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Video #5 “Las Claves más Importantes del Acontecimiento Guadalupano” por M. Emilia Zuchelli

En este video el padre Eduardo Chávez continúa con la segunda clave presentada en el video anterior. Recomendamos leer el apunte #4 para comprender lo siguiente.

Estamos hablando de esta temática según la cual algunos afirman que la Virgen de Guadalupe habría sido traída desde Europa, concretamente desde Extremadura, España, porque allá existe un monasterio llamado Guadalupe.

El origen del nombre Guadalupe en España

El padre comienza analizando esta afirmación de que la devoción guadalupana vendría de Extremadura a partir de los documentos históricos y de la convergencia de las fuentes.

Recordemos que los árabes entraron en España en el año 711. Su avance fue tan fuerte que llegaron hasta el norte de la península, hasta Asturias. Fue allí donde comenzó la Reconquista bajo el liderazgo de Don Pelayo, hacia el año 722.

La expansión musulmana continuó incluso más allá de España y llegó a territorio francés. En el año 732 tuvo lugar la famosa Batalla de Poitiers, donde francos, lombardos y otros pueblos cristianos lograron detener su avance. Después de ello, los musulmanes permanecieron durante siglos en gran parte de la península ibérica.

Por esa razón, muchos lugares recibieron nombres árabes. Lo mismo ocurrió con numerosos vocablos que hoy forman parte del español: almohada, alhaja, jarra, ojalá y muchos otros. Y es en ese contexto que encontramos el nombre Guadalupe.

Cuando los árabes pasaron por una región de Extremadura dieron ese nombre al río que atravesaba la zona, porque en la lengua árabe la palabra Guadalupe significa aproximadamente “Río de piedras negras” o “río de lava negra”.

Más concretamente, hace referencia al cauce del río, es decir, al lecho por donde corre el agua, no al agua misma.

Del río al monasterio

Con el paso del tiempo, en aquella región apareció una imagen mariana que, según la tradición, habría sido ocultada durante las invasiones musulmanas y posteriormente reencontrada.

Algo parecido ocurrió con muchas otras imágenes religiosas en España. Fueron escondidas en cuevas, troncos de árboles o enterradas para protegerlas.

Cuando la imagen fue hallada nuevamente, se construyó un santuario, y como el río ya se llamaba Guadalupe, también recibieron ese nombre el pueblo, el santuario y la imagen. Es decir, el nombre Guadalupe no proviene de una revelación de la Virgen, sino que fue tomado del nombre geográfico ya existente.

La humilde casita sagrada

El padre Eduardo, dando de ejemplo un recuerdo suyo de cuando tuvo una conversación con unos cineastas, explica que un detalle para comprender que aquella Virgen de Extremadura y la de México son distintas es que la Reina Isabel era una gran devota de extremadura y si esta de México fuera la misma, la casita sagrada no sería una construcción humilde de adobe y tierra.

Actualmente, las paredes que se observan de esa primera ermita del Tepeyac corresponden a las ampliaciones realizadas por Alonso de Montúfar alrededor de 1555 o 1556. Pero los cimientos originales pertenecen a la construcción de 1531 que fue terminada el 26 de diciembre, día en que fue trasladada la imagen desde la Catedral hasta el Tepeyac.

Recordemos que cuando la imagen quedó impresa en la tilma de Juan Diego, Fray Juan de Zumárraga la conservó primero en su oratorio privado. Después la trasladó a la Catedral mientras se construía la ermita. Y, finalmente, el 26 de diciembre de 1531 fue llevada solemnemente a la casita sagrada del Tepeyac.

Entonces, cuando se compara aquella humilde ermita del Tepeyac con el monasterio de Guadalupe en Extremadura, el contraste es impresionante porque el monasterio español es una construcción magnífica:

  • grande,
  • majestuosa,
  • llena de riqueza artística,
  • con importantes obras de arte,
  • con una extraordinaria arquitectura.

Sin embargo, esa humildad del Tepeyac tiene un profundo significado. El padre dice:

“Yo suelo decir que aquella ermita es nuestro Belén. Así como Jesucristo nació en un pesebre humilde, también la Virgen quiso una casita sencilla.”

La señal pedida por el obispo

El padre Chávez también nos recuerda que no debemos olvidar algo fundamental: lo que pidió el obispo fue una señal, y esa señal fueron las flores que brotaron milagrosamente en un cerro árido, pedregoso y salitroso.

Para el mundo indígena, las flores tenían una importancia extraordinaria. Las flores eran el signo por excelencia. Y precisamente a través de esas flores Dios plasmó la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego. Por eso la señal solicitada por el obispo y la imagen milagrosa están íntimamente unidas.

Una inculturación perfecta

Recordemos que los mexicas tenían como símbolo fundacional el águila sobre el nopal devorando una serpiente. Para ellos:

  • la luna roja simbolizaba el corazón humano;
  • la serpiente representaba la sangre, el líquido precioso.

Por eso esa imagen expresaba la idea de alimentar al sol mediante los sacrificios humanos. Cuando encontraban aquel signo, construían un pequeño santuario o humilladero, es decir, un lugar sencillo y humilde, muy parecido a aquel primer jacal del Tepeyac.

De esta manera, tanto para los cristianos como para los indígenas, el mensaje de la Virgen de Guadalupe aparecía perfectamente inculturado.

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