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Módulo 2. 3 – Diplomado – La Verdad de Guadalupe – Instituto Guadalupano – Apuntes M. Izaguirre.

Clase 25 de Julio 2022

Dios se hizo carne: es Jesús. Entonces, más que el Verbo, más que una palabra, es Jesús mismo. Por eso, tener la Palabra de Dios cerca de nosotros siempre es muy importante; es vital, verdaderamente vital.

¿Qué es la Palabra de Dios? ¿Qué es la Sagrada Escritura?

Lo encontramos en Isaías 40, 8:

“La hierba se seca, la flor se marchita, mas la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre”.

Es algo que permanece para siempre. Va a pasar todo lo que tú quieras, va a suceder todo lo que sea, pero la Palabra de Dios va a permanecer.

En Isaías 55, 11 leemos:

“Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo y logrado el propósito para el cual la envié”.

Dios está diciendo lo mismo: aquí está mi aliento, mi palabra, mi querer, mi voluntad. Y acerca de esta palabra dice que no volverá vacía. Es decir, la Palabra de Dios siempre dará fruto. Siempre provocará una reacción: buena, mala, indiferente o a medias, pero siempre ocasionará una respuesta.

Las personas reaccionaban cuando escuchaban la Palabra de Dios. San Pablo camino a Damasco: escucha la voz del Señor y hay una reacción, hay una respuesta.

También le pasó a Jesús. Él hablaba y encontraba respuestas distintas. Por ejemplo, Zaqueo. Jesús le dice:

“Zaqueo, baja de ahí, porque es necesario que hoy me hospede en tu casa”.

Y Zaqueo responde.

Pero también hubo quienes escucharon la Palabra de Dios y, al poco tiempo, llegaron los problemas, los conflictos y las preocupaciones; entonces esa semilla fue arrancada y no la dejaron crecer.

Por eso dice el Señor que su palabra no volverá a Él sin dar una respuesta.

En el Salmo encontramos:

“Lámpara es a mis pies tu palabra y luz para mi camino”.

Eso es la Palabra de Dios. Ella misma dice: soy una lámpara para iluminar tu caminar, para iluminar tus pies, para dar seguridad a tus pasos.

“¿No es mi palabra como fuego?, declara el Señor”.

Libro de Jeremías, capítulo 23

Es como fuego.

Uno de los profetas decía:

“Me tocó con una piedra ardiente los labios, y el Señor puso sus palabras en mi boca”.

Libro de Isaías, capítulo 6.

Y todavía dice más:

“Y como martillo que despedaza la roca”.

Porque tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Libro de San Juan 3,16.

Es prácticamente lo mismo que nos dice nuestra Madre de Guadalupe: que Dios ama tanto al mundo que nos envió a su Hijo.

También dice Efesios 6,17:

“Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”.

La espada del Espíritu es la Palabra de Dios.

En Lucas 8,11, explicando la parábola del sembrador, Jesús dice:

“La semilla es la Palabra de Dios”.

¿Qué necesitamos para que esa semilla fructifique? Tener tierra buena. No dejar que las preocupaciones nos la roben. No dejar que las cosas del mundo la ahoguen. No dejar que lo exterior nos quite la Palabra de Dios.

Hebreos 4,12 nos da una definición extraordinaria:

“La Palabra de Dios es viva y eficaz”.

La Palabra de Dios está viva. No es una palabra muerta, ni algo que podamos guardar y olvidar en un rincón.

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