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Las APARICIONES de la VIRGEN en México en 1531

En una entrevista, el padre Eduardo Chávez cuenta el relato de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en México en 1531, basándose en fuentes históricas.

El documento principal que narra estos hechos es el Nican Mopohua, escrito entre 1545 y 1546 por Antonio Valeriano. Este texto reúne los testimonios del propio Juan Diego, que fueron transcritos en caracteres latinos, y es considerado la base del relato guadalupano.

El 9 de diciembre de 1531, Juan Diego caminaba siguiendo instrucciones de los franciscanos. Cuando estaba cerca del cerro del Tepeyac, escuchó un canto muy hermoso que venía desde la cima.

El cerro era un lugar árido y pedregoso, pero de repente ante sus ojos se transforma en algo casi paradisíaco, con elementos muy propios de la cosmovisión indígena como plumas, oro y jade. Juan Diego se pregunta si habrá llegado a la “tierra de las flores”, es decir, el paraíso. En ese momento escucha una voz que lo llama con ternura: “Juan Dieguito”. Este diminutivo, muy típico de la cultura latina, expresa cercanía y cariño. Cuando sube, se encuentra con una noble doncella que lo invita a acercarse.

Juan Diego, que era de origen tolteca, pertenecía a una cultura que ya intuía que existía una sola divinidad suprema. A esa divinidad la llamaban “el verdaderisimo Dios por quien se vive, dueño del cielo y la tierra”, aunque no llegaban a creer en un Dios absoluto y único.

Entonces la Virgen se presenta como la madre de ese Dios. Según explica el padre Chávez, ella usa categorías culturales indígenas para transmitir el mensaje cristiano, poniendo a Jesús en el centro de la identidad espiritual. Ella le dice que es la madre de ese Dios al que ellos llamaban “el verdaderisimo Dios por quien se vive, dueño del cielo y la tierra”. De esa manera, al dirigirse a María también se llega a Jesús.

La Virgen le pide a Juan Diego que vaya a ver al obispo para solicitar la construcción de una “casita sagrada”, pero aclara que no se debe hacer nada sin la autorización del obispo. El obispo era Juan de Zumárraga. Él no rechaza a Juan Diego, pero tampoco le cree enseguida. Lo escucha con respeto y le dice que vuelva otro día.

Cuando Juan Diego vuelve con la Virgen y le cuenta lo que pasó, siente que la misión es demasiado grande para él. Entonces le pide que elija a otra persona. Le dice algo muy humilde:

“Yo no soy nada, elige a alguien más respetado e importante que yo. Yo soy solo un objeto de carga, a mí me tienen que conducir”.

Pero la Virgen insiste en que tiene que ser él. Le ruega que sea su mensajero y le dice:


“Tengo a muchos, mi hijo, pero es necesario que seas tú personalmente.”

Cuando Juan Diego vuelve a hablar con el obispo, éste le pide una señal para comprobar que todo lo que dice es verdadero. Después de la visita, el obispo manda a algunos de sus acompañantes a seguir a Juan Diego para ver si lo que contaba era cierto. Pero lo pierden de vista y terminan diciéndole al obispo que ese indio los estaba engañando, e incluso sugieren que si volvía habría que pegarle.

Juan Diego regresa con la Virgen y ella le dice que vuelva al día siguiente para recibir la señal que el obispo pidió.

Pero aparece un problema inesperado. El tío de Juan Diego, Juan Bernardino, cae gravemente enfermo. Juan Diego intenta conseguir ayuda médica, pero no lo logra. Entonces su tío le pide que al día siguiente vaya muy temprano a buscar un sacerdote para prepararse para morir. El 12 de diciembre, a las 2:30 de la madrugada, Juan Diego sale apurado para buscar un sacerdote. Pero en el camino la Virgen baja a su encuentro y le pregunta qué le pasa.

Juan Diego le cuenta que su tío está muy enfermo. Entonces ella le responde:

“No tengas miedo, ¿no soy yo acaso tu protectora, la fuente de tu salud?”

La Virgen le asegura que su tío ya está sano. En ese mismo momento no solo se cura Juan Bernardino, sino que Juan Diego también recupera la paz. La Virgen también se le aparece al tío ya sanado y le revela su nombre: María de Guadalupe. Según explica el padre Chávez, este nombre tiene un significado simbólico profundo: “María” es de origen judío y “Guadalupe” tiene raíz árabe, representando la unión de culturas que históricamente habían estado enfrentadas.

Después de esto, Juan Diego vuelve con la Virgen y le pide el favor de poder cumplir su misión y ser su mensajero. Entonces la Virgen le dice que suba a la cima del cerro y corte las flores que encuentre. Aunque era invierno y el lugar era árido, Juan Diego encuentra flores frescas.

En la cultura indígena, las flores simbolizan la verdad. La Virgen acomoda esas flores en la tilma de Juan Diego, representando la verdad divina, la verdad de Dios depositada en las personas. Juan Diego vuelve a presentarse ante el obispo. Los criados intentan agarrar las flores, pero no pueden. Esto se interpreta como un signo de que la verdad divina no puede ser apropiada por la mentira o la traición.

Cuando Juan Diego abre la tilma, ocurre el milagro: queda impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe. El obispo cae de rodillas, completamente conmovido, llorando y pidiendo perdón. Según el historiador español Miguel Cabrera, en ese momento el obispo se derrumba frente a María, Jesús en su vientre y el laico (Juan Diego).

Finalmente, Juan Diego señala el lugar donde la Virgen quería su “casita sagrada”: el llano del Tepeyac. Aunque era un lugar propenso a inundaciones, fue el sitio que la Virgen eligió. Cuando Juan Diego regresa a su casa, encuentra a su tío completamente sano. Gracias a él también se confirma el nombre con el que la Virgen quería ser conocida: Virgen de Guadalupe.

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