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Los detalles ocultos de la tilma de Guadalupe: manos, manto, moño y luna

La imagen de la Virgen de Guadalupe impresa en la tilma de Juan Diego ha sido objeto de numerosos estudios científicos y artísticos a lo largo de las últimas décadas. Entre los más conocidos se encuentran los realizados por los investigadores Philip Callahan y Jody B. Smith, quienes analizaron la imagen mediante fotografía infrarroja y luz visible.

A partir de estos estudios, los investigadores observaron que algunos elementos visibles hoy en la imagen parecen haber sido añadidos posteriormente, mientras que la figura central de la Virgen, su rostro, la túnica rosada y gran parte del manto, pertenecerían a la imagen original de la tilma.

Esta distinción entre la figura original y las intervenciones posteriores permite comprender mejor cómo se fue transformando la imagen a lo largo del tiempo.

Uno de los indicios más interesantes observados durante los análisis técnicos son las cuatro líneas de dobleces que atraviesan la imagen. Estas marcas corresponden a los pliegues naturales de la tilma y pueden verse con claridad mediante luz visible e infrarroja.

Según el estudio realizado por Callahan y Smith, estas líneas desaparecen al llegar al resplandor solar que rodea a la Virgen.

Este detalle sugiere que la figura central ya estaba presente en la tela cuando posteriormente se añadió el resplandor dorado del fondo. En otras palabras, la figura de la Virgen sería anterior al halo solar que hoy la rodea, lo que permite reconstruir parcialmente el orden de las intervenciones realizadas sobre la imagen.

Entre los elementos que, según estos estudios, no pertenecerían a la composición original de la tilma, se encuentran el moño negro que aparece bajo el pecho de la Virgen y la luna situada a sus pies.

El estilo pictórico de estos elementos coincide con rasgos del Gótico internacional, un estilo artístico difundido en España entre los siglos XV y XVI. En ese período era frecuente incorporar detalles ornamentales.

El estado actual de estos elementos también ofrece pistas importantes. Tanto el moño como la luna presentan grietas visibles y un tono grisáceo que contrasta con la conservación del resto de la imagen.

Los estudios sugieren que el pigmento utilizado podría ser óxido férrico, conocido entre los pintores como “negro de Marte”. Este tipo de pigmento es pesado y tiende a agrietarse cuando no se fija correctamente sobre una superficie textil, un comportamiento que coincide con el deterioro observado en estas partes de la tilma.

El manto azul de la Virgen constituye otro de los aspectos más estudiados de la imagen. Los análisis técnicos indican que el color azul del manto probablemente forma parte de la imagen original de la tilma.

Se trata de un azul oscuro con tonalidades turquesas que no coincide plenamente con los pigmentos europeos habituales del siglo XVI. Su apariencia recuerda más a los azules utilizados por algunas culturas mesoamericanas en murales y códices.

Sin embargo, los estudios también sugieren que varios elementos decorativos del manto fueron añadidos posteriormente.

Las imágenes infrarrojas muestran que el contorno negro que delimita el manto, la franja dorada de su borde y las estrellas doradas distribuidas sobre la tela fueron aplicados en diferentes etapas. Primero habría sido incorporado el resplandor solar del fondo, luego el perfil negro del manto, después la franja dorada del borde y finalmente las estrellas.

Esto indica que el manto azul pertenecería a la imagen original, mientras que algunos de sus detalles ornamentales serían intervenciones posteriores.

Las manos de la Virgen constituyen otra zona donde los estudios detectaron posibles modificaciones.

Según los análisis realizados por Callahan y Smith, los dedos originales de la mano izquierda eran aproximadamente doce milímetros más largos que los actuales y se proyectaban en una dirección ligeramente diferente.

Para modificar esta forma se añadieron líneas negras en la parte superior de la mano izquierda y en la inferior de la derecha. Estas líneas alteraron la silueta de las manos, haciéndolas parecer más cortas y anchas.

El resultado fue una apariencia más cercana a los rasgos físicos asociados a la población indígena. Además, los investigadores observaron que algunos elementos decorativos, como los brazaletes dorados visibles hoy, parecen haber sido pintados con el mismo oro transparente utilizado para las estrellas del manto, lo que sugiere que pertenecen al mismo período de intervención.

También detectaron que ciertos detalles decorativos, como el armiño de los puños y las mangas blancas visibles bajo las pulseras, fueron pintados sobre la túnica rosada, respondiendo a estilos artísticos europeos de la época.

Los estudios técnicos realizados sobre la tilma sugieren que la imagen que hoy contemplan los fieles es el resultado de varias intervenciones realizadas a lo largo del tiempo.

Algunos elementos, como los rayos del sol, el moño, la luna, las estrellas del manto o ciertos detalles de las manos, muestran características propias de la pintura aplicada posteriormente sobre la tela.

En cambio, la figura central de la Virgen, su rostro, la túnica y el color del manto parecen pertenecer a la imagen original, cuya técnica continúa siendo objeto de debate entre investigadores.

Este contraste entre la base original y las intervenciones posteriores no disminuye el interés por la tilma; al contrario, permite comprenderla como una imagen que ha atravesado siglos de historia, devoción y reinterpretaciones artísticas.

Precisamente en esa superposición de capas, históricas, artísticas y simbólicas, reside buena parte del misterio que sigue rodeando a la Virgen de Guadalupe.

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