Módulo 4. 4 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.
Clase 30 – Enero -2023
El debate sobre la imagen: Retoques vs. Añadidos y la refutación a la NASA
Se rechaza tajantemente la teoría de que ciertos rasgos (como que la Virgen se vea “más gordita” o clara debido a luces y sombras) representen deliberadamente a los hispanos frente a los indígenas. “Es pura especulación”.
- Retoques de embellecimiento: en el transcurso de los siglos la imagen sufrió ciertos retoques para embellecerla, pero no son añadidos. Un ejemplo de esto ocurrió en el siglo XVI debido a la disconformidad con la costura original de la tilma.
- Refutación a Callahan y Smith (disque de la NASA): Estos investigadores afirmaron que el Ángel era un añadido posterior, lo cual es falso. El Ángel siempre ha estado en todas las copias e incluso en trazos someros como el Códice de 1548.
- Evidencia física y el análisis por el reverso:
- Callahan y Smith vieron la imagen de cerca porque les dieron acceso, pero no la estudiaron con “ojo estudioso”.
- Al observar la imagen por la parte de atrás, se constata que la orla dorada del manto no pasa por debajo del dedo del Ángel, sino que lo rodea perfectamente. Si el Ángel fuera un añadido superpuesto, la orla dorada sería visible de forma corrida por detrás, pero no lo es: el Ángel es parte del lienzo original.
- La Corona y los Rayos: La imagen nunca tuvo corona. Lo que se interpretó como tal fue una franja dorada de retoque que se colocó encima de los rayos auténticos del sol; con el tiempo, esa franja se fue cayendo y desapareció, pero los rayos originales (que sí se aprecian por detrás del lienzo) permanecen.
Los Signos de los Tiempos (Diciembre de 1531)
- Los sucesos guadalupanos se enmarcan en los signos manifestados entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, periodo en el que se registraron terremotos, un torbellino de fuego, un cometa y un eclipse.
- La coincidencia de Panquetzaliztli: Dentro de estos signos temporales, el peso fuerte radica en que el 12 de diciembre de 1531 coincidía con la fiesta indígena de Panquetzaliztli.
- Los manuscritos originales: El acontecimiento es plasmado por Antonio Valeriano, cuyos escritos se convirtieron en la fuente histórica primordial, aunque en su momento prácticamente nadie los podía leer.
- Aclaración sobre los Macehuales y Mario Rojas, en la introducción del libro de Mario Rojas (fundador de los Macehuales, un gran señor humilde que ya está en el cielo), se afirma erróneamente que él fue el primero en traducir el Nican Mopohua al español. El expositor aclara que, aunque considera la de Mario Rojas como la máxima traducción (en la cual colaboró el propio expositor junto a monseñor José Luis Guerrero para el Instituto Superior de Estudios Guadalupanos), Rojas no fue el primero.
- Las traducciones del siglo XVIII: Las primeras traducciones palabra por palabra se realizaron en el siglo XVIII, pero permanecieron archivadas en los renglones del anonimato sin ser publicadas. Antes de esto, autores como Francisco de Florencia y Miguel Sánchez solo habían hecho síntesis e interpretaciones, no traducciones literales.
- La primera publicación literal (1926): La primera traducción palabra por palabra que se publicó y permitió entender el texto en español se debió a Primo Feliciano Velázquez en 1926 (originario de Santa María del Río, San Luis Potosí).
- Coincidencia con la Guerra Cristera:
- Esta primera publicación literal ocurre exactamente en 1926, año en que inicia la Guerra Cristera.
- Curiosamente, en 1929, coincidiendo con el fin de la Guerra Cristera, el fotógrafo y el dibujante de la Basílica descubren los reflejos humanos en los ojos de la Virgen.
- Justificación histórica a Joaquín García Icazbalceta: Debido a que el Nican Mopohua no se conoció traducido palabra por palabra al español sino hasta 1926, se justifica que Joaquín García Icazbalceta escribiera en contra de la historicidad de la Virgen de Guadalupe en 1883, ya que en ese siglo no se disponía del acceso literal a la fuente en español.
- Joaquín García Icazbalceta escribió en contra de la historicidad de la Virgen de Guadalupe en 1883 porque no tuvo acceso al texto original en náhuatl de Antonio Valeriano, conocido como el Nican Mopohua. En su lugar, basó todas sus impugnaciones en una síntesis posterior escrita por Luis Becerra Tanco, cuyo libro fue publicado en 1775. Si uno analiza el acontecimiento guadalupano basándose únicamente en la obra tardía de Becerra Tanco, las dudas de Icazbalceta parecen tener fundamento; sin embargo, al confrontar sus críticas con el manuscrito original de Valeriano, que es la fuente más cercana y exacta, la mayoría de sus argumentos quedan completamente fuera de lugar.
Canonización
- El proceso de canonización de Juan Diego fue largo y complejo porque la Iglesia se conformó durante siglos con la tradición oral y con publicaciones parciales.
- Aunque Miguel Sánchez publicó en 1648 y hubo otras difusiones en 1675, textos fundamentales como el de Luis Lasso de la Vega se mantuvieron estrictamente en náhuatl, un idioma que la mayoría de los indígenas de la época no podían leer en caracteres latinos.
- Al estar en juego el dogma de la infalibilidad papal, las autoridades en Roma desconfiaban de la tradición oral,viéndola como un “teléfono descompuesto” e ignorando la extraordinaria memoria y técnicas de memorización de los indígenas de los siglos XVI al XVIII, y exigían documentos occidentales imposibles para la época, llegando al extremo de pedir el acta de bautizo de Juan Diego, el pasaporte o la Green Card, lo cual es tan absurdo como pedir el acta de bautizo de Moctezuma o de Nezahualcóyotl para probar que existieron.
- En el ámbito filológico, el padre Mario Rojas, a pesar de su profundo amor por el náhuatl, se equivocó rotundamente al inventar hipótesis y asegurar que el nombre original de la Virgen pudo haber sido “Cuatlallupeope”. El origen de esta confusión nació con el propio Luis Becerra Tanco, quien en su libro teorizó que “pudiera ser” ese el nombre debido a que en el alfabeto náhuatl no existen las letras “G” ni “D” necesarias para pronunciar Guadalupe. Esta especulación se cae en dos patadas porque, además de carecer de sustento histórico, el mismo Becerra Tanco cayó en el colmo patético de ni siquiera utilizar su propia hipótesis en el resto de sus escritos cotidianos.

Los nativos de aquella época eran capaces de escuchar homilías e historias de santos que se extendían por espacio de dos horas y, acto seguido, poseían la habilidad de repetirlas de memoria y de manera individual, traduciéndolas a su propia lengua. Como confirma el dominico Fray Diego Durán, quien llegó a México desde su niñez, convivió y jugó con los niños indígenas y, por ende, conoció la cultura a fondo, a diferencia de Jerónimo de Mendieta, que llegó ya siendo religioso, los cantares formaban uno de los principales ramos de la educación en los templos.
Estos cantares se aprendían de memoria y se recitaban en las grandes solemnidades, sirviendo las pinturas y los códices únicamente como un auxiliar nemotécnico. El acontecimiento de la Virgen de Guadalupe funciona bajo este mismo sistema cultural y nativo: una perfecta conjunción entre la tradición oral y el códice.
Dentro de las informaciones jurídicas del siglo XVII, que recopilan los testimonios directos de los hechos acontecidos en el siglo XVI, sobresale la declaración de Marcos Pacheco. Aunque a todos los testigos de ese bloque se les llama genéricamente “indígenas de Cuautitlán”, Marcos Pacheco es, en realidad, el único mestizo de la lista. En su testimonio, Pacheco declara que todo lo que sabe se lo contaba con total distinción su tía, quien a su vez lo había escuchado directamente de boca del mismísimo Juan Diego, siendo este un asunto de carácter público tanto dentro como fuera del pueblo.

