregar a Jesucristo, presente en su vientre inmaculado, como respuesta al grito desesperado de los pueblos. Su aparición vino a romper el concepto nahua del Paquentzalitski, que dictaba el fin del sol, de la era y de toda existencia. Al traer al Resucitado, la Virgen introdujo por primera vez la promesa de la vida eterna, liberando a la humanidad del pecado, de la muerte y de todas las idolatrías que la destruyen.

Siglo XXI

Pérdida de esperanza y el trauma del fin del mundo: Los cambios de era, como el año 1000 o el año 2000, arrastran históricamente un hondo sentido de fin del mundo, milenarismo y apocalipsis, donde se diluyen la fe y la esperanza porque se visualiza la muerte de cerca.

Este colapso existencial, psicológico y de desesperación colectiva se asemeja a crisis contemporáneas como la pandemia, donde el desespero ha conducido al suicidio a numerosos jóvenes y niños. En el contexto histórico de la conquista de México, el pueblo indígena sufría una gran persecución y crisis existencial, y el indígena Juan Diego encarnaba ese mismo trauma cuando, al rodear el cerro para evitar el encuentro con la Virgen, le manifestó con absoluta resignación y tristeza: «A eso vinimos, niña mía, a esperar el trabajo de nuestra muerte». Ante esa realidad donde todo parecía acabado y la existencia fenecía, la presencia de Santa María de Guadalupe adquiere una fuerza contundente al presentarse en un momento apocalíptico para los dos grupos que habitaban el territorio.

Mariología Apocalíptica

La Virgen de Guadalupe se presenta como la mujer apocalíptica de la Inmaculada Concepción y plasma su propia imagen en la tilma de Juan Diego, lo cual teológicamente significa la continuación de su propia persona para entregar al Resucitado.

  • Al imprimirse de manera milagrosa el 12 de diciembre al romper el alba, ella no busca un espectáculo para ensalzarse, sino imprimir a Jesús en el ser de la persona.
  • El foco absoluto, el centro, el focus de su mensaje, de su nombre María de Guadalupe y de su aparición es Jesucristo, camino, verdad y vida, la Pascua y la resurrección para otorgar la vida eterna.
  • Toda la devoción, los ruegos, el pedirle y el «chillar» en ella tienen como centro a Jesús a través de ella, quien nos salva del pecado, de la muerte y de toda idolatría destructiva.
  • Este cristocentrismo explica el peso y el verdadero sentido de la «casita sagrada» que la Virgen solicita, la cual es suya para manifestarlo a Él, ensalzarlo a Él y ofrecerlo a Él, entregando su amor personal al ser humano.
  • Esta verdad teológica e histórica se descifra a través del concepto nahua del Paquentzalitsli, que el padre Chávez define como la clave del acontecimiento mariano y fundamenta en su libro sobre el tema.
  • La Virgen interviene fuertemente y asume este concepto precisamente cuando la cosmovisión indígena dictaba el Paquentzalitsli: se acabó el sol y ya no hay más vida.
  • Los indígenas tenían el concepto de otra vida post-mortem, como el paraíso de Tláloc, pero esta era una existencia limitada que duraba solo cuatro años antes de que el ser se disolviera en el universo, careciendo del concepto de vida eterna.

Al traer al Resucitado en su vientre inmaculado, la Virgen introduce por primera vez la promesa de la vida eterna y la salvación, respondiendo al grito de anhelo de vida de los indígenas y también de los españoles, quienes vivían en un clima de extrema hostilidad e inestabilidad social, con miedo a la muerte e intentos de asesinato contra el obispo, al punto que cronistas como Motolinía registraron que el deseo generalizado de los conquistadores era abandonar todo y regresarse a Castilla.

El rol activo de María y la analogía de las Bodas de Caná

A diferencia de una espectadora pasiva, María actúa como madre activa con una profunda sensibilidad, atención, delicadeza y mirada detallista hacia el prójimo. Esta cualidad se manifestó en el pasaje bíblico de las Bodas de Caná, donde ella, y no Jesús ni los discípulos, se dio cuenta de que les faltaba el vino. Al decirle a Jesús «ya no tienen vino», y a pesar de que la respuesta de Cristo fue fuerte («Mujer, ¿a ti y a mí qué?, mi hora no ha llegado»), ella provocó con su intercesión el primer milagro de su Hijo, demostrando que Jesús hace lo que dice su madre. Con esto, el tiempo de María se convierte en el tiempo de Jesús, y el tiempo de Jesús es el tiempo de María. Asimismo, en la crucifixión, cuando Jesús entrega a María y al discípulo Juan, se suele pensar que Cristo procuró que un hombre ayudara a su madre porque se iba a quedar sola; sin embargo, teológicamente es al revés: Jesús procuró que la Iglesia, representada en Juan, no quedara sola, otorgándole a María el cuidado y la protección de su comunidad.

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