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Módulo 4. 6 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.

Clase del 13 – Febrero – 2023

  • A pesar de tener aportes valiosos, comete errores de precisión histórica, cronológica y geográfica por falta de fundamentación o por manipulación de los datos.
  • Es un autor excepcional.
  • Se reconoce que su libro es muy bueno, sumamente interesante, positivo y con aportaciones valiosas.
  • Tiene una inspiración increíble.
  • Se le aplaude la gran intuición de colocar a la Virgen de Guadalupe dentro de la orografía (el mapa y relieve geográfico) de México.
  • Maneja muy bien los colores del universo.
  • Tiene perfectamente claros los rumbos del universo y el significado de los colores para los indígenas, como el negro, el azul, el blanco y el rojo.
  • Carece de fundamentación en varios puntos. Se le critica que escribe cosas que “suenan bien” pero que no se pueden sostener ni mantener porque no explica de dónde sacó la información, carece de bases documentales y, en ocasiones, manipula los datos.
  • Se equivocó en el calendario indígena: Confundió el ciclo de los meses, afirmando que la Virgen se apareció y que el Fuego Nuevo se realizó en el mes de Atemozli, cuando lo correcto es que ocurrieron en el mes de Panquetzaliztli.
  • Se equivocó en la geografía del Tepeyac: Rojas afirma en su libro que desde el Tepeyac se ve salir el sol por el Oriente justo sobre el volcán Popocatépetl, lo cual es un error geográfico, ya que el sol sale exactamente sobre el cerro del Papayo. Además, ubicó la flor de cuatro pétalos a la altura del Fuego Nuevo en el Cerro de la Estrella, en lugar de hacerlo en el Tepeyac.

El propio fray Bernardino de Sahagún, en sus primeros escritos, omitió o no captó la importancia de ciertas festividades debido a las dificultades iniciales de comprensión entre el mundo náhuatl y el hispano.

No tomó en cuenta ni logró captar la fuerza y el significado real del mes de Panquetzaliztli en relación con los acontecimientos analizados.

Se menciona que, siendo el primer autor que el emisor atendió y revisó, en sus textos no venía nada que permitiera a un investigador captar a fondo este asunto, debido a las tinieblas y la falta de claridad que tenían los primeros españoles respecto al náhuatl.

La traducción del calendario indígena al calendario juliano, y posteriormente al gregoriano, fue sumamente compleja en el siglo XVI debido a las diferencias de pensamiento, los trece numerales y los diferentes signos.

  • Panquetzaliztli frente a Atemozli: Mario Rojas confunde el mes náhuatl de la aparición de la Virgen de Guadalupe y del Fuego Nuevo, situándolo en Atemozli, cuando lo correcto es Panquetzaliztli.
  • El aporte de Motolinía: Fray Toribio de Benavente, Motolinía, sí captó la fuerza de Panquetzaliztli y lo comparó con la “Pascua indígena”.
  • El solsticio como eje: Más allá de las confusiones entre el calendario juliano o gregoriano, los indígenas se guiaban por el solsticio de invierno, el cual no tiene pierde.
  • La fecha histórica: El 12 de diciembre de 1531 del calendario juliano coincide actualmente con el 21 o 22 de diciembre del calendario gregoriano, coincidiendo exactamente con el solsticio.
  • Simbolismo del sur: En la mentalidad indígena, el amanecer en el solsticio de invierno ocurre en el punto más hacia el sur, lo cual simboliza el inicio y la plenitud de una nueva vida, uniendo conceptualmente el amanecer con la existencia.

La inspiración de situar la aparición en la geografía mexicana es buena, pero carece de precisión en los mapas de Rojas.

  • La flor de cuatro pétalos: Rojas la ubica a la altura del Fuego Nuevo en el Cerro de la Estrella, y no en el Tepeyac.
  • El punto de salida del sol: Rojas afirma que desde el Tepeyac el sol sale en el Oriente sobre el Popocatépetl, lo cual es falso. El sol sale exactamente sobre el cerro del Papayo, no sobre el Popocatépetl ni sobre el Iztaccíhuatl.
  • El macizo del Tepeyac: Para observar este fenómeno al alba, los indígenas se subían al cerro de atrás, conocido como el cerro de los Gachupines, que forma parte del macizo del Tepeyac.
  • La memoria indígena: Al no existir una escritura alfabética latina, los indígenas desarrollaron una tradición oral sumamente perfecta, precisa y ejercitada, a diferencia de los españoles, cuya tradición oral suele volverse un “teléfono descompuesto”.
  • Glifos como pie de memoria: Los glifos prehispánicos no representan palabras textuales, sino conceptos completos, ideas y literatura visual que permitían recordar y narrar un acontecimiento de distintas maneras pero manteniendo la misma esencia.
  • El contraste con el carácter latino: Los caracteres latinos fijan palabras exactas, como Nican mopohua (Aquí se cuenta), que conceptualmente también puede traducirse como “aquí se dice” o “aquí se narra”.
  • El testimonio de Francisco de Florencia: El jesuita Francisco de Florencia pondera la tradición oral de padres a hijos como un argumento firme e innegable, señalando que los indígenas fueron más cuidadosos y agradecidos que los españoles al resguardar la memoria del acontecimiento.
  • El Códice 1548 (Códice Escalada): Es un documento mestizo que registra el año de la muerte de Juan Diego, combina dibujos conceptuales de las apariciones con caracteres latinos y sonido náhuatl, mostrando el nombre de Juan Diego como Cuauhtlatoatzin.
  • El Manuscrito Nican Montepana: Documento de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, escrito con caracteres latinos y sonido náhuatl, fundamental para el estudio de las fuentes tempranas.
  • Crítica a las posturas eurocentristas: Autores como el francés Jacques Lafaye o el español Juan Bautista Muñoz (1794) intentaron descalificar los documentos indígenas tildándolos de “inciertos” o “papeles mugrientos”, afirmando erróneamente que todo fue un invento de Miguel Sánchez en 1648, basando su rechazo únicamente en la ignorancia del idioma náhuatl y de los glifos.

Existen documentos ocultos en archivos notariales y eclesiásticos que deben ser rastreados por las nuevas generaciones de investigadores.

Al preguntarse qué pudo haber sucedido con los documentos que sobrevivieron al incendio del monasterio, surgieron tres posibles destinos:

  • Burgos.
  • Salamanca.
  • Valladolid.

Esto significa que todavía existe la posibilidad de localizar documentación relacionada con el acontecimiento guadalupano, aunque ello implica largas estancias de investigación, recursos económicos importantes y un conocimiento profundo de los archivos españoles.

Por esta razón existen relativamente pocos investigadores dedicados a este campo: localizar una sola fuente puede requerir semanas o incluso meses de trabajo en distintos archivos, sin garantía alguna de éxito.

No solamente pueden encontrarse fuentes en España.

Existe la convicción de que en numerosas parroquias antiguas de México, especialmente en Veracruz, permanecen documentos olvidados escritos en náhuatl que prácticamente nadie ha estudiado.

El problema no es únicamente localizar los manuscritos, sino poder leerlos.

Para comprender un documento del siglo XVI es necesario dominar simultáneamente:

  • el náhuatl clásico;
  • la paleografía del siglo XVI;
  • las numerosas abreviaturas utilizadas en aquella época.

El papel era extremadamente costoso, por lo que los escribanos abreviaban constantemente las palabras para aprovechar cada espacio disponible. Leer estos manuscritos requiere una formación muy especializada.

A esto se añade otra dificultad: los pueblos indígenas originalmente no utilizaban caracteres latinos. En consecuencia, cuando comenzaron a escribirse sonidos nahuas con el alfabeto europeo, muchas expresiones quedaron sujetas a distintas interpretaciones fonéticas.

  • El testamento de Graves: Personaje del siglo XVII que dio una nota de aprobación a libros de la época, sus archivos o testamentos podrían contener datos clave sobre la aparición.
  • Baltasar González: Jesuita, rector del Colegio de San Gregorio, quien escribió un documento en náhuatl similar al Nican mopohua que actualmente se encuentra extraviado pero cuya búsqueda es prioritaria.

Uno de los testimonios más importantes es el de Miguel Cabrera, considerado el pintor más prestigioso de la Nueva España.

Antes de escribir su obra Maravilla Americana, Cabrera no quiso confiar únicamente en su propio criterio. Invitó a numerosos especialistas para que examinaran directamente la imagen de la Virgen de Guadalupe sin el cristal protector y emitieran sus observaciones.

Las conclusiones de aquella inspección quedaron plasmadas en la obra, lo que convierte ese estudio en un testimonio colectivo y no simplemente en la opinión personal de un artista.

Su actitud refleja una gran humildad intelectual: aun siendo el pintor más reconocido de su tiempo, buscó que otros expertos revisaran cuidadosamente su trabajo para ofrecer una investigación sólida y bien fundamentada.

Uno de los argumentos utilizados para afirmar que la imagen sería una pintura humana consiste en señalar la existencia de las llamadas “líneas de arrepentimiento”.

  • En pintura, una línea de arrepentimiento aparece cuando el artista modifica el dibujo inicial: realiza un trazo, cambia de opinión, pinta la nueva posición y olvida eliminar completamente la línea anterior. Sin embargo, en el caso de la imagen guadalupana ocurre algo muy distinto. Durante siglos, muchos pintores elaboraban copias colocando sobre el ayate un papel impregnado con aceite y marcando la silueta mediante carboncillo. Al retirar el papel quedaban marcas superficiales sobre la pintura original.
  • Las líneas observadas pertenecen precisamente a este procedimiento utilizado por quienes copiaban la imagen, no al proceso original de elaboración de la pintura. Por tanto, no constituyen líneas de arrepentimiento, sino rastros dejados por copistas posteriores.

En cierta ocasión, el entonces director del museo de la Basílica afirmaba que esas líneas demostraban que la imagen era obra humana.

Cuando se le explicó el verdadero origen de esas marcas y se le mostró la explicación ofrecida por Miguel Cabrera, reconoció que desconocía esa información.

Este episodio pone de manifiesto que incluso personas con cargos importantes pueden repetir argumentos sin conocer toda la documentación histórica.

Por ello resulta indispensable estudiar las fuentes originales antes de aceptar afirmaciones que aparentan tener autoridad.

Muchos cuestionamientos contra el acontecimiento guadalupano nacen de información incompleta o interpretaciones equivocadas.

Quien conoce las fuentes históricas, los documentos y los estudios técnicos posee mejores herramientas para responder con fundamento, evitando dejarse impresionar por argumentos que, aunque parezcan convincentes, ya fueron respondidos hace mucho tiempo por investigadores especializados.

Con frecuencia se afirma que los españoles simplemente trajeron la devoción de la Virgen de Guadalupe de Extremadura y la impusieron en México. Es cierto que en España existía una antiquísima advocación mariana con ese nombre. Sin embargo, la aparición del Tepeyac no consiste en trasladar una imagen española.

La Virgen que se aparece en México es la misma Madre de Dios, pero entra en diálogo con la cultura indígena utilizando signos que ese pueblo podía comprender.

Por ello puede existir una relación espiritual con la Virgen de Guadalupe de Extremadura, sin que ello signifique que el acontecimiento mexicano sea una simple copia del español.

Tampoco es la continuación de la idolatría indígena. El error contrario consiste en afirmar que Guadalupe es únicamente una adaptación cristiana de las antiguas deidades femeninas mesoamericanas.

  • La Virgen no continúa la idolatría. La expulsa.
  • Lo que hace es tomar aquello que existía de verdadero en el corazón humano: el deseo de Dios, el anhelo de vida, la búsqueda de salvación.
  • Todo aquello que pertenecía al error o a la idolatría queda purificado y llevado a su plenitud en Jesucristo.
  • No significa mezclar religiones. Significa que el Evangelio asume aquello que hay de verdadero en una cultura y purifica todo lo demás.

Uno de los autores que insiste con mayor fuerza en esta interpretación es Francisco de Florencia. Según su explicación, la presencia de la Virgen en el Tepeyac provoca precisamente la expulsión de la idolatría. Resulta contradictorio afirmar que aquello que destruye el culto idolátrico sea al mismo tiempo una continuación del mismo.

Algo semejante ocurre con la costumbre española de construir templos cristianos sobre antiguos espacios paganos.

Esto no significaba conservar aquellos cultos.

El gesto simbolizaba exactamente lo contrario.

Así como la imagen de la Inmaculada Concepción aparece aplastando la serpiente, la construcción de iglesias sobre antiguos centros religiosos expresaba la victoria del cristianismo sobre el paganismo.

Nunca pretendía indicar continuidad doctrinal.

Uno de los mayores especialistas en literatura náhuatl fue Ángel María Garibay.

Además de sacerdote y canónigo de la Basílica de Guadalupe, fue profesor universitario y una de las máximas autoridades en lengua náhuatl.

Garibay explica que la tradición indígena debía transmitirse mediante dos grandes instrumentos:

  • las pinturas o códices;
  • el aprendizaje de memoria.

Los ancianos conservaban auténticos tesoros culturales porque memorizaban largos textos y enseñaban esas tradiciones a las nuevas generaciones.

Por eso, cuando las fuentes antiguas hablan de diez o doce ancianos conocedores de la tradición, no se trata simplemente de personas mayores, sino de verdaderos custodios de la memoria histórica de su pueblo.

  • Para mostrar la debilidad del argumento sincretista se propone una comparación.
  • Sería tan absurdo como afirmar que Zeus es la continuación de la Virgen María únicamente porque ambos aparecen relacionados con nacimientos extraordinarios.
  • El parecido superficial entre dos elementos no basta para establecer continuidad histórica o religiosa.
  • Del mismo modo, encontrar ciertos símbolos indígenas en la imagen de Guadalupe no demuestra que la Virgen sea una antigua deidad disfrazada. Los símbolos fueron asumidos y transformados dentro del mensaje cristiano.

Otro aspecto importante es la canonización de San Juan Diego realizada por San Juan Pablo II.

Desde la perspectiva católica, este acto posee un enorme peso doctrinal.

Aceptar la canonización implica reconocer la existencia histórica del santo y del acontecimiento sobre el cual descansa su testimonio.

Por ello resulta incoherente sostener simultáneamente que todo fue una invención posterior y, al mismo tiempo, aceptar sin reservas la canonización realizada por la Iglesia.

Quien no comparta la doctrina de la infalibilidad pontificia puede mantener otra postura, pero dentro de la teología católica la canonización constituye un argumento de gran importancia.

Uno de los aspectos que más preocupa es que algunas interpretaciones contrarias al acontecimiento guadalupano provengan precisamente de personas vinculadas al propio entorno de la Basílica.

Muchos peregrinos tienden a aceptar automáticamente esas afirmaciones por considerar que proceden de una autoridad competente.

Sin embargo, la autoridad institucional no sustituye el estudio serio de las fuentes.

La historia debe construirse sobre documentos, tradición y análisis crítico, no únicamente sobre el prestigio de quien habla.

El estudio del acontecimiento guadalupano debe realizarse con apertura intelectual, pero también con rigor. Escuchar otras posturas siempre es legítimo. Lo importante es examinarlas a la luz de las fuentes históricas, de la tradición indígena y de los documentos disponibles, evitando aceptar afirmaciones únicamente porque resultan llamativas o porque quien las pronuncia ocupa un cargo importante.

FUENTES


  • Chávez, E. (2023, 13 de febrero). Módulo 4.4. Diplomado: La Verdad de Guadalupe [Material de diplomado]. Instituto Guadalupano.

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