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Módulo 4. 7 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.

Clase del 20 – Febrero – 2023

La Santísima Virgen no excluye a nadie, sino que abraza a toda persona que la acoge. Es la verdadera Madre de todos los que viven y de todos los que han sido convocados para proclamar su fe en Cristo. Desde esta perspectiva resulta imposible sostener que Santa María de Guadalupe se presente como la mujer que pisa a la serpiente, pues esa interpretación contradice el sentido del Milagro Guadalupano. Para los pueblos originarios la serpiente no representaba el mal, sino un símbolo de vida, sabiduría y fertilidad. Incluso dentro de la misma Sagrada Escritura esa interpretación no siempre es absoluta, por lo que imponer únicamente la mentalidad europea del Génesis termina alejándose del contexto en el que ocurrió el acontecimiento guadalupano.

Durante muchos años diversas afirmaciones fueron aceptadas simplemente por la autoridad de quien las pronunciaba, sin detenerse a revisar las fuentes originales. Por ello resulta indispensable regresar a los documentos más antiguos, especialmente al Nican Mopohua, cuya lectura muestra con absoluta claridad el nombre de Guadalupe. A ello se suman otros testimonios fundamentales como el Códice Escalada, fechado en 1548, junto con numerosos documentos del siglo XVI que contienen explícitamente la palabra Guadalupe.

El estudio histórico debe edificarse sobre documentos y no sobre teorías. Cuando aparece una fuente auténtica que demuestra un error, corresponde rectificar con humildad, porque únicamente los documentos permiten reconstruir con fidelidad la historia.

Las teorías que buscan explicar el origen de la Virgen de Guadalupe como una adaptación de antiguas idolatrías femeninas carecen de fundamento cuando se confrontan con la evidencia documental. Entre 1531 y 1648 existen más de trescientos veinte documentos relacionados con el acontecimiento guadalupano. No todos narran detalladamente las apariciones, pero muchos contienen elementos que las presuponen. Algunos lo hacen mediante textos, otros por medio de imágenes, como ciertos dibujos del siglo XVI donde aparecen la Virgen y san Juan Diego dialogando frente a la tilma. Incluso una representación sencilla constituye un testimonio de que el encuentro era conocido y transmitido desde los primeros años posteriores al Milagro Guadalupano.

Entre las fuentes históricas más importantes destacan

  • el Nican Motecpana
  • el Códice Escalada de 1548
  • el Nican Mopohua
  • las Informaciones Jurídicas de 1666

Aunque estas investigaciones fueron recopiladas en el siglo XVII, los testigos entrevistados tenían entre ochenta y más de cien años de edad, por lo que sus recuerdos pertenecían directamente al siglo XVI. Todos afirmaban haber escuchado desde su infancia la historia por boca de sus padres, abuelos, familiares o personas cercanas a san Juan Diego.

  • Casos como el de Marcos Pacheco, cuya tía aseguraba haber escuchado el relato directamente de labios de Juan Diego, muestran cómo la tradición oral permaneció viva y fue transmitida de generación en generación antes de ser reunida oficialmente.

Junto a los testimonios orales aparecen también otros testigos que pertenecen a épocas posteriores, como pintores, restauradores y especialistas sorprendidos por la extraordinaria conservación de la imagen de la Virgen.

La tilma permaneció intacta durante siglos en un ambiente húmedo y salitroso, circunstancia que resulta difícil de explicar únicamente desde el punto de vista material. Entre estos estudios sobresalen los trabajos de Miguel Cabrera, así como las investigaciones que continuaron desarrollándose durante los siglos posteriores.

En 1736, durante la epidemia que azotó la Nueva España, Lorenzo Boturini Benaducci agradeció la protección de la Virgen de Guadalupe e inició una de las colecciones documentales más importantes sobre el acontecimiento guadalupano. Años más tarde, en 1746, Cayetano Cabrera y Quintero, en su obra Escudo de Armas de México, profundizó en las apariciones, la gran inundación de la Ciudad de México, así como en la misa y el oficio propios de la Virgen de Guadalupe. Boturini llegó incluso a reunir un inmenso conjunto documental que, enrollado, alcanzaba aproximadamente treinta y cuatro metros de longitud, convirtiéndose en uno de los acervos históricos más valiosos para comprender el desarrollo del culto guadalupano.

La oposición sistemática a la Virgen de Guadalupe fue apareciendo de manera paralela al conocimiento cada vez más profundo del Nican Mopohua. Antes de que el texto fuera publicado íntegramente existían únicamente versiones resumidas elaboradas por autores como Luis Becerra Tanco, Miguel Sánchez y Mateo de la Cruz, las cuales transmitían el contenido general, pero no reproducían palabra por palabra el documento original. Fue hasta 1926 cuando Primo Feliciano Velázquez publicó la traducción completa del Nican Mopohua, permitiendo acceder con precisión al texto náhuatl y fortaleciendo el estudio científico de las fuentes guadalupanas.

El conocimiento del Milagro Guadalupano no depende exclusivamente del Nican Mopohua. Existen tres grandes pilares que sostienen su historicidad. La tradición oral, transmitida desde los primeros testigos. La imagen misma, comprendida como un verdadero códice o carta de amor llena de símbolos. Y los signos de los tiempos, entre los cuales destaca la elección del 12 de diciembre de 1531, durante el mes de Panquetzaliztli, momento profundamente significativo dentro del calendario indígena y decisivo para comprender el mensaje que la Virgen dirigió a los pueblos originarios.

Las interpretaciones de Mario Rojas Sánchez acerca del calendario indígena presentan dificultades al mezclar el mes de Panquetzaliztli con Atemoztli, intentando relacionar el acontecimiento con el simbolismo del agua, la lluvia y el diluvio.

Sin embargo, documentos como el Códice Telleriano-Remensis, los estudios de Lorenzo Boturini y los escritos de Motolinía muestran que Panquetzaliztli estaba vinculado a ceremonias de comunión realizadas con espinas de maguey, contexto que resulta mucho más coherente con el simbolismo presente en el Milagro Guadalupano.

El monte del Papayo constituye un punto geográfico de enorme importancia para comprender el simbolismo astronómico del 12 de diciembre de 1531. En esa fecha el Sol aparece en el extremo sureste de su recorrido anual, permitiendo identificar con precisión el solsticio de invierno. Desde el atrio del santuario puede observarse cómo, conforme avanzan los meses, el punto del amanecer se desplaza gradualmente hacia el norte hasta llegar, durante julio y agosto, a la zona del Pocito. La combinación del rojo, asociado al oriente y al nacimiento de un nuevo día, con el azul, relacionado con el sur y con la vida, expresa el surgimiento de una nueva era llena de vida, interpretación que armoniza con el mensaje del Milagro Guadalupano y con la riqueza simbólica de la imagen.

Entre los documentos históricos también sobresale un registro fechado en 1556, considerado uno de los primeros testimonios donde aparece una oposición explícita a la devoción guadalupana. Desde los comienzos existieron voces críticas, pero la abundancia de documentos, imágenes, testimonios y tradiciones permitió conservar la memoria del acontecimiento y transmitirla con extraordinaria solidez a lo largo de los siglos.

  • Otro aspecto importante es la elección de ciertos verbos dentro de la traducción del Nican Mopohua. Aunque palabras como entregar, dar y ofrecer pueden considerarse equivalentes, el contexto litúrgico permite comprender mejor el sentido del texto utilizando el verbo ofrecer. Esta elección conserva el significado original y, al mismo tiempo, refleja con mayor claridad el lenguaje eucarístico presente en el relato. No se trata de modificar el contenido del documento, sino de expresar con mayor fidelidad el trasfondo teológico que acompaña al Milagro Guadalupano.

El Nican Mopohua constituye una de las fuentes fundamentales para conocer el acontecimiento guadalupano, pero no puede estudiarse de manera aislada. Forma parte de un conjunto documental mucho más amplio que incluye la tradición oral, la imagen como un auténtico códice o carta de amor y los signos históricos que acompañaron las apariciones. La imagen no solamente comunica un mensaje mediante palabras, sino también a través de símbolos que podían ser comprendidos por los pueblos originarios, haciendo visible un lenguaje que trascendía las diferencias culturales y permitía anunciar el Evangelio desde una realidad plenamente americana.

  • El 12 de diciembre de 1531 coincide con el mes de Panquetzaliztli, una fecha cargada de significado dentro del calendario indígena. Esta coincidencia no puede interpretarse como un simple dato cronológico, sino como uno de los grandes signos del Milagro Guadalupano. La elección de ese momento revela un profundo conocimiento de la realidad espiritual de los pueblos originarios y manifiesta que el encuentro con Dios ocurre precisamente en un tiempo que ya poseía una enorme carga simbólica para ellos.
  • Las interpretaciones desarrolladas por Mario Rojas Sánchez intentan trasladar el significado del acontecimiento hacia el mes de Atemoztli, relacionándolo con el agua, la lluvia y el recuerdo del diluvio. Según esta propuesta, el descenso de las aguas y la aparición nuevamente de la tierra firme servirían para explicar el simbolismo del relato. Sin embargo, esta lectura encuentra dificultades al confrontarse con las fuentes históricas y calendáricas más antiguas, pues el acontecimiento pertenece claramente al contexto de Panquetzaliztli y no al de Atemoztli.
  • El Códice Telleriano-Remensis, conocido también como Códice Vaticano A, junto con los estudios de Lorenzo Boturini y las descripciones de Toribio de Benavente Motolinía, sitúan las ceremonias propias de Panquetzaliztli en un contexto profundamente religioso donde aparecen prácticas de comunión realizadas mediante espinas de maguey.
  • Estas referencias permiten comprender mejor el lenguaje simbólico presente en la imagen guadalupana y muestran que la interpretación propuesta por Mario Rojas carece del respaldo documental suficiente para desplazar el acontecimiento hacia otro periodo del calendario indígena.
  • La unión del oriente con el sur posee una riqueza simbólica notable. El color rojo representa el oriente, el nacimiento de un nuevo día y el comienzo de una nueva era. El azul simboliza el sur y expresa la plenitud de la vida. Cuando ambos elementos convergen en el amanecer del 12 de diciembre manifiestan el nacimiento de una vida nueva y el inicio de un tiempo renovado. Esta lectura armoniza con el simbolismo de la imagen de Santa María de Guadalupe y fortalece la comprensión del Milagro Guadalupano desde la cosmovisión indígena.
  • El recorrido anual del Sol confirma este simbolismo. Después del solsticio de invierno el punto del amanecer comienza lentamente a desplazarse nuevamente hacia el norte. Durante la primavera aparece frente a la Plaza Mariana y continúa avanzando hasta alcanzar la zona del Pocito en los meses centrales del año. Este movimiento natural era conocido por los pueblos originarios y constituía una referencia para identificar los ciclos del tiempo, razón por la cual el Papayo adquiría un significado especial dentro de la observación astronómica tradicional.

Entre los documentos históricos sobresale también un registro correspondiente a 1556, considerado uno de los primeros testimonios donde aparece una oposición explícita a la devoción guadalupana.

Desde fechas muy tempranas comenzaron a surgir cuestionamientos al acontecimiento, pero la abundancia de fuentes documentales, cócides, testimonios, imágenes y tradiciones conservadas a lo largo de los siglos ha permitido sostener con enorme solidez la memoria histórica del Milagro Guadalupano y comprender su extraordinaria continuidad dentro de la historia de México.

  • La aparición de críticas hacia la Virgen de Guadalupe puede rastrearse desde mediados del siglo XVI.
  • Uno de los primeros antecedentes documentados corresponde al año 1556, cuando comenzaron a surgir cuestionamientos sobre la autenticidad y el origen de la devoción. Sin embargo, estas objeciones aparecen cuando el culto ya estaba ampliamente difundido entre la población, lo que demuestra que la tradición guadalupana existía con anterioridad y había echado raíces tanto en la memoria colectiva como en la vida religiosa del pueblo.
  • La figura de Joaquín García Icazbalceta ocupa un lugar importante dentro de esta historia. Durante su época todavía no se había publicado íntegramente el Nican Mopohua, por lo que sus investigaciones dependían principalmente de versiones resumidas elaboradas por autores como Luis Becerra Tanco, Miguel Sánchez y Mateo de la Cruz. Estas obras conservaban la esencia del acontecimiento, pero no ofrecían el texto náhuatl completo ni la precisión palabra por palabra que más tarde permitiría un análisis mucho más profundo de la fuente original.
  • La publicación realizada en 1926 por Primo Feliciano Velázquez marcó un momento decisivo para los estudios guadalupanos. Por primera vez el Nican Mopohua pudo leerse íntegramente y traducirse respetando cada una de sus expresiones originales. Este acontecimiento transformó la investigación histórica, pues permitió confrontar directamente las interpretaciones modernas con el documento primigenio y disipar numerosas dudas surgidas durante los siglos anteriores.

La transmisión del acontecimiento guadalupano no depende únicamente de un documento escrito. La tradición oral permitió conservar durante generaciones el recuerdo vivo de las apariciones. La imagen de la Virgen constituye un verdadero códice cargado de símbolos capaces de comunicar un mensaje completo por sí misma. Finalmente, los signos históricos y culturales presentes en el momento de las apariciones complementan la comprensión del acontecimiento y permiten reconstruirlo desde múltiples perspectivas que convergen entre sí.

La imagen de Santa María de Guadalupe puede comprenderse como una auténtica carta de amor dirigida a los pueblos originarios. Cada uno de sus elementos posee un significado propio y establece un diálogo con la cosmovisión indígena sin perder la plenitud del mensaje cristiano. El Milagro Guadalupano no consiste únicamente en la impresión de una imagen sobre una tilma, sino también en la extraordinaria capacidad de esa imagen para comunicar, enseñar y conducir hacia Cristo mediante un lenguaje profundamente simbólico.

El estudio del Milagro Guadalupano exige volver constantemente a las fuentes originales. Las hipótesis y las interpretaciones pueden resultar valiosas mientras permanezcan sometidas a la evidencia documental. Son los códices, las actas, las informaciones jurídicas, las pinturas antiguas, la tradición oral y los testimonios conservados durante siglos los que permiten reconstruir la historia con fidelidad. La fortaleza del acontecimiento guadalupano descansa precisamente en la extraordinaria cantidad de documentos que, desde 1531, han preservado su memoria hasta nuestros días.

La imagen de la Virgen constituye un documento histórico por derecho propio. Su permanencia durante siglos, la conservación de sus colores y materiales, así como la enorme cantidad de estudios realizados sobre la tilma, la convierten en una fuente permanente de investigación. Pintores, restauradores y especialistas de distintas épocas manifestaron su asombro ante la resistencia de una fibra vegetal que, por sus características naturales, difícilmente habría podido conservarse intacta durante tantos siglos en un ambiente húmedo y con altos niveles de salitre.

La investigación histórica exige distinguir entre hipótesis y evidencias. Las teorías pueden formularse libremente, pero únicamente adquieren valor cuando encuentran respaldo en documentos verificables. El estudio del Milagro Guadalupano se apoya precisamente en esa metodología. Cada afirmación importante debe poder relacionarse con cócides, manuscritos, testimonios jurídicos o fuentes contemporáneas al acontecimiento. La ausencia de documentos convierte cualquier explicación en una simple conjetura, mientras que la presencia de múltiples testimonios independientes fortalece la credibilidad histórica.

La publicación íntegra del Nican Mopohua permitió revisar muchas interpretaciones que durante décadas habían circulado únicamente a partir de versiones abreviadas. Al acceder al texto completo fue posible analizar con mayor precisión el vocabulario náhuatl, la estructura literaria y los símbolos contenidos en el relato. Este avance marcó un antes y un después en los estudios guadalupanos, pues la investigación dejó de depender exclusivamente de resúmenes y comenzó a trabajar directamente sobre la fuente original.

El Milagro Guadalupano no puede comprenderse únicamente desde la filología o la historia documental. También requiere atender el contexto geográfico, astronómico, religioso y cultural en el que ocurrió. La coincidencia entre la fecha de las apariciones, el calendario indígena, el movimiento del Sol y el lenguaje simbólico presente en la imagen revela una unidad sorprendente que difícilmente puede atribuirse al azar. Cada elemento complementa a los demás y forma parte de un mismo mensaje dirigido a los pueblos originarios.

  • Las investigaciones realizadas durante los siglos XVIII, XIX y XX permitieron recuperar numerosos documentos que permanecían dispersos en archivos civiles y eclesiásticos. Gracias al trabajo de investigadores como Lorenzo Boturini, Joaquín García Icazbalceta y Primo Feliciano Velázquez, entre otros, fue posible reunir una gran cantidad de fuentes que hoy permiten estudiar el acontecimiento con una base documental mucho más amplia que la conocida por generaciones anteriores. El desarrollo de la historiografía guadalupana demuestra un crecimiento constante del conocimiento y no una disminución de las evidencias.

La permanencia de la devoción guadalupana a lo largo de casi cinco siglos constituye también un dato histórico relevante. Más allá de las controversias surgidas en distintos momentos, la memoria del acontecimiento ha permanecido viva mediante documentos, celebraciones litúrgicas, tradiciones populares, expresiones artísticas y estudios académicos. La convergencia de todas estas manifestaciones confirma que el Milagro Guadalupano no pertenece únicamente al ámbito de la tradición religiosa, sino también al patrimonio histórico y cultural de México y de toda América.

FUENTES


  • Chávez, E. (2023, 20 de febrero). Módulo 4.7. Diplomado: La Verdad de Guadalupe [Material de diplomado]. Instituto Guadalupano.
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