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La historia de Guadalupe desde la perspectiva del padre Eduardo Chávez

Autoras: M. Emilia Zuchelli y Candelaria Lagier

En este artículo recopilamos toda la información obtenida del padre Eduardo Chavéz sobre el gran acontecimiento guadalupano. Esperamos ser lo más fieles posibles para transmitir su palabra.

Panquetzaliztli, Solsticio de Invierno y el Año 13 Caña

Hay que situar el acontecimiento guadalupano en una dimensión histórica y universal. Las fechas del 9 al 12 de diciembre de 1531 no son sólo históricas sino trascendentes: ocurren en un momento concreto, pero para todos los tiempos y naciones (Panquetzaliztli #1 – Patronato Guadalupano | P. Eduardo Chavez), porque se desarrolla en el mundo sacrificial mesoamericano donde los testimonios hablan sobre miles de sacrificios humanos. (Panquetzaliztli, 3 Parte, Sigue Contexto Histórico). 

Es entre el contexto y las fechas de acontecimiento que se da una relación muy importante: entre Panquetzaliztli y el solsticio de invierno. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)

La fiesta de Panquetzaliztli se relaciona con el solsticio de invierno, una celebración presente en diversas culturas por el significado simbólico del momento en que el sol parece debilitarse, cuando los días son más cortos y las noches más largas. En el mundo indígena existía la expectativa de si el sol volvería a vencer las tinieblas, y dentro de esa lógica se situaba esta fiesta vinculada a Huitzilopochtli, el dios de la guerra. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)

En ese contexto, se propone que el 12 de diciembre de 1531, leído desde el calendario juliano, corresponde al solsticio de invierno. Esto vincularía las apariciones con la victoria de la luz sobre tinieblas, el renacimiento del sol y el simbolismo cósmico compartido por culturas antiguas. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)

También hay un elemento que resalta y es el simbolismo del número cuatro: los cuatro días de la aparición se relacionan con los cuatro rumbos del universo. Es decir, con los cuatro movimientos y con los relatos míticos según los cuales el mundo comenzó y terminará en “cuatro terremotos”. En este último punto salta uno de los signos de los tiempos, conformados por los terremotos, los cometas y el eclipse de 1531, todos registrados en códices. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)

Eduardo Matos Moctezuma describe esta fiesta ligada al renacimiento del sol en el solsticio. Dentro de esa visión, los mexicas concebían al Templo Mayor como centro del universo y entendían que, mediante sacrificios y ofrendas, ayudaban al sol a renacer. También menciona la imagen de Huitzilopochtli elaborada con masa de amaranto, elevada ritualmente como símbolo del ascenso del sol tras vencer la oscuridad. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)

Autores como Fray Toribio de Benavente Motolinía, Jerónimo de Mendieta y Diego Durán, explican la fiesta de Panquetzaliztli como “pascua indígena”. Ellos nombraban las preparaciones para ese evento y describen esas cuaresmas de ochenta días, marcadas por ayunos severos y penitencias extremas, incluyendo autosacrificios de sangre. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)

Fray Diego Durán describe cómo eran aquellas fiestas, destacando el parecido a la pascua: 

  • Distribución universal del ídolo de masa.
  • Recepción con lágrimas y reverencia.
  • Expresión de comer la carne y huesos del dios.
  • Porciones llevadas incluso a enfermos.
  • Predicación sobre ley y mandamiento (comunión y catequesis). (Panquetzaliztli,10 Parte)

En la rueda cronológica atribuida a Lorenzo Boturini en su libro Historia General de la América Septentrional, aparece señalado el mes de Panquetzaliztli como el “mes donde se levantan las banderas” y se indica la importancia de ese símbolo de las banderas, especialmente a la bandera azul, asociada con lo celeste y lo divino. Todo esto se presenta como parte de un trasfondo simbólico que ayudaría a entender mejor por qué las apariciones suceden justamente en esos días. (Panquetzaliztli, 5 Parte, Santa María de Guadalupe hace una perfecta inculturación)

Este levantamiento de banderas también aparece a su vez en el Codex Telleriano-Remensis, donde está acompañado de anotaciones en caracteres latinos hechas por europeos a partir de explicaciones indígenas. Además aquí se describe que durante esa fiesta se hacía un gran bollo o masa de amaranto (el huauhtli o tzohualli) mezclado con miel, que era bendecido “a su modo”, dividido en pequeños pedazos y distribuido por el sacerdote a los participantes, incluso se dice explícitamente “como a manera de comunión”, y se aclara que esta comparación no es una interpretación moderna, sino una observación presente en la propia glosa del siglo XVI. (Panquetzaliztli, 5 Parte, Santa María de Guadalupe hace una perfecta inculturación)

En aquella fiesta de Panquetzaliztli se da algo muy importante que es el anhelo radical de vida que emerge en ese momento. Y eso es lo que la Virgen toma, ese anhelo de vida que emerge en medio de la catástrofe, un anhelo que aparece en un momento percibido como límite entre oscuridad y renacimiento. (Panquetzaliztli, 6 Parte)

Además, los indígenas no estaban pasando solo esta fiesta sino que venían viviendo diez años de conquista por los españoles y su mundo estaba devastado por:

  • destrucción de estructuras sociales, políticas, económicas y religiosas;
  • choque de dos mentalidades completamente distintas;
  • derrumbe del universo simbólico indígena;
  • y además la catástrofe demográfica causada por la viruela, que había diezmado millones.

En ese escenario, el anhelo de vida estaría “a flor de piel”. Y justamente eso sería lo que Guadalupe asumiría. No se trata solo de símbolos o calendarios, sino de una lectura antropológica y espiritual. Guadalupe no vendría a tomar elementos idolátricos, sino a responder a un clamor humano profundísimo surgido en un momento de angustia histórica, cultural y cósmica. (Panquetzaliztli, 6 Parte)

Los sacrificios humanos que, para los indígenas, era lo más alto que podían ofrecer para sostener el universo, en la mirada española del siglo XVI era interpretado como algo demoníaco, por lo que eran prohibidos. Como ellos no podían ofrecer sacrificios creían que las consecuencias eran la viruela, que había diezmado a la población indígena por millones, y los “signos de los tiempos”: los tres terremotos de 1530, el cometa registrado en códices y el eclipse de 1531, porque ya no había corazones ni sangre para sostener el universo y el orden cósmico entraba en peligro. De esta manera, había dos mentalidades completamente distintas, dos universos simbólicos enfrentados que chocaban. (Panquetzaliztli, 7 Parte, Calendarios para identificar el Solsticio de invierno)

En este contexto, no solo los indígenas sufrían un sentimiento apocalíptico, sino que muchos misioneros vivían su propia lucha. Por ejemplo, el Fray Juan de Zumárraga estaba en constante tensión con la Primera Audiencia y con figuras como Nuño de Guzmán, que atentaron contra su vida. (Panquetzaliztli, 7 Parte, Calendarios para identificar el Solsticio de invierno)

Otra coincidencia con el solsticio de invierno y la fiesta de Panquetzaliztli era el año 13 Caña, un signo de “una nueva era comienza” que aparece en el códice de la fundación de México y también en la llamada Aztec Sun Stone, vinculada al oriente, “la casa de la luz”, y también a la música, la verdad divina (flor y canto) y la sabiduría (el difrasismo negro y rojo). (Panquetzaliztli, 8 Parte)

Según una lectura a partir de interpretaciones asociadas a Miguel León-Portilla, 1531 corresponde precisamente a 13 Caña, y eso daría un nuevo sentido al hecho de que la Virgen aparezca justamente ese año. Por un lado se entiende como año de cambio de era, por otro este cambio coincide con el solsticio de invierno, el momento en donde se decidía si la luz vencería o no a las tinieblas. Pero esta vez llevaban diez años sin sacrificios humanos y, desde la lógica indígena, ya no había corazones ni sangre que “alimentarán” al sol, provocando así el temor de que el cosmos no pudiera renovarse y el anhelo de vida fuera llevado a un punto extremo. (Panquetzaliztli, 8 Parte)

En ese marco se entiende la referencia a los antiguos coloquios de 1524, los llamados Coloquios de los Doce, donde se recuerda aquella frase atribuida a los sabios indígenas: “Si nuestros dioses han muerto, déjennos morir”. Esto en conjunto con diferentes textos poéticos nahuas que hablan sobre la fugacidad de la vida, el abandono y la búsqueda de Dios, muestran lo que conforma el trasfondo espiritual de 1531: un mundo que siente acabarse y busca vida. (Panquetzaliztli, 8 Parte)

Hay una cuestión con el calendario y la fecha del 9 al 12 de diciembre donde parece que no coinciden las fechas. Pero en la bula Inter gravissimas, el Pope Gregory XIII ordenó corregir el calendario suprimiendo diez días (del 5 al 15 de octubre de 1582) para resolver precisamente ese desfase. Se cita incluso el Lunario Novo conservado en el Archivo Secreto Vaticano como documentación de esta reforma (Arm. I-XVIII 5506, f. 362)7. (Panquetzaliztli, 8 Parte)

El 12 de diciembre de 1531, leído según el calendario corregido tras la reforma gregoriana de 1582, corresponde al 22 de diciembre, es decir, al solsticio de invierno. De este modo el 12 diciembre conservaría la fecha histórica tradicional y el 22 diciembre expresaría su correspondencia astronómica. Y ambos quedarían dentro de Panquetzaliztli, siendo el 22 su culmen. (Panquetzaliztli, 9 Parte)

Este desfase ya se había corregido anteriormente y había sido mencionado en textos históricos como por ejemplo Luis Becerra Tanco o Cayetano Cabrera y Quintero. (Panquetzaliztli, 9 Parte)

El autor Gabriel Kenrik Kruell profundiza en la dimensión astronómica, explicando que Panquetzaliztli estaría ligado al nadir solar, el punto más bajo del sol antes de iniciar su ascenso y desarrolla el recorrido anual del sol como gran ciclo vital:

  • oriente = nacimiento
  • cenit = plenitud
  • occidente = declive
  • sur / nadir = aparente muerte y retorno (precisamente donde se sitúa Panquetzaliztli)

Esto no solo refuerza el simbolismo luz/tinieblas, sino que lo vuelve más elaborado cosmologicamente. Además la importancia del solsticio no sería exclusivamente mesoamericana, sino que aparece en múltiples culturas como experiencia humana universal donde se experimenta el punto extremo de oscuridad del que renace la luz. (Panquetzaliztli, 9 Parte)

Gabriel Kenrik Kruell también destaca que la fiesta implicaba no solo rito, sino renovación del vínculo del pueblo con su dios. Es decir, no solo es una analogía formal con la comunión, sino una relación viva con la divinidad. Y aquí el argumento llega a una síntesis teológica particularmente fuerte: si Panquetzaliztli era una “pascua” vinculada al sol, al sacrificio, a la renovación cósmica, Guadalupe traería la verdadera Pascua, la verdadera comunión y el verdadero Dios. (Panquetzaliztli,10 Parte)

La imagen de la Virgen de Guadalupe, impresa en la tilma de Juan Diego, es entendida por el Padre Eduardo Chávez como un mensaje profundamente codificado en el lenguaje simbólico indígena. Cada elemento de la imagen tiene un significado concreto y habla en la cosmovisión del pueblo al que fue dirigida.

Para Chávez, Guadalupe no es solamente una aparición mariana. Es una teofanía, porque manifiesta a Dios; una mariofanía, porque manifiesta a María; y también una eclesiofanía, porque anticipa y expresa lo que es la Iglesia: una familia de Dios, reunida en la humildad, la fraternidad y la comunión.

Lo central de toda la imagen es que María no viene a hablar de sí misma, sino a traer a Jesucristo. Todo en la tilma apunta hacia Él.

Las apariciones suceden entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, en un momento especialmente duro para México. Después de la conquista, el pueblo indígena atravesaba una situación de profunda crisis: enfermedades, esclavitud, muerte y desesperación.

En 1529, fray Juan de Zumárraga había escrito que si Dios no intervenía, la tierra estaba a punto de perderse totalmente. Chávez interpreta las apariciones de Guadalupe como la respuesta de Dios a ese clamor.

Por eso la Virgen se presenta diciendo:

“Soy tu madre, la madre de todos los que habitan esta tierra y de las demás variadas estirpes y naciones”.

Desde el comienzo, el mensaje es universal.

Uno de los conceptos centrales en Chávez es el de inculturación. Esto significa que Dios se comunica usando el lenguaje propio de una cultura.

La Virgen de Guadalupe no aparece de manera ajena al mundo indígena, sino tomando sus símbolos, colores, números y formas de entender el universo.

Chávez habla de las “semillas del Verbo”: elementos de verdad ya presentes en esa cultura, que encuentran su plenitud en Cristo.

Por eso para entender la tilma es necesario conocer:

  • la filosofía nahua
  • su lenguaje simbólico
  • sus códices
  • su forma de expresar lo sagrado

Muchas veces se habla del “lienzo” de Guadalupe, pero en realidad se trata de una tilma, la capa cotidiana que usaban los indígenas, hecha en telar de cintura.

Esto es importante porque sus características son muy distintas a las de un soporte común de pintura. La tela:

  • está hecha a mano
  • tiene nudos en la trama
  • tiene poros y agujeros
  • presenta una superficie irregular

Los pintores que estudiaron la imagen afirmaron que la tela no estaba “aparejada”, es decir, no tenía ninguna preparación previa para ser pintada.

Normalmente una tela se prepara para:

  • alisar la superficie
  • cerrar los poros
  • evitar que la pintura se absorba

Pero en este caso no existe ni esa preparación ni imprimación. Esto vuelve todavía más extraño el nivel de detalle de la imagen.

Otro dato importante es que la imagen atraviesa la tela y puede verse también desde el reverso. Al no haber preparación, el color pasa por los poros del tejido.

Esto es importante porque también confirma algo fundamental: Juan Diego no llevaba la imagen pintada.

Los sirvientes del obispo vieron que solo llevaba flores y hasta intentaron tomarlas. El relato del Nican Mopohua dice claramente que la imagen aparece en el momento en que despliega la tilma.

Los pintores que estudiaron la imagen en los siglos XVII y XVIII afirmaron que no es posible identificar con claridad la técnica usada.

Parece combinar:

  • óleo
  • temple
  • aguazo
  • temple labrada

Pero lo más extraño es que no se perciben pinceladas.

Más bien el color parece:

  • metido en los poros
  • teñido en el hilo
  • compuesto de muchísimos matices

Al observarla de cerca aparecen tonos azules, verdosos, morados, rojizos y lilas que desde lejos no se distinguen.

Todo esto resulta aún más sorprendente considerando que pintar con ese nivel de precisión sobre una tilma sería extremadamente difícil.

Uno de los signos más claros es la cinta oscura que lleva sobre el vientre. Para el mundo indígena esto indicaba embarazo.

Al mismo tiempo, su cabello partido al medio y peinado hacia abajo era signo de virginidad. Por eso Juan Diego comprende enseguida que está frente a una mujer que es virgen y madre a la vez. La Virgen aparece así como la Mujer de Adviento, llevando en su vientre a Jesucristo.

Ese embarazo también tiene un sentido cósmico: en su vientre se concentra la armonía del universo, pero ella no trae simplemente armonía, sino al Dueño del cielo y de la tierra.

La Virgen aparece rodeada por el sol. Sin embargo, el sol no la absorbe ni la domina. Ella permanece en el centro. Y como está embarazada, el verdadero centro de ese sol es Jesús. Para Chávez, Cristo es el verdadero sol. El sol de justicia. María aparece entonces como portadora de esa luz.

Sobre el vientre aparece una flor de cuatro pétalos: el Nahui Ollin. Su significado es “siempre en movimiento” y representa el centro del universo. Esto señala que en el vientre de María está Dios. Fernando Ojea descubrió además que esta flor coincide con el Cerro de la Estrella, lugar donde se realizaba el rito del fuego nuevo. Ese fuego nuevo es interpretado como Jesús, la nueva Pascua.

Dentro de la cosmovisión indígena, la expresión “flor y canto” representa la verdad absoluta. Por eso las flores del Tepeyac no son un detalle secundario. Son una señal de verdad. Además, la aparición ocurre entre canto de pájaros y flores, reforzando esa idea. Todo lo que allí sucede es verdadero y sagrado.

Los números también tienen un valor simbólico.

En la tilma:

  • las flores son de cuatro pétalos
  • las estrellas son de ocho

Para los indígenas:

  • el cuatro representa los cuatro rumbos del universo
  • el ocho representa lo máximo de lo máximo

El manto azul verdoso era un color reservado a emperadores.

Representa:

  • el cielo
  • la vida
  • la realeza

Por eso Juan Diego reconoce en ella a una reina.

Sobre ese manto aparecen estrellas que, según Mario Rojas, coinciden con las constelaciones visibles en México en el momento de la impresión.

La posición del cuerpo también es significativa. Un pie se apoya sobre la luna y el otro permanece flexionado. Sus manos acompañan ese movimiento. Para los indígenas, bailar era una forma de orar. Por eso la Virgen aparece bailando y rezando al mismo tiempo.

Su rostro está inclinado hacia abajo, en señal de respeto. Esto indica que hay alguien mayor que ella. Ese alguien es Cristo. Nuevamente, ella no ocupa el centro, sino que lo señala.

A sus pies aparece un ángel, interpretado por Chávez como el cuauhtlatoatzin, “águila que habla cosas divinas”. Sus alas son de águila y sus colores, junto al negro de la luna, representan los cuatro rumbos del universo:

  • negro → norte
  • azul → sur
  • blanco → poniente
  • rojo → oriente

El ángel une cielo y tierra:

  • sostiene el manto azul (cielo)
  • sostiene el vestido rosa (tierra)

No está cargando a la Virgen, sino presentando a Jesús. Para Chávez también representa a Juan Diego, el mensajero.

El vestido rosa representa la tierra. Sus flores no son decoración: para la mentalidad indígena representan la tierra misma. En el cerro aparecen además diez flores con forma de corazón. Sus raíces están dentro del manto azul. Esto significa que la tierra tiene sus raíces en el cielo. Es la imagen del paraíso.

Tanto la Virgen como el angelito llevan un medallón a la altura del cuello. Ese lugar representaba el corazón. Los pueblos indígenas solían colocar jade en esa zona de sus ídolos. La Virgen lleva allí una cruz. Esto muestra que su corazón está unido al corazón de Cristo.

La Virgen está rodeada de nubes. En la tradición indígena, “niebla y nube” significan “lugar desconocido”.

Esto quiere decir que ella:

  • viene del cielo
  • trae regalos espirituales
  • hace visible a Dios invisible

La luna negra representa el eclipse. Y el eclipse, para los indígenas, era símbolo de muerte y mal.

Por eso la Virgen pisa lo negro de la luna: pisa el mal. Además aparece en el “ombligo de la luna”, es decir México, entendido como centro sagrado del cosmos.

Con el paso del tiempo, algunas personas quisieron embellecer ciertos sectores, como la luna, agregándole plata. Con la humedad, ese material terminó deteriorándose y cayéndose. También hubo daños por la enorme devoción popular, ya que durante siglos la gente tocó la tilma. Chávez insiste mucho en que no hay que inventar significados.

Para interpretar correctamente la imagen hacen falta:

  • fuentes
  • documentos
  • códices
  • convergencia histórica

Por eso critica las teorías de Philip Callahan y Jody Brant Smith, que afirmaban que elementos como el ángel, los rayos o las estrellas fueron añadidos después. Sin embargo, copias del siglo XVI como la Virgen de Guadalupe de Lepanto o la de Baltasar de Echave ya muestran todos esos elementos. Por eso Chávez sostiene que forman parte original de la imagen.

El Padre Chávez también aclara que no le gusta llamar a María “corredentora”. Prefiere llamarla Madre del Redentor. Porque el único Salvador es Cristo. María también es salvada por Él, no del pecado cometido, sino preservada del mal.

La aparición ocurre al comenzar el alba. Eso marca el inicio de un nuevo día. Y simbólicamente, un nuevo comienzo para el pueblo. Una renovación espiritual.

La verdadera señal no fueron solamente las flores. La señal fue la imagen misma. Y Chávez concluye que hoy la verdadera señal viva es la Iglesia. Así como María llevó a Cristo al mundo, cada creyente está llamado a hacer lo mismo. Ese es, en definitiva, el corazón del mensaje guadalupano.

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