Skip to main content
Imprimir

Módulo 2. 7 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.

19 – Septiembre – 2022

El Anhelo de Vida y el “Flor y Canto”

Lo que anhela tu corazón son las semillas del Verbo: es lo bueno, lo verdadero; en un buen sentido categórico, es un anhelo de vida. ¡Anhelo de vida, no anhelo de muerte!

Nada se logrará si no se ponen en movimiento los anhelos de felicidad y justicia, las exigencias de grandes significados para la vida y de ideales de una vida buena para todos, que laten irreprimibles en el corazón de las personas y que conmueven a los pueblos. Son esos anhelos, esas exigencias y esos ideales los que desatan sus energías de libertad, creatividad, solidaridad, sacrificio y esperanza.

Después de los terremotos, sobre todo el de 1985, se vio claramente la solidaridad del pueblo; así que prácticamente de ahí brota en el corazón. Esto lo dice Guzmán Carriquiry. Él fue el que estaba como encargado de la oficina de la Pontificia Comisión para América Latina; el presidente era el cardenal Marc Ouellet, pero él era el vicepresidente.

“Solidaridad” es una palabra, pero dice mucho, tiene una gran profundidad. Igual pasa entre los indígenas con el anhelo desde el corazón indígena, y lo dicen a nivel poético, porque acuérdense de que la poesía indígena es, al final de cuentas, como una oración religiosa. Dice:

“Comienzo aquí, yo cantor…”

El Difrasismo de la Verdad Divina

¿Cuál es el difrasismo de la verdad divina? Flor y canto. “Comienzo aquí, yo cantor”, está haciendo mención a flor y canto, a la verdad divina. No es nada más que el indígena se va a poner a cantar sin más, sino —te lo digo con mis palabras—: “Yo, que soy parte de la verdad, yo cantor, yo formo parte de la verdad”. Y dice:

“Comienzo aquí, yo cantor; de mi corazón brotan flores…”

Otra vez flor y canto, por favor, ténganlo en mente.

“…con este bello canto agasajo al que da la vida al mundo”.

Esto se encuentra en Ángel María Garibay, Literatura Náhuatl, tomo II, página 27. Luego, en el mismo lugar, pero en la página 31, dice:

“Cantos festivos, pintura de flores…”

¡Flor y canto otra vez! Porque la Virgen de Guadalupe, al final de cuentas, es una pintura de flores. Y esas flores fueron tomadas, donde se escucharon los cantos. Entonces, tiene mucho que ver la Virgen de Guadalupe, de principio a fin, con flor y canto. Porque al romper el alba hay cantos, y al final, cuando es la señal para el obispo, vienen esas flores de donde se escucharon los cantos. O sea, todo el acontecimiento se enmarca en la verdad divina, en el flor y canto.

Cuando está diciendo aquí el poeta “cantos festivos, pintura de flores”, se tiene en cuenta que está hablando de la imagen de la Virgen de Guadalupe o del acontecimiento guadalupano: cuando por los cantos y por las flores se plasma una pintura.

Otro punto que dicen los indígenas es que nosotros somos esa pintura de Dios, y entre su melancolía dice: “El Dios que nos va a borrar nuestra pintura…”, o sea, que nos va a despedazar. Bueno, seguimos: “cantos festivos, pintura de flores”. Esto viene soltando, viene desplegando… ¡oírlo! Sigue Ángel María Garibay, pero en la página 41:

“Busco el placer de tus flores…”

¿Cuál es el anhelo de vida de un indígena? Las flores.

“Busco el placer de tus flores, la alegría de tus cantos, tu riqueza…”

O sea, ¿qué es lo que anhela el corazón indígena? La verdad divina. “Busco esos cantos, suspiro por esas flores…” Todo es verdad divina a través de canto y flores (flor y canto).

Qué interesante que todo lo que anhela el poeta indígena prácticamente se ve plasmado en lo que es el acontecimiento guadalupano: esa pintura de flores, esa pintura entre cantos. Lo que anhela el indígena es la verdad. A

Y luego dice:

“He venido a estar cortando flores sobre la Tierra…”

Poseer la verdad divina. Cortar flores es poseer la verdad divina. No es nada más cortarla, sino que el cortarla significa poseer. Yo poseo esas flores divinas.

La Promesa de la Vida Eterna

¿Y por qué tanto con la flor, por qué tanto anhelar poseerla? Porque ellos sabían que lo de aquí abajo se marchita, se muere.

Por eso, ante el anhelo que tiene el corazón indígena, viene la Virgen de Guadalupe trayendo como centro a Jesucristo, al verdaderísimo Dios por quien se vive, y cubre todos sus anhelos.

“Solo provienen de su casa esas flores, de la eternidad del interior del cielo; solo de allá vienen las variadas flores…”

Porque solamente eso de poseer la vida viene del cielo. Eso es lo que Jesús te da: la eternidad de la vida.

No estamos hechos para la muerte, estamos hechos para la vida eterna. Y en la otra vida todos nos vamos a reconocer. Y eso de que todos nos vamos a reconocer significa que vamos a vivir en la plenitud.

¿Cómo sabemos que es un cuerpo glorioso? ¿Cómo sabemos que ya no se va a corromper? ¿De dónde salió esa idea? De la resurrección de Cristo. Y como todos vamos a la resurrección, vamos a resucitar con un cuerpo glorioso. Por eso, a lo que dice aquí: “Solo provienen de su casa, del interior del cielo, solo de allá vienen las variadas flores”.

Juan Diego en el Paraíso

Acuérdate, por favor, de Juan Diego el sábado 9 de diciembre al pie del Tepeyac:

“¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá en el paraíso que mis ancestros me dijeron?”

¿Y a dónde lo manda la Virgen de Guadalupe? A cortar flores ahí; o sea, en el cielo, en el paraíso. Lo que está transformado como paraíso, en otras palabras, le da el regalo de poseer la verdadera vida, que solamente se da en lo divino a este mortal. Por eso, Juan Pablo Segundo, cuando dice que la fiesta de Juan Diego es el 9 de diciembre, es porque ese día entran al cielo. Juan Diego entró al cielo cuando llegó al paraíso del Tepeyac; entró en el paraíso cuando la Virgen lo llamó: “Juanito, Juan Dieguito”. Y ahí va el otro, ¿no es cierto? Y ahí va el santo —pues me va a reclamar allá—, ahí va Juan Diego.

Entonces, al final, el 12 de diciembre, cuando ella le dice: “Ve, sube ahí donde me encontraste, vas a hallar flores, tómalas, córtalas, tráemelas”, ¿me explico? Y todavía, para colmo, es la Virgen quien, tomando las flores, se las pone en la tilma a Juan Diego. Acomoda la verdad divina dentro de la persona humana. Estamos hablando del acontecimiento guadalupano en su máximo esplendor. Ese es su gran anhelo. Cualquier otro te podría decir: “Padre, se me hace muy ridículo eso de cortar flores y no sé qué tanto”. Pero, por favor, entiéndelo, porque al final de cuentas, hasta los más jóvenes o los peritos, los maestros… al final de cuentas, es lo que todo el mundo está buscando: vivir, y vivir bien. Pues es eso: vivir con alegría, con plenitud, con lo máximo. ¿Qué crees que significa eso? Nada más que lo dicen poéticamente a lo indígena, con esa mentalidad de flor y canto (verdad divina). Pero es exactamente lo que todo el mundo estamos buscando: vivir bien, vivir lo máximo, poseer mi vida en plenitud. O sea, aquí la gloria cerca de mí. ¡Muy bien!

La Ermita y el Altar del Cosmos

Entonces, la Virgen de Guadalupe es modelo de evangelización perfecto. La ciudad es una representación del cosmos.

  • Un águila parada en un nopal devorando una serpiente era la señal profética en los mitos indígenas para reconocer el lugar del templo, la edificación del pueblo. Aquí no viene un águila devorando una serpiente; aquí viene el verdaderísimo Dios por quien se vive a través de María. Los indígenas decían en sus crónicas:

“Hagamos en aquel lugar del tunal una ermita pequeña donde descanse ahora nuestro Dios”.

  • Rasgo tan grande que Fray Juan de Zumárraga optó por la aprobación de esa casita sagrada haciendo una ermita. Tomó la percepción de los mismos indígenas cuando hacían una primera ermita a su dios. Ahora es una primera ermita al Dios verdaderísimo, al Dios por quien se vive. Es tal la inculturación de la Virgen de Guadalupe que hasta en ese tipo de cosas se adecúa perfectamente a la mentalidad indígena.

¿Por qué Zumárraga no escribió nada?

“Dime el lugar donde quiere la Virgen que le hagamos el templo”.

Lo hizo por proteger todo esto. Fray Juan de Zumárraga protege todo el acontecimiento guadalupano, pero no se podía hacer esa famosa ermita, y menos en ese lugar, sin la aprobación del obispo. No se puede, porque llegando el obispo, él es el que marca qué se hace y qué no se hace en su diócesis. Así que lo aprueba el obispo, y ese es el “sí” de Fray Juan de Zumárraga.

¿cómo le ibas a explicar al Rey, a quien le llegaron quién sabe cuántas acusaciones de la Primera Audiencia diciendo que estabas loco, que le hacías caso a los indígenas y que te dabas a la idolatría? Tenía acusaciones de sus enemigos quienes decían que estaba loco.

Este obispo está loco. No que no le hace caso a los indígenas… ni siquiera sabe su idioma, y supuestamente la Virgen se le apareció a uno y viene a pedir un templo y demás que solamente el obispo puede aprobar. Y vino aquí para decirle lo que tenía que hacer un indígena que no sabe su idioma, que apenas se está formando en el catecismo, que salió de todo este paganismo de aquí… y ahora resulta que le hace caso para hacer una iglesia en un lugar donde antes había un templo pagano que a nosotros nos costó mucho destruirlo en el momento de la conquista”. ¿Cómo se lo explica al Rey? ¿Verdad que está difícil?

“Hagamos en aquel lugar del tunal una ermita pequeña donde descanse ahora nuestro Dios. Y cortando céspedes, lo más grueso que podían de aquellos carrizales, hicieron un asiento cuadrado junto al mismo tunal para fundamento de la ermita, en la cual fundaron una pequeña y pobre casa a manera de un humilladero, cubierta de paja”.

El Verdadero Altar y la Inculturación Guadalupana

No tiene sentido afirmar que la devoción guadalupana fue simplemente importada de Extremadura. El primer santuario del Tepeyac era una humilde ermita construida en un lugar inundable, muy distinto a los grandes monasterios españoles. Además, Fray Juan de Zumárraga fue extremadamente prudente al aprobar la ermita, consciente de que muchos podrían criticarlo por dar crédito al testimonio de un indígena como Juan Diego.

Desde la mentalidad mexica, el templo era visto como el centro del cosmos porque en él se ofrecían víctimas cuya sangre y corazones sostenían el orden del universo. Por eso, el humilde humilladero del Tepeyac adquiere un significado profundo: deja de ser el lugar donde los hombres ofrecen víctimas a los dioses y se convierte en el lugar donde el verdadero Dios se ofrece a sí mismo por amor.

Jesucristo: Víctima, Sacerdote y Altar

La Virgen de Guadalupe lleva a Cristo en su vientre, convirtiéndose en el Arca y Sagrario viviente. Jesús ya no es solamente el centro del cosmos; es su Señor y Creador.

Donde antes se ofrecían sacrificios humanos, ahora aparece Cristo, víctima, sacerdote y altar. Él es quien entrega su cuerpo y su sangre para la salvación del mundo. Por eso María pide una casita sagrada “para manifestarlo, ensalzarlo y ofrecerlo a Él”. Todo el acontecimiento guadalupano tiene un profundo sentido eucarístico y cristocéntrico.

La profundidad teológica de Guadalupe sorprende porque ocurre antes incluso del Concilio de Trento. Los símbolos indígenas encuentran su plenitud en Cristo de una manera extraordinaria. No parece fruto de un simple proyecto humano, sino de una intuición profunda de la verdad de Dios.

Lo que sucede en Guadalupe no es solo una adaptación cultural para los indígenas; es una incorporación total de todos los pueblos al amor de Dios.

La imagen queda plasmada al romper el alba, signo de que algo completamente nuevo comienza. Para los indígenas, que sentían que su mundo había llegado a su fin tras la conquista, Guadalupe anuncia un nuevo comienzo lleno de la sabiduría de Dios.

Este “nuevo amanecer” incluye a toda la humanidad en una civilización fundada en el amor divino. Incluso es significativo que la Virgen revele su nombre completo a un anciano, Juan Bernardino, dignificando a quienes muchos consideraban sin esperanza.

Los acontecimientos de la salvación no pertenecen únicamente al pasado. Cristo es el “siempre hoy”: el dueño del tiempo, el Alfa y la Omega. Por eso la Iglesia celebra continuamente la Navidad, la Pascua y los misterios de la fe.

Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios; al celebrarlo, no recordamos simplemente un hecho histórico, sino que participamos de una realidad eterna.

Guadalupe

Santa María de Guadalupe armoniza e integra todo: cielo y tierra, lo indígena y lo europeo, el Antiguo y el Nuevo Testamento, la gracia de Dios y la libertad humana.

Su identidad está totalmente centrada en Cristo. Ella no se presenta por sus propios méritos, sino como la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive. Su misión consiste en conducir a todos hacia Él.

Por eso la casita sagrada es suya, pero el centro de ella no es María sino Jesús. Como en la tilma: la imagen es de María, pero el centro de todo el mensaje es Cristo.

El gran deseo de Dios es la respuesta libre y amorosa del ser humano. Dios ofrece su amor, su gracia y su vida, pero espera que cada persona abra libremente el corazón para recibirlo.

Guadalupe manifiesta precisamente ese amor divino: el Emmanuel, Dios con nosotros, que viene a entregar su vida por la humanidad. Cristo, sacerdote, víctima y altar, se ofrece plenamente para la salvación de todos.

Tabla de contenidos