Skip to main content
Imprimir

Módulo 6.2 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.

Clase del 12 de Junio 2023

El nombre de María como exaltación de Jesús

Con su nombre, María la iluminadora, no está exaltando su propia persona, sino a Jesús.

¿Por qué? Porque si ella es la iluminadora, la luz es Jesús.

Guadalupe tiene un origen árabe y también aparece la idea del cauce del río, que está exaltando a Jesús, porque el cauce del río y el agua verdadera es Jesús.

Ella es el cauce que lo guía y lo lleva, pero el agua viva es Jesús. Así que, en su propio nombre, está exaltando a Jesús. Esta relación permite comprender que María no se presenta como el centro, sino como quien conduce hacia Cristo, de la misma manera que el cauce conduce hacia el agua viva.

En 1531, cuando ella se aparece, en la Península Ibérica se había producido la expulsión de árabes y judíos. Se mencionan cifras aproximadas de medio millón de judíos y un millón de árabes. La Virgen está tomando precisamente aquello que, ante los ojos humanos, había sido expulsado y colocado en una situación de pobreza y exclusión, pero que nunca lo es ante los ojos de Dios. La Virgen de Guadalupe toma esta realidad y, por amor de Dios, se hace judía y árabe; esa realidad forma parte de su identidad y de aquello que había sido expulsado a los ojos humanos, pero nunca a los ojos de Dios.

En su nombre continúa exaltando a Jesús y entrega este nombre , al tío anciano Juan Bernardino.

Al entregarse a Juan Bernardino, María se está entregando en un matrimonio espiritual con el pueblo.

Ella se entrega y, al entregarse, desde su Inmaculado vientre está entregando a Jesús, la luz del mundo y el agua viva.

En otras palabras, por ella la humanidad entera recibe a Jesús.

Desde ahí se entiende lo que le dice a Juan Diego: “Soy tu madre”, y también la afirmación de que es madre de todos aquellos que están en esta tierra y en el mundo y que buscan y confían en ella. Tumbar ese nombre significa querer tumbar su misión, porque su misión es ser madre de la humanidad. Ese ser madre de la humanidad se manifiesta también desde la Cruz, cuando su hijo le dice: “Hijo, ahí está tu madre”, y Juan queda siendo hijo y María queda siendo madre; Juan representa a toda la humanidad.

Juan

La misma lógica aparece en el nombre de Guadalupe. Su nombre no está representando únicamente a los indígenas, sino a toda la humanidad. No está quitando ni rechazando a los indígenas, sino asumiéndolos dentro de toda la humanidad. Los indígenas son humanidad, y por eso quedan unidos a todo el mundo como lo que somos: seres humanos, imagen y semejanza de Dios. Así como los indígenas, todos recibimos la promesa de que la muerte no es un fin, sino un paso hacia la vida eterna. Eso es lo que está haciendo la Virgen de Guadalupe: entregar en Pascua la verdadera Pascua, dando a Jesús y llevando a Jesús, que es la luz, el agua y la Pascua Florida.

La luz verdadera, el agua verdadera y la Pascua Florida

Jesús es la luz verdadera, el agua verdadera y la Pascua Florida. Esa es la acción que se presenta en la Virgen de Guadalupe: llevar hacia Jesús y entregar a Jesús. Por eso aparece nuevamente la relación entre María y la humanidad en las palabras de Cristo: “Mujer, ahí está tu hijo; hijo, ahí está tu madre”. Juan la llevó a su casa, y Juan representa a toda la humanidad. De esta manera, la misión de María se comprende como una misión maternal universal, en la que ella conduce hacia Jesús, que es presentado como la luz, el agua viva y la Pascua.


Los testimonios sobre la homilía del 8 de septiembre de 1556

  • Otro testimonio proveniente de Puebla confirma lo señalado por otros testigos, entre ellos el bachiller de Puebla, quien habría prometido jamás predicar a indios porque sería “tornar a deshacer lo hecho”. La importancia de esto está en que no se trata de un único documento aislado. Existen varios testimonios que permiten observar que efectivamente, en la homilía del 8 de septiembre de 1556, Francisco de Bustamante dijo que no iba a predicar a indios. Lo importante es que diferentes testimonios captaron el mismo acontecimiento. Por eso, el franciscano Fray Fidel de Chávez utiliza esta convergencia de fuentes para acercarse a lo ocurrido.
  • Fray Fidel de Chávez escribió sobre la Virgen de Guadalupe aproximadamente en los años setenta del siglo XX. Aunque existen aspectos de su trabajo con los que no se está completamente de acuerdo, en general se considera que es bastante bueno y atinado. Sin embargo, una fuente por sí sola no debe convertirse en el criterio absoluto. La convergencia de las fuentes es la que permite observar si una información está conforme con la verdad. Cuando se tienen diferentes fuentes, testimonios y documentos, se pueden cotejar entre sí y precisar determinados acontecimientos. Mientras más fuentes históricas se consulten y más fuentes se tengan en mano, mayor posibilidad existe de comparar la información y formar una opinión más objetiva a partir de ese cotejo.

Las Informaciones Jurídicas de 1666 y la precisión de los acontecimientos

Un ejemplo concreto son las Informaciones Jurídicas de 1666. Si no se hubieran leído esas informaciones, no habría manera de obtener con tanta precisión determinados detalles sobre Juan Diego. En ellas aparece la información de que Juan Diego estuvo esperando para poder entrar el 12 de diciembre ante Fray Juan de Zumárraga durante aproximadamente una hora u hora y media. Otros testimonios solamente indican que estuvo detenido durante mucho tiempo. Sin embargo, al comparar las diferentes declaraciones de los indígenas que aparecen en las Informaciones Jurídicas, se encuentra una referencia de hora y media y otras que hablan de más de una hora. La comparación de esas fuentes permite acercarse a una duración aproximada y comprender cómo se puede precisar un acontecimiento histórico mediante el cotejo documental.

La investigación histórica se va construyendo como una especie de telaraña en la que cada fuente permite precisar algún elemento de otra. Algunas cosas solamente pueden plantearse como hipótesis porque existe una sola fuente y no hay otra con la cual cotejarlas. Por eso se remarca que no se trata de considerarse artífices de la verdad ni de afirmar que el estudio permite poseerla de manera absoluta.

“La verdad de Guadalupe” como referencia a Jesucristo

El título La verdad de Guadalupe utiliza la palabra “verdad” en un sentido específico. No se está hablando simplemente de la verdad que los investigadores podrían poseer, sino de Jesús como la verdad. La referencia es a Cristo, porque Él es el camino, la verdad y la vida. Por eso, “La verdad de Guadalupe” significa Jesús de Guadalupe y presenta a Jesucristo como el centro de todos los acontecimientos guadalupanos. Decir “Jesús, la verdad de Guadalupe” y decir “Jesucristo, centro del acontecimiento Guadalupano” expresa la misma idea: Jesús constituye el centro del acontecimiento Guadalupano.

El silencio de las órdenes religiosas y la devoción guadalupana

La llamada “conjuración del silencio”

Cronistas de las tres órdenes antiguas que trabajaban en México se hubieran puesto expresamente de acuerdo para callar todo lo relativo al culto Guadalupano del Tepeyac.

Esto resulta especialmente significativo al considerar acontecimientos tan conocidos como los sermones contradictorios del arzobispo Montúfar y de Fray Francisco de Bustamante.

Se explica que la devoción podía encontrarse en contra de determinados principios y prácticas misioneras de las órdenes. Por ese motivo, la devoción y todo aquello que se relacionara con ella podía quedar desvalorizado y, en consecuencia, no existir interés en hablar de ella, produciéndose una especie de “conjuración del silencio”.

Las dudas de los primeros misioneros

Los franciscanos, que fueron de los misioneros más fuertes en México, podían encontrar diferentes elementos problemáticos alrededor de la Virgen de Guadalupe. Aparecía el cuestionamiento sobre el origen de la devoción, la posibilidad de que no hubiera sido traída desde España, la sospecha de que pudiera ser algo diabólico y la idea de que el arzobispo Montúfar pudiera tener intereses relacionados con el dinero y con la promoción de la devoción. Desde esa perspectiva, resultaba difícil comprender por qué los misioneros debían darle mayor fuerza a una devoción cuyo origen no comprendían completamente. La dificultad estaba precisamente en que la Virgen de Guadalupe rompía determinados esquemas y cánones que los primeros misioneros tenían establecidos.

La explicación que se plantea es que la Virgen de Guadalupe realiza una perfecta evangelización.

Siglos después, Juan Pablo II, en Ecclesia in America de 1999, presenta a la Virgen de Guadalupe como modelo de una evangelización perfectamente inculturada. El planteamiento resulta especialmente significativo porque aquello que los primeros misioneros no comprendían completamente en el siglo XVI es presentado posteriormente, desde documentos de la Iglesia, como un modelo de evangelización. La Virgen aparece así vinculada con una forma de evangelización que toma en consideración la realidad concreta de los pueblos y conduce hacia el Evangelio.

  • Los primeros franciscanos ya habían traído imágenes de María y de la Inmaculada Concepción, por lo que la existencia de una imagen de María no constituía necesariamente algo extraño para ellos. Lo que podía resultar extraño era la forma particular de la imagen de Guadalupe, incluyendo elementos como el angelito con alas de águila y determinados colores. Sin embargo, los primeros religiosos habían llegado a México en un contexto europeo marcado por la Reforma protestante, en la que las imágenes de santos habían sufrido ataques y destrucción. Por ello, las imágenes formaban parte de un contexto religioso muy concreto.

Los jesuitas y la promoción de la Virgen de Guadalupe

Los jesuitas llegaron a México en 1572 y trajeron consigo una tradición visual profundamente vinculada con la presencia de santos y de la corte celestial. Su actividad no estaba centrada en competir por las parroquias de franciscanos, dominicos o agustinos, sino en la educación y las misiones. Por eso, al llegar y encontrar la devoción guadalupana, pudieron asumirla de una manera diferente. Los retablos llenos de santos y la presencia de la Virgen de Guadalupe aparecen como parte de esta tradición, y Tepotzotlán constituye un ejemplo de esa presencia de la corte celestial y de la Virgen de Guadalupe.

Los jesuitas fueron presentados como los primeros grandes promotores de la Virgen de Guadalupe a nivel mundial. Cuando fueron expulsados de México en el siglo XVIII, llevaron consigo esta devoción hacia Europa y se convirtieron en grandes promotores de Guadalupe fuera de México. La importancia de los jesuitas está vinculada con su actividad educativa y misionera, así como con la manera en que comprendieron la presencia de la Virgen de Guadalupe dentro de la misión. La Virgen aparece entonces como una estrella de la misión, como aquella que acompaña la formación y la evangelización.

La presencia de la Virgen de Guadalupe no se limita a un único territorio o a una sola advocación. Se menciona que, aunque existen regiones como Oaxaca y Tuxtla con otras advocaciones marianas, la Virgen de Guadalupe aparece en espacios cotidianos como gasolineras, farmacias, calles, ermitas y pequeñas capillas.

Los Concilios Provinciales Mexicanos

El Primer Concilio Provincial Mexicano de 1555

El Primer Concilio Provincial Mexicano se celebró en 1555 y fue presidido por el arzobispo Montúfar.

Este contexto resulta importante porque el arzobispo dominico llega a una realidad en la que los franciscanos eran considerados los principales misioneros de México.

Los franciscanos contaban con la llamada bula Omnímoda, que les otorgaba determinadas facultades cuando no existía presencia episcopal.

La llegada de una nueva autoridad episcopal y la convocatoria de un Concilio provincial generaron un contexto de tensión con aquellos que habían ejercido previamente una gran autoridad misionera.

El Segundo y el Tercer Concilio Provincial Mexicano

El Segundo Concilio Provincial Mexicano se celebró en 1565.

Posteriormente, en 1585 tuvo lugar el Tercer Concilio Provincial Mexicano, presidido por Pedro Moya de Contreras.

Este tercer Concilio es presentado como el mejor de los tres primeros y como un momento especialmente importante porque buscó poner en práctica el Concilio de Trento en México.

El Concilio de Trento, celebrado en Trento, al norte de Italia, constituyó el gran marco de reforma de la Iglesia católica en Europa, y los concilios mexicanos posteriores buscaron aplicar ese marco dentro de la realidad de México.

El Cuarto y el Quinto Concilio Provincial Mexicano

El Cuarto Concilio Provincial Mexicano se celebró en 1771 y fue presidido por Lorenzana.

Posteriormente, en 1896, se celebró el Quinto Concilio Provincial Mexicano. Para este momento ya se habían producido otros concilios regionales, como el de Oaxaca de 1892, pero el Concilio mexicano de 1896 aparece como uno de los más completos. Estos concilios permiten observar la continuidad de la organización eclesial y la manera en que la cuestión guadalupana permaneció presente dentro de la vida de la Iglesia mexicana.

El Concilio Plenario Latinoamericano de 1899

El Quinto Concilio Provincial Mexicano de 1896 sirvió también para preparar a los obispos para el Concilio Plenario Latinoamericano, celebrado en Roma en 1899. Para ese momento, la Virgen de Guadalupe ocupaba un lugar muy importante dentro del contexto eclesial. En 1895 había ocurrido la coronación pontificia de la Virgen de Guadalupe, por lo que su presencia estaba muy viva en los acontecimientos de 1896 y 1899. Los obispos quisieron que el Papa permitiera que la Virgen de Guadalupe presidiera las sesiones del Concilio Plenario Latinoamericano.

La Virgen de Guadalupe en Roma

El Concilio Plenario Latinoamericano se realizó en Roma, en el Colegio Pío Latinoamericano. Este colegio recibía a sacerdotes latinoamericanos, entre ellos sacerdotes mexicanos, que acudían a Roma para realizar estudios y especializaciones en las universidades. Posteriormente, durante los años sesenta, se desprendió de allí el Colegio Mexicano en Roma. Dentro de este contexto romano, la presencia de la Virgen de Guadalupe adquirió una dimensión particularmente importante, especialmente después de su coronación pontificia de 1895 y en relación con el Concilio Plenario Latinoamericano de 1899.

La bula Omnímoda y la autoridad de los franciscanos

La llegada de los primeros franciscanos

Los doce primeros franciscanos llegaron con la bula Omnímoda, firmada en 1522 y llevada a México en 1524. Esta bula les otorgaba facultades importantes en el contexto de la evangelización, especialmente cuando todavía no existía una presencia episcopal estable. Cuando Fray Juan de Zumárraga fue designado en 1527 y llegó a México en 1528, la situación cambió porque el obispo pasó a ejercer la autoridad correspondiente. Por eso, la bula Omnímoda quedó guardada y perdió temporalmente la importancia práctica que había tenido en los primeros años de la evangelización.

La muerte de Zumárraga y el retorno de la bula

Cuando Zumárraga murió en 1548, volvió a surgir la famosa bula Omnímoda. Los franciscanos retomaron nuevamente parte de las facultades que habían ejercido antes, en un contexto en el que todavía no se había designado inmediatamente un nuevo arzobispo. En 1551 se designó a Montúfar, pero permaneció en España hasta llegar a México en 1554. Durante ese período continuó existiendo la situación generada por la bula y por la ausencia efectiva del nuevo arzobispo en territorio mexicano. Cuando Montúfar finalmente llegó y convocó el Concilio Provincial Mexicano, los franciscanos no recibieron bien la iniciativa.

El conflicto con el Primer Concilio Provincial Mexicano

La tensión se explica por el contexto de autoridad. Los franciscanos habían recuperado recientemente la fuerza que les daba la bula Omnímoda, y el nuevo arzobispo, que era dominico, convocó un Concilio Provincial Mexicano. El Concilio implicaba una nueva organización y una valoración del trabajo misionero realizado hasta ese momento. Por ello, el contexto previo al Concilio es fundamental para comprender las tensiones posteriores entre los franciscanos y el arzobispo Montúfar.

El control de las imágenes en el Concilio de 1555

La regulación de pintores e imágenes

El capítulo 34 del Concilio establece que ningún español ni indio podía pintar imágenes o retablos en ninguna iglesia del arzobispado y provincia sin que primero fuera examinado el pintor y recibiera licencia del arzobispo o de sus provisores. Además, los visitadores debían examinar las historias e imágenes pintadas en las iglesias y lugares píos.

Si encontraban imágenes o representaciones que consideraran inadecuadas, debían ordenar que fueran retiradas. Esto demuestra que existía un sistema de control sobre quién podía pintar imágenes religiosas y sobre qué imágenes podían permanecer dentro de los espacios religiosos.

El problema de la imagen atribuida al indio Marcos

Esta regulación resulta importante para el caso de la Virgen de Guadalupe. Si la imagen hubiera sido pintada por el indio Marcos, como se plantea en algunas discusiones, tendría que haber pasado por el sistema de examen y licencia establecido por el Concilio. La cuestión es dónde se encuentra el documento en el que el arzobispo habría autorizado a este pintor a realizar la imagen de la Virgen de Guadalupe. Si existiera una autorización, tendría que encontrarse dentro de la documentación correspondiente. Por eso, la regulación del Concilio se utiliza para plantear una cuestión documental sobre la supuesta intervención del indio Marcos.

El conocimiento de la historia de Guadalupe en 1556

La información de 1556 muestra que quienes participaron en los acontecimientos conocían referencias al Tepeyac y a la historia de la Virgen de Guadalupe. Se utiliza la expresión “Tepeaco” o “Tepeaquilla” y se habla también de grandes milagros. La explicación de este conocimiento se relaciona con la tradición oral y con la información que posteriormente quedó puesta por escrito. Si el Nican Mopohua se sitúa alrededor de 1545-1546, entonces la historia ya estaba circulando aproximadamente diez años antes de los sermones de 1556. De esta manera, la tradición sobre Guadalupe no aparece por primera vez en 1556.

Los naturales ya conocían la historia de Guadalupe antes de 1556. Esa historia pudo transmitirse mediante tradición oral y posteriormente quedar puesta por escrito, entre otros textos, en el Nican Mopohua. Se plantea que la conversión relacionada con el acontecimiento guadalupano se sitúa desde 1531-1532, inmediatamente después de diciembre de 1531. Por eso, entre el acontecimiento y los sermones de 1556 transcurrieron más de veinte años. La argumentación utiliza este período para señalar que el conocimiento de la historia de Guadalupe no aparece repentinamente en el contexto de los sermones.

Las normas sobre la construcción de iglesias y monasterios

El Concilio también establece que nadie podía edificar una iglesia o monasterio sin la licencia y autoridad correspondiente. Si alguien construía un lugar de culto sin esa licencia, los visitadores podían ordenar su derribo.

Además, ningún clérigo o religioso podía celebrar misa en un lugar construido sin la autorización requerida. Estas disposiciones son importantes porque muestran que la existencia de una ermita implicaba necesariamente una cuestión de autorización eclesiástica. Si una construcción religiosa carecía de licencia, podía ser retirada y no podía funcionar legítimamente como espacio de celebración litúrgica.

La ermita del Tepeyac se presenta como un lugar que contaba con la aprobación correspondiente de Fray Juan de Zumárraga. Por eso, aunque no se haya encontrado una palabra escrita directamente de su puño y letra sobre la construcción, se señala que su aprobación era necesaria porque él era la autoridad que podía autorizar la construcción. El propio Concilio posterior establece que una ermita sin licencia no podía existir legalmente como lugar de culto. La existencia y funcionamiento de la ermita, por tanto, se relacionan directamente con la autoridad episcopal.

La presencia de un sacerdote de manera permanente también constituye un elemento importante. No significa necesariamente que antes no se hubiera celebrado misa allí, porque una ermita podía recibir celebraciones ocasionales. Sin embargo, al establecerse un sacerdote o capellán que se dedica continuamente a celebrar misa, la ermita adquiere una categoría diferente. Se convierte en una capellanía o capilla y puede ser considerada iglesia en el lenguaje cotidiano, aunque conserve el nombre histórico de ermita. La distinción entre ermita, capilla e iglesia permite comprender cómo podía cambiar la función del lugar sin desaparecer su denominación original.

Si posteriormente se construye una iglesia más grande junto a una ermita, la construcción original puede permanecer con el nombre de ermita, mientras que la nueva construcción recibe el nombre de iglesia o capilla. De esta manera, no necesariamente desaparece el nombre original cuando el lugar adquiere una categoría mayor. Esta explicación permite comprender la relación entre la ermita del Tepeyac y las posteriores construcciones religiosas. Lo fundamental es distinguir entre el nombre histórico del lugar y la categoría que adquiere a partir de la presencia permanente de un sacerdote y de la celebración continua de la misa.

Tabla de contenidos