Todas las charlas del Padre Eduardo Chávez acerca de la Virgen de Guadalupe. Apuntes de estudio
Autoras: M. Emilia Zuchelli y Candelaria Lagier
En este artículo recopilamos toda la información obtenida del padre Eduardo Chavéz sobre el gran acontecimiento guadalupano. Esperamos ser lo más fieles posibles para transmitir su palabra.
Transmisión del Acontecimiento Guadalupano
Antes de quedar fijado por escrito, el acontecimiento guadalupano se transmitió principalmente por tradición oral. San Juan Diego, como testigo directo de las apariciones, comunicó lo sucedido en lengua náhuatl, un idioma caracterizado por expresar las ideas de manera breve, concreta y profundamente simbólica. Eduardo Chávez señala que esta transmisión directa explica la rápida difusión del mensaje entre los pueblos indígenas, mucho antes de la redacción del Nican Mopohua. (Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
El Nican Mopohua, atribuido tradicionalmente a Antonio Valeriano y compuesto hacia 1545, desempeñó un papel fundamental en la conservación del relato, aunque no fue el principal medio de difusión inicial. Muchos indígenas no sabían leer caracteres latinos y muchos españoles desconocían el náhuatl, por lo que la tradición oral continuó siendo el vehículo privilegiado para transmitir el acontecimiento guadalupano. (Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
Contexto histórico de las apariciones
Para comprender el significado del acontecimiento guadalupano es necesario situarlo en el contexto histórico y universal en que ocurrió. Las apariciones de diciembre de 1531 tuvieron lugar apenas diez años después de la conquista de México, en un momento de profunda crisis para el mundo indígena, y para todos los tiempos y naciones (Panquetzaliztli #1 – Patronato Guadalupano | P. Eduardo Chavez).
Los pueblos originarios experimentaban el derrumbe de sus estructuras políticas, sociales, económicas y religiosas. A ello se sumaba el choque entre dos formas completamente distintas de comprender el mundo: por un lado, la cosmovisión indígena; por otro, la visión cristiana traída por los españoles. La epidemia de viruela había diezmado a la población y contribuía a intensificar la sensación de que el universo conocido se estaba desmoronando (Panquetzaliztli, 6 Parte).
En ese contexto, los sacrificios humanos, considerados por los pueblos indígenas como la ofrenda más alta para sostener el equilibrio del universo, habían sido prohibidos por las autoridades españolas. Desde la mentalidad indígena, la imposibilidad de continuar ofreciendo corazones y sangre explicaba las desgracias que estaban ocurriendo: las epidemias, los terremotos registrados en 1530, el cometa conservado en diversos códices y el eclipse de 1531 eran interpretados como signos de que el orden cósmico se encontraba en peligro (Panquetzaliztli, 7 Parte, Calendarios para identificar el Solsticio de invierno)
No solo los indígenas vivían una situación dramática. También muchos misioneros enfrentaban enormes dificultades. Fray Juan de Zumárraga mantenía fuertes enfrentamientos con la Primera Audiencia y con Nuño de Guzmán, quien incluso atentó contra su vida (Panquetzaliztli, 7 Parte, Calendarios para identificar el Solsticio de invierno). A ello se sumaban las dificultades propias de la organización eclesiástica de la Nueva España: los primeros franciscanos habían recibido amplias facultades evangelizadoras mediante la bula Omnímoda, y la llegada de Zumárraga como primer obispo generó también tensiones con algunos sectores de la propia orden franciscana. (Panquetzaliztli, 16 Parte)
Este complejo panorama histórico constituye el escenario inmediato de las apariciones de Guadalupe. Sin embargo, para comprender plenamente el lenguaje empleado por la Virgen y el significado de los signos que acompañan el acontecimiento, también resulta necesario conocer el trasfondo religioso y simbólico propio del mundo indígena. Ese contexto aparece reflejado especialmente en la celebración de Panquetzaliztli, que coincidía con los días en que tuvieron lugar las apariciones.
Panquetzaliztli, Solsticio de Invierno y el Año 13 Caña
Comprendido el contexto histórico en el que ocurrieron las apariciones, es posible analizar ahora el trasfondo religioso y simbólico del mundo indígena. Eduardo Chávez sostiene que las fechas del 9 al 12 de diciembre de 1531 no poseen únicamente un valor cronológico, sino también un profundo significado cultural y espiritual, pues coinciden con uno de los momentos más importantes del calendario mexica: la fiesta de Panquetzaliztli.
Las apariciones de Guadalupe ocurrieron en un momento histórico concreto, pero su mensaje trasciende aquel tiempo y se dirige a todos los pueblos y generaciones. Sin embargo, para comprender plenamente ese mensaje resulta necesario conocer el contexto en el que fue recibido por los primeros indígenas evangelizados. (Panquetzaliztli #1 – Patronato Guadalupano | P. Eduardo Chávez; Panquetzaliztli, 3 Parte)
La fiesta de Panquetzaliztli
Panquetzaliztli era una de las principales celebraciones religiosas del mundo mexica y estaba dedicada a Huitzilopochtli, dios de la guerra y protector del pueblo. Coincidía con el período del solsticio de invierno, cuando los días alcanzaban su menor duración y surgía la expectativa de que el sol volviera a vencer a las tinieblas.
Según Chávez, esta preocupación no era exclusiva del mundo mesoamericano. Muchas culturas antiguas contemplaban el solsticio como el momento en que la luz parecía extinguirse antes de comenzar nuevamente su ascenso. En el ámbito indígena, esta experiencia adquiría un profundo significado religioso porque el destino mismo del universo parecía depender del renacimiento del sol. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)
Diversos cronistas del siglo XVI, entre ellos Fray Toribio de Benavente Motolinía, Jerónimo de Mendieta y Fray Diego Durán, describieron Panquetzaliztli como una especie de “pascua indígena”. Todos ellos relatan un prolongado período de preparación y describen una cuaresma de ochenta días marcada por ayunos, penitencias y autosacrificios de sangre que culminaban en las grandes celebraciones dedicadas a Huitzilopochtli. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)
Durán destaca la distribución universal del ídolo de masa, la recepción con lágrimas y reverencias, la expresión de comer la carne y huesos del dios, las porciones llevadas incluso a enfermos y la predicación sobre la ley y mandamiento, comparando estos gestos con la forma de comunión y catequesis de la religión católica (Panquetzaliztli,10 Parte). A su vez, en el Codex Telleriano-Remensis, el cual está acompañado de anotaciones en caracteres latinos hechas por europeos a partir de explicaciones indígenas, se describe que durante esa fiesta se hacía un gran bollo o masa de amaranto (el huauhtli o tzohualli) mezclado con miel, que era bendecido “a su modo”, dividido en pequeños pedazos y distribuido por el sacerdote a los participantes, incluso se dice explícitamente “como a manera de comunión”. (Panquetzaliztli, 5 Parte, Santa María de Guadalupe hace una perfecta inculturación)
Además, en ese codex se nombra un levantamiento de banderas que también aparece en la rueda cronológica atribuida a Lorenzo Boturini en su libro Historia General de la América Septentrional, donde aparece señalado el mes de Panquetzaliztli como el “mes donde se levantan las banderas”, destacando especialmente la bandera azul como símbolo de lo celeste y lo divino. Chávez considera que todos estos elementos ayudan a comprender el lenguaje simbólico dentro del cual tendrá lugar el acontecimiento guadalupano y aclara que esta comparación no es una interpretación moderna, sino una observación presente en la propia glosa del siglo XVI. (Panquetzaliztli, 5 Parte, Santa María de Guadalupe hace una perfecta inculturación).
También el autor Gabriel Kenrick Kruell profundiza en la dimensión astronómica, explicando que Panquetzaliztli estaría ligado al nadir solar, el punto más bajo del sol antes de iniciar su ascenso y desarrolla el recorrido anual del sol como gran ciclo vital:
- oriente = nacimiento
- cenit = plenitud
- occidente = declive
- sur / nadir = aparente muerte y retorno (precisamente donde se sitúa Panquetzaliztli)
Esto no solo refuerza el simbolismo luz/tinieblas, sino que lo vuelve más elaborado cosmologicamente, vinculandolo con el solsticio de invierno, el cual no sería exclusivamente mesoamericana, sino que aparece en múltiples culturas como experiencia humana universal donde se experimenta el punto extremo de oscuridad del que renace la luz. (Panquetzaliztli, 9 Parte). Y señala que era un momento central para la identidad del pueblo mexica, porque la fiesta celebraba no sólo el nacimiento de Huitzilopochtli, sino también el nacimiento del propio pueblo mexica como pueblo unido a su dios. (Panquetzaliztli, 12 Parte)
El solsticio de invierno
Uno de los aspectos que Chávez desarrolla con mayor profundidad es la relación entre Panquetzaliztli y el solsticio de invierno.
Según esta interpretación, el 12 de diciembre de 1531, considerado desde el calendario entonces vigente, coincidía con el solsticio. El aparente triunfo de la oscuridad daba paso al renacimiento de la luz, convirtiéndose en un poderoso símbolo de esperanza. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)
Dentro de ese marco adquieren especial importancia diversos signos presentes durante las apariciones. Chávez destaca, por ejemplo, la relación con el número cuatro: los cuatro días que abarcan del 9 al 12 de diciembre en relación con los cuatro rumbos del universo y con el simbolismo de aquel número cuatro dentro de la tradición nahua. También recuerda que diversos códices registran “cuatro terremotos”, un eclipse y un cometa poco antes de Guadalupe, fenómenos interpretados por muchos indígenas como señales de un tiempo decisivo. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)
Eduardo Matos Moctezuma describe la fiesta de Panquetzaliztli ligada al renacimiento del sol en el solsticio. Dentro de esa visión, los mexicas concebían al Templo Mayor como centro del universo y entendían que, mediante sacrificios y ofrendas, ayudaban al sol a renacer. Chávez retoma esta explicación para mostrar cómo el simbolismo solar estaba profundamente arraigado en la mentalidad indígena. (Panquetzaliztli, 4 Parte, Solsticio de Invierno)
La cuestión del calendario
Uno de los interrogantes que suele plantearse es la aparente diferencia entre las fechas históricas y el solsticio de invierno.
Chávez recuerda que en 1582 el papa Gregorio XIII promulgó la bula Inter gravissimas, mediante la cual corrigió el desfase acumulado por el calendario juliano suprimiendo diez días, del 5 al 15 de octubre. El Lunario Novo, conservado en el Archivo Secreto Vaticano, constituye uno de los testimonios documentales de esta reforma. (Panquetzaliztli, 8 Parte)
Como consecuencia de esa corrección, el 12 de diciembre de 1531 corresponde al 22 de diciembre según el calendario gregoriano actual, fecha en la que se produce el solsticio de invierno. Sin embargo, para quienes vivían en 1531 el fenómeno era reconocido el 12 de diciembre, pues todavía regía el calendario juliano. De este modo, el 12 de diciembre conserva la fecha histórica tradicional, mientras que el 22 de diciembre expresa su correspondencia astronómica. Ambos días quedan comprendidos dentro de Panquetzaliztli, siendo el 22 de diciembre su culmen. (Panquetzaliztli, 9 Parte)
Chávez añade que los pueblos indígenas tampoco dependían exclusivamente de los calendarios europeos, ya que realizaban sus propias observaciones astronómicas. (Panquetzaliztli, 11 Parte)
El año 13 Caña
Al conjunto de símbolos, la fiesta de Panquetzaliztli y el Solsticio de Invierno, se suma otro elemento particularmente importante: el año 13 Caña.
Diversas interpretaciones, apoyadas en estudios de Miguel León-Portilla, identifican 1531 con este signo calendárico, asociado al comienzo de una nueva era. Además en el el códice de la fundación de México y también en la llamada Aztec Sun Stone, el año 13 Caña aparece relacionado con el oriente (“la casa de la luz”), la música, la sabiduría y la verdad divina expresada mediante el difrasismo “flor y canto”. (Panquetzaliztli, 8 Parte; Panquetzaliztli, 13 Parte)
Desde esta perspectiva, la coincidencia entre Panquetzaliztli, el solsticio de invierno y el año 13 Caña adquiere una fuerza simbólica extraordinaria: el momento en que parecía decidirse el destino del universo coincide también con el comienzo de una nueva etapa de la historia. Pero esta vez llevaban diez años sin sacrificios humanos y, desde la lógica indígena, ya no había corazones ni sangre que “alimentarán” al sol, provocando así el temor de que el cosmos no pudiera renovarse y el anhelo de vida fuera llevado a un punto extremo. (Panquetzaliztli, 8 Parte)
La cosmovisión indígena
Comprender la fiesta de Panquetzaliztli permite acercarse al contexto inmediato de las apariciones, pero para interpretar plenamente el mensaje de Guadalupe resulta necesario conocer también la manera en que los pueblos indígenas concebían el mundo, el tiempo y el destino de la humanidad. Solo desde esa cosmovisión puede entenderse la profundidad del diálogo que la Virgen establece con la cultura nahua.
Una historia de ciclos y destrucciones del mundo
Para los pueblos mesoamericanos, el mundo no era una historia lineal como en el cristianismo, sino una sucesión de eras o “soles”, que iban naciendo y desapareciendo. Esto aparece en el Manuscrito de 1558, o también llamado Leyenda de los Soles, recogida en textos del siglo XVI.
Según ese relato:
- ya habían existido cuatro soles anteriores;
- cada uno había sido destruido (por agua, jaguares, fuego o viento);
- el mundo actual era el quinto sol, llamado “4 movimiento”;
- y también estaba destinado a desaparecer, esta vez por terremotos.
Esto ayuda a entender que fenómenos naturales como terremotos, eclipses o cometas no eran vistos como simples hechos, sino como señales de que el mundo podía terminar en cualquier momento. (Panquetzaliztli, 14 Parte)
El sacrificio como fundamento del universo
Esta manera de comprender el mundo estaba estrechamente unida a otra convicción fundamental: la vida del universo dependía del sacrificio.
En aquella Leyenda de los Soles se relata una de las historias más importantes de la tradición nahua. Según esta historia, se narra que los dioses decidieron ofrecerse para dar origen a un nuevo sol que iluminará nuevamente al mundo. Reunidos en Teotihuacan, el dios más orgulloso, soberbio y rico, Tecuciztécatl, intentó arrojarse cuatro veces al fuego, pero retrocedió por miedo. En cambio, Nanahuatzin, dios humilde y enfermo, se lanzó sin vacilar y dio origen al nuevo sol. Al ver tremendo acto, Tecuciztécatl también se lanzó, pero él terminó convertido en la luna. (Panquetzaliztli, 14 Parte y Panquetzaliztli, 15 Parte)
Para Eduardo Chávez este relato posee un enorme valor porque manifiesta una intuición profundamente arraigada en la cultura indígena: la vida nace del sacrificio (Panquetzaliztli, 14 Parte y Panquetzaliztli, 15 Parte). Sin embargo, esa intuición todavía permanecía incompleta. Los hombres creían que debían seguir alimentando al sol mediante nuevos sacrificios para impedir que el universo desapareciera.
Este contexto permite comprender el trasfondo espiritual indígena previo a Guadalupe: la creencia de que el universo necesitaba sangre y sacrificios para continuar existiendo. De allí nacía la convicción de que los seres humanos debían ofrecer su propia sangre y la de otros mediante sacrificios rituales para sostener el orden cósmico y alimentar al sol. (Panquetzaliztli, 15 Parte)
El miedo al fin del mundo
La consecuencia de esta visión era una profunda incertidumbre. Cada vez que llegaban determinados momentos del calendario surgía la pregunta ¿volvería la luz o llegaría el fin de todo? Por ello, el solsticio no era un simple fenómeno astronómico, sino un momento de profunda angustia y de enorme significado religioso. (Panquetzaliztli, 14 Parte)
Miguel León-Portilla conserva antiguas expresiones indígenas que reflejan esa angustia:
“¿Seguirá el sol su camino?”
Esa incertidumbre expresa el profundo temor de que la oscuridad venciera definitivamente y el mundo dejara de existir. (Panquetzaliztli, 30 Parte)
Ese mismo clima espiritual parece resonar también en una frase atribuida a san Juan Diego en el Nican Mopohua:
«A eso vinimos, a esperar el trabajo de nuestra muerte.»
Eduardo Chávez interpreta estas palabras como el reflejo de un pueblo que experimentaba el derrumbe de su mundo y esperaba con resignación la llegada de la muerte. (Panquetzaliztli, 17 Parte)
La misma desesperanza aparece también en los llamados Coloquios de los Doce de 1524, donde hay una frase que solían exclamar los sabios indígenas:
«Si nuestros dioses han muerto, déjennos morir.»
Más que una simple frase, expresa el drama espiritual de una civilización que veía desaparecer el mundo que había conocido durante siglos. (Panquetzaliztli, 8 Parte)
El fuego nuevo
Dentro de esta cosmovisión ocupaba un lugar central el rito del Fuego Nuevo.
Antes de encender la nueva llama toda la ciudad permanecía completamente a oscuras. Existía el temor de que, si el fuego no lograba prender, el sol no volviera a salir y el mundo quedaría definitivamente sumido en las tinieblas. (Panquetzaliztli, 22 Parte)
Cuando finalmente la llama era encendida, el fuego se llevaba rápidamente hacia los templos y los hogares, simbolizando el comienzo de un nuevo ciclo de vida. De este modo, toda la comunidad recibía nuevamente la luz, simbolizando el comienzo de un nuevo ciclo y la renovación de la vida. (Panquetzaliztli, 22 Parte y 25 Parte)
Chávez encuentra aquí un interesante paralelo con la liturgia de la Vigilia Pascual, donde el fuego nuevo se bendice al inicio de la celebración y la luz del cirio pascual se transmite progresivamente a todos los fieles. (Panquetzaliztli, 22 Parte y 25 Parte)
Otros autores hablan también sobre esta ideas. Por ejemplo León-Portilla retoma la idea que dioses y hombres vivían en comunicación constante, y que si la vida había sido dada mediante sacrificio, debía sostenerse mediante sacrificio. Aquí hay un paralelo con la Pascua cristiana: sangre, redención, sacrificio y comunión. (Panquetzaliztli, 13 Parte)
Gabriel Kenrik Kruell también destaca que la fiesta implicaba no solo rito, sino renovación del vínculo del pueblo con su dios. Es decir, no solo es una analogía formal con la comunión, sino una relación viva con la divinidad. Y aquí el argumento llega a una síntesis teológica particularmente fuerte: si Panquetzaliztli era una “pascua” vinculada al sol, al sacrificio, a la renovación cósmica, Guadalupe traería la verdadera Pascua, la verdadera comunión y el verdadero Dios. (Panquetzaliztli,10 Parte)
Un pueblo que buscaba la vida
Toda esta cosmovisión permite comprender el profundo deseo que habitaba en el corazón del mundo indígena. Los sacrificios humanos, por terribles que hoy resulten, eran considerados por quienes los practicaban como la mayor ofrenda posible para sostener la vida del universo.
Chávez invita además a contemplar el drama humano que implicaban estos sacrificios, imaginando el sufrimiento de las familias que ofrecían a sus propios hijos convencidas de que así aseguraban la continuidad del mundo y el regreso de las lluvias. (Panquetzaliztli, 17 Parte)
En consecuencia, en aquella fiesta de Panquetzaliztli detrás de los sacrificios no existía únicamente violencia o idolatría, sino también una búsqueda desesperada de vida, una esperanza de que el universo pudiera seguir existiendo. Es decir, un anhelo radical de vida que emerge en medio de la catástrofe, un anhelo que aparece en un momento percibido como límite entre oscuridad y renacimiento. (Panquetzaliztli, 6 Parte)
Ese profundo anhelo constituye el punto de partida para comprender el acontecimiento guadalupano. La Virgen no asumirá los sacrificios humanos ni confirmará las antiguas creencias, pero responderá precisamente a esa búsqueda de vida conduciéndola hacia su cumplimiento en Jesucristo: “el verdadero Dios por quien se vive”. (Panquetzaliztli, 11 Parte)
Guadalupe como respuesta: la inculturación
Comprendido el contexto histórico, simbólico y religioso del mundo indígena, puede abordarse ahora uno de los conceptos centrales del pensamiento del Padre Eduardo Chávez: la inculturación. Este concepto permite comprender de qué modo el mensaje guadalupano dialoga con la cultura indígena sin destruirla, sino asumiendo lo verdadero y llevándolo a su plenitud en Jesucristo.
El concepto de inculturación
La inculturación, según Chávez, es la capacidad que tiene la Virgen Santísima de Guadalupe, por orden del espíritu santo, de poner a Jesús en el corazón de todo ser humano, y por ende en la cultura. Es decir, ponerlo dentro de la cultura. (Panquetzaliztli #2 – | P. Eduardo Chavez). Esto también significa que Dios se comunica usando el lenguaje propio de una cultura, y la Virgen de Guadalupe no aparece de manera ajena al mundo indígena, sino tomando sus símbolos, colores, números y formas de entender el universo.
Chávez explica que este proceso está vinculado a lo que la tradición cristiana llama las “semillas del Verbo”: aquellos elementos de verdad y bondad que Dios ya ha sembrado en todos los pueblos y culturas. La Virgen de Guadalupe, en esta lectura, no introduce algo completamente externo, sino que lleva esas semillas a su plenitud en Jesucristo. Es decir, que la Virgen toma solamente lo bueno y verdadero de cada ser humano de cada cultura, lo saca del barro, de lo malo, y las lleva a la plenitud en Jesucristo Nuestro Señor, el verdadero Dios. (Panquetzaliztli #2 – | P. Eduardo Chavez)
Entonces en el escenario de panquetzaliztli donde el anhelo de vida estaría “a flor de piel”, Guadalupe lo asumiría, ella viene a responder al clamor humano profundísimo surgido en un momento de angustia histórica, cultural y cósmica. (Panquetzaliztli, 6 Parte)
Chávez subraya además que Jesucristo reúne en sí mismo aquello que en los antiguos sacrificios aparecía separado: Él es al mismo tiempo sacerdote, altar y víctima, llevando a su cumplimiento definitivo aquello que los sacrificios antiguos solo prefiguraban. (Panquetzaliztli, 28 Parte)
En este inicio de una nueva era en medio de una crisis, miedo y expectativa, donde el mito indígena habla de un sol que nace del sacrificio, Guadalupe aparece y anuncia a Cristo como el verdadero “Sol que nace de lo alto”. La Virgen no confirma los mitos antiguos, pero toma sus elementos más profundos (el anhelo de vida, la luz, el renacimiento) y los orienta hacia su cumplimiento en Cristo. Es decir, aparece como una respuesta a ese deseo tan profundo, pero llevándolo a algo totalmente nuevo: ya no un ciclo que se repite, sino una historia de salvación que tiene un sentido y que culmina en Cristo. (Panquetzaliztli, 14 Parte)
Ometéotl y los atributos de Dios
Dentro de este marco, Chávez analiza la cuestión de Ometéotl.
El autor rechaza la idea de que los mexicas hubieran alcanzado un monoteísmo pleno antes de la evangelización, pero reconoce que algunos sabios indígenas, como Nezahualcóyotl, expresaron intuiciones sobre un ser supremo mediante títulos como “Dueño del cerca y del junto”, “Dueño del cielo y de la tierra” o “Aquel por quien se vive”. Según Chávez, Guadalupe no asume una divinidad indígena, sino esos atributos verdaderos que preparaban el corazón para comprender al Dios revelado en Jesucristo. (Panquetzaliztli, 21 Parte)
Chávez distingue cuidadosamente entre el nombre de una divinidad y los atributos que la inteligencia humana puede reconocer acerca de Dios. Chávez distingue entre el nombre de una divinidad y los atributos que la inteligencia humana puede reconocer acerca de Dios. Por ello interpreta que expresiones presentes en el Nican Mopohua, como «Aquel por quien se vive» o «Dueño del cielo y de la tierra», no constituyen una identificación con una deidad pagana, sino la asunción de intuiciones verdaderas que encuentran su plenitud en la revelación cristiana (Panquetzaliztli, 21 Parte). De este modo, el texto constituye un auténtico ejercicio de inculturación, capaz de anunciar el Evangelio respetando el lenguaje y la cultura de sus destinatarios. (Panquetzaliztli, 31 Parte)
Evangelización, diálogo y transformación del sentido
La inculturación, según esta interpretación, no consiste en una imposición cultural, sino en un proceso de diálogo. Chávez subraya que la Virgen escucha, responde y acompaña a Juan Diego, mostrando un estilo evangelizador basado en el encuentro personal antes que en la confrontación. (Panquetzaliztli, 33 Parte)
En este proceso, el Tepeyac deja de ser un lugar asociado a antiguos cultos para convertirse, por voluntad de María, en un espacio de encuentro con el verdadero Dios. No se trata de una negación del lugar, sino de una transformación de su significado profundo. (Panquetzaliztli, 32 Parte)
Cristo como plenitud del sacrificio
Chávez desarrolla también una clave cristológica fundamental: en Cristo se recapitula todo lo que en los antiguos sacrificios aparecía separado. Nos recuerda la pascua cristiana donde el Resucitado dice “no tengan miedo”; explicandonos que aquella voz escuchada por los apóstoles el domingo de pascua cuando Jesús resucita, es la misma que que Guadalupe trae con ella como fuente y que surge de su inmaculado vientre, donde está precisamente el resucitado Jesucristo Nuestro Señor, la encarnación del verbo. (Panquetzaliztli #2 – | P. Eduardo Chavez)
Entonces, Guadalupe conduce al “verdadero Dios por quien se vive”, presentado también como el verdadero Sol, el “Sol que viene de lo alto” y el “Sol de justicia”. La idea es que Cristo no viene simplemente a reemplazar símbolos anteriores, sino a llevar a plenitud búsquedas profundas que ya existían, a aquellas “semillas del Verbo”. (Panquetzaliztli, 12 Parte)
Jesucristo es al mismo tiempo sacerdote, altar y víctima, llevando a plenitud aquello que los sacrificios antiguos solo podían prefigurar. (Panquetzaliztli, 28 Parte)
De este modo, Guadalupe no solo habría puesto fin pastoralmente a los sacrificios humanos, sino que les habría dado su verdadero cumplimiento en el único sacrificio de Cristo, porque cuando la Virgen pide una “casita sagrada” para ofrecer allí a su Hijo, Chávez lo lee como respuesta directa a esa lógica sacrificial indígena. Donde antes se ofrecían corazones y sangre para sostener la vida, ahora se ofrece el único sacrificio verdadero: Cristo. (Panquetzaliztli, 13 Parte)
Según Chávez, este temor no se limitaba al fin del mundo, sino que expresaba también una religiosidad marcada por dioses percibidos como impredecibles, frente a los cuales nunca existía la certeza de haber ofrecido suficientes sacrificios. El mensaje guadalupano anunciaría, en cambio, un Dios cercano y misericordioso que ya no exige sangre humana porque ofrece Él mismo el sacrificio perfecto en Jesucristo. (Panquetzaliztli, 19 Parte)
Guadalupe manifiesta un modo de evangelizar que no se apoya en la imposición, sino en la atracción de la verdad, la belleza y el amor. La Virgen no obliga ni reemplaza violentamente la cultura indígena, sino que conduce a sus hijos hacia Cristo desde aquello que ya conocían y valoraban. (Panquetzaliztli, 36 Parte)
María como mujer eucarística
En esta misma línea, Chávez presenta a María como una verdadera “mujer eucarística”.
María no se presenta como el centro del mensaje, sino como aquella que conduce siempre a Jesucristo. Su papel es ofrecer al Hijo y hacerlo presente al mundo. La petición de una “casita sagrada” adquiere así un sentido profundamente cristológico: el lugar donde se manifestará el único sacrificio verdadero. (Panquetzaliztli, 28 Parte)
Síntesis del proceso de inculturación
En este marco, la inculturación puede entenderse como un proceso en tres niveles:
- asunción de lo verdadero presente en la cultura indígena;
- purificación de lo que no conduce a la vida;
- plenitud en Jesucristo.
De este modo, el mensaje guadalupano no destruye la cultura indígena, sino que la reorienta hacia su cumplimiento más profundo.
La inculturación permite comprender que Guadalupe no es simplemente una adaptación cultural del cristianismo ni una continuidad de antiguas religiones, sino un acontecimiento en el que el Evangelio se expresa dentro de una cultura concreta para conducirla a su plenitud en Cristo.
Algo que aclara el padre Chávez es que el concepto de inculturación no existía entre los frailes del siglo XVI, no tenían la categoría de “inculturación”, así que cuando encontraban parecidos entre ciertos ritos indígenas y prácticas cristianas, muchas veces lo interpretaban como imitaciones demoníacas o restos deformados de una antigua predicación cristiana. (Panquetzaliztli, 12 Parte)
Además, recuerda que Fray Toribio de Benavente Motolinía participó activamente en la destrucción de templos e ídolos indígenas, e incluso señala que una de las primeras campañas habría comenzado en Cuautitlán, lugar tradicionalmente vinculado con la vida de San Juan Diego. Este contexto refuerza su argumento de que los primeros misioneros jamás habrían aceptado presentar a la Virgen de Guadalupe como una simple adaptación de antiguas divinidades indígenas, precisamente porque combatían aquello que consideraban idolatría. (Panquetzaliztli, 16 Parte y 18 Parte)
Este marco permite preparar el camino para comprender el principal signo que la Virgen dejó en el Tepeyac: la imagen impresa en la tilma de San Juan Diego, porque para poder analizar su materialidad y el lenguaje simbólico de la imagen, era necesario conocer:
- La filosofía nahua.
- Su lenguaje simbólico.
- Sus códices.
- Su forma de expresar lo sagrado.
La Tilma y su Materialidad
Muchas veces se habla del “lienzo” de Guadalupe, pero en realidad se trata de una tilma, la capa cotidiana que usaban los indígenas, hecha en telar de cintura. Esto es importante tanto por su materialidad como por su significado.
Chávez subraya que la tilma no era simplemente una prenda de vestir. Para el mundo indígena constituía una prolongación de la propia persona, íntimamente unida a quien la portaba. Por ello, el hecho de que la imagen quedara impresa precisamente en la tilma de Juan Diego reviste un profundo significado: el mensaje de Dios no permanece exterior al hombre, sino que entra en su vida y transforma su existencia desde dentro. (Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
Esto es importante porque sus características son muy distintas a las de un soporte común de pintura. La tela:
- está hecha a mano
- tiene nudos en la trama
- tiene poros y agujeros
- presenta una superficie irregular
Los pintores que estudiaron la imagen afirmaron que la tela no estaba “aparejada”, es decir, no tenía ninguna preparación previa para ser pintada. Normalmente una tela se prepara para alisar la superficie, cerrar los poros y evitar que la pintura se absorba. Pero en este caso no existe ni esa preparación ni imprimación. Esto vuelve todavía más extraño el nivel de detalle de la imagen.
La Técnica de la Imagen
Otro dato importante es que la imagen atraviesa la tela y puede verse también desde el reverso. Al no haber preparación, el color pasa por los poros del tejido. Esto es importante porque también confirma algo fundamental: Juan Diego no llevaba la imagen pintada.
Los sirvientes del obispo vieron que solo llevaba flores y hasta intentaron tomarlas. El relato del Nican Mopohua dice claramente que la imagen aparece en el momento en que despliega la tilma.
Los pintores que estudiaron la imagen en los siglos XVII y XVIII afirmaron que no es posible identificar con claridad la técnica usada. Parece combinar:
- óleo
- temple
- aguazo
- temple labrada
Pero lo más extraño es que no se perciben pinceladas. Más bien el color parece metido en los poros, teñido en el hilo y compuesto de muchísimos matices. Al observarla de cerca aparecen tonos azules, verdosos, morados, rojizos y lilas que desde lejos no se distinguen.
Todo esto resulta aún más sorprendente considerando que pintar con ese nivel de precisión sobre una tilma sería extremadamente difícil.
Los símbolos en la Tilma de La Virgen de Guadalupe
La imagen de la Virgen de Guadalupe, impresa en la tilma de Juan Diego, no constituye únicamente una representación artística, sino que forma parte del propio mensaje. Es entendida por el Padre Eduardo Chávez como un mensaje profundamente codificado en el lenguaje simbólico indígena. Cada uno de sus elementos posee un significado preciso y fue concebido para comunicar, mediante un lenguaje visual accesible a los pueblos indígenas, la identidad de Aquel que María lleva en su seno. (Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
Para Chávez, Guadalupe no es solamente una aparición mariana. Es una teofanía, porque manifiesta a Dios; una mariofanía, porque manifiesta a María; y también una eclesiofanía, porque anticipa y expresa lo que es la Iglesia: una familia de Dios, reunida en la humildad, la fraternidad y la comunión.
Lo central de toda la imagen es que María no viene a hablar de sí misma, sino a traer a Jesucristo. Todo en la tilma apunta hacia Él.
- La Virgen embarazada
Uno de los signos más claros es la cinta oscura que lleva sobre el vientre. En la tradición nahua, el cinturón negro constituía un signo fácilmente reconocible del embarazo. Chávez destaca que este detalle permitía comprender inmediatamente que la Virgen llevaba en su seno una nueva vida, orientando ese símbolo cultural hacia el anuncio del Hijo de Dios. (Panquetzaliztli, 35 Parte)
Al mismo tiempo, su cabello partido al medio y peinado hacia abajo era signo de virginidad. Por eso Juan Diego comprende enseguida que está frente a una mujer que es virgen y madre a la vez. La Virgen aparece así como la Mujer de Adviento, llevando en su vientre a Jesucristo.
Ese embarazo también tiene un profundo sentido cósmico. Chávez explica que, dentro de la cosmovisión náhuatl, el niño gestado representaba la síntesis de la energía dispersa en el universo. Desde esa perspectiva, la Virgen aparece embarazada no de una fuerza impersonal, sino del verdadero Dueño del cielo y de la tierra. En su vientre ya no se concentra solamente la armonía del cosmos, sino la presencia misma de Jesucristo, que lleva a plenitud aquello que el pensamiento indígena intuía de manera imperfecta. (Panquetzaliztli, 20 Parte)
- El sol y la centralidad de Cristo
La Virgen aparece rodeada por el sol. Sin embargo, el sol no la absorbe ni la domina. Ella permanece en el centro. Y como está embarazada, el verdadero centro de ese sol es Jesús. Para Chávez, Cristo es el verdadero sol. El sol de justicia. María aparece entonces como portadora de esa luz.
- La flor de Nahui Ollin
Sobre el vientre aparece una flor de cuatro pétalos: el Nahui Ollin. Su significado es “siempre en movimiento” y representa el centro del universo. Esto señala que en el vientre de María está Dios. Fernando Ojea descubrió además que esta flor coincide con el Cerro de la Estrella, lugar donde se realizaba el rito del fuego nuevo. Ese fuego nuevo es interpretado como Jesús, la nueva Pascua.
- Flor y canto
Chávez recuerda que, para los pueblos nahuas, las flores y el canto constituían una expresión privilegiada de la verdad absoluta y de la belleza. Por eso las flores del Tepeyac no son un detalle secundario. La imagen de Guadalupe incorpora también este lenguaje cultural para conducirlo hacia el misterio de Cristo (Panquetzaliztli, 36 Parte), porque la aparición ocurre entre canto de pájaros y flores, reforzando esa idea. Todo lo que allí sucede es verdadero y sagrado.
- Los números y el orden del universo
Los números también tienen un valor simbólico. En la tilma las flores son de cuatro pétalos y las estrellas son de ocho. Para los indígenas el cuatro representa los cuatro rumbos del universo y el ocho representa lo máximo de lo máximo.
- El manto azul verdoso
El manto azul verdoso era un color reservado a los emperadores. Representa el cielo, la vida y la realeza. Por eso Juan Diego reconoce en ella a una reina. Chávez añade que este color también evocaba al colibrí azul, ave estrechamente relacionada con Huitzilopochtli. El colibrí era admirado por su tonalidad azul verdosa y por su aparente “renacer” al regresar tras la migración, convirtiéndose en un símbolo de vida y renovación. Desde esta perspectiva, el color del manto dialogaría con la sensibilidad indígena, pero orientando ese simbolismo hacia Cristo, a quien la Virgen lleva en su seno. (Panquetzaliztli, 15 Parte)
Sobre ese manto aparecen estrellas que, según Mario Rojas, coinciden con las constelaciones visibles en México en el momento de la impresión.
- La postura de danza
La posición del cuerpo también es significativa. Un pie se apoya sobre la luna y el otro permanece flexionado. Sus manos acompañan ese movimiento. Para los indígenas, bailar era una forma de orar. Por eso la Virgen aparece bailando y rezando al mismo tiempo.
- El rostro inclinado
Su rostro está inclinado hacia abajo, en señal de respeto. Esto indica que hay alguien mayor que ella. Ese alguien es Cristo. Nuevamente, ella no ocupa el centro, sino que lo señala.
- El ángel
A sus pies aparece un ángel, interpretado por Chávez como el cuauhtlatoatzin, “águila que habla cosas divinas”. Sus alas son de águila y sus colores, junto al negro de la luna, representan los cuatro rumbos del universo:
- negro → norte
- azul → sur
- blanco → poniente
- rojo → oriente
El ángel une cielo y tierra: sostiene el manto azul (cielo) y sostiene el vestido rosa (tierra). No está cargando a la Virgen, sino presentando a Jesús. Para Chávez también representa a Juan Diego, el mensajero.
- El vestido y las flores
El vestido rosa representa la tierra. Sus flores no son decoración: para la mentalidad indígena representan la tierra misma. En el cerro aparecen además diez flores con forma de corazón. Sus raíces están dentro del manto azul. Esto significa que la tierra tiene sus raíces en el cielo. Es la imagen del paraíso.
- El medallón y el corazón
Tanto la Virgen como el angelito llevan un medallón a la altura del cuello. Ese lugar representaba el corazón. Los pueblos indígenas solían colocar jade en esa zona de sus ídolos. La Virgen lleva allí una cruz. Esto muestra que su corazón está unido al corazón de Cristo.
- Las nubes
La Virgen está rodeada de nubes. En la tradición indígena, “niebla y nube” significan “lugar desconocido”. Esto quiere decir que ella: viene del cielo, trae regalos espirituales y hace visible a Dios invisible
- La luna negra
La luna negra representa el eclipse. Y el eclipse, para los indígenas, era símbolo de muerte y mal. Por eso la Virgen pisa lo negro de la luna: pisa el mal. Además aparece en el “ombligo de la luna”, es decir México, entendido como centro sagrado del cosmos.
Los añadidos y las interpretaciones
Con el paso del tiempo, algunas personas quisieron embellecer ciertos sectores, como la luna, agregándole plata. Con la humedad, ese material terminó deteriorándose y cayéndose. También hubo daños por la enorme devoción popular, ya que durante siglos la gente tocó la tilma. Chávez insiste mucho en que no hay que inventar significados.
Para interpretar correctamente la imagen hacen falta:
- fuentes
- documentos
- códices
- convergencia histórica
Por eso critica las teorías de Philip Callahan y Jody Brant Smith, que afirmaban que elementos como el ángel, los rayos o las estrellas fueron añadidos después. Sin embargo, copias del siglo XVI como la Virgen de Guadalupe de Lepanto o la de Baltasar de Echave ya muestran todos esos elementos. Por eso Chávez sostiene que forman parte original de la imagen.
María y la redención
El Padre Chávez también aclara que no le gusta llamar a María “corredentora”. Prefiere llamarla Madre del Redentor. Porque el único Salvador es Cristo. María también es salvada por Él, no del pecado cometido, sino preservada del mal.
El alba y el nuevo comienzo
La aparición ocurre al comenzar el alba sobre el Tepeyac. Eso marca el inicio de un nuevo día. Y simbólicamente, un nuevo comienzo para el pueblo. Una renovación espiritual.
Desde esta perspectiva, el Tepeyac deja de ser únicamente un lugar vinculado a antiguas prácticas religiosas para convertirse, por voluntad de María, en un espacio de encuentro con el verdadero Dios. El lugar no es negado, sino transformado en su significado más profundo. (Panquetzaliztli, 32 Parte)
La señal viva
La verdadera señal no fueron solamente las flores. La señal fue la imagen misma. Y Chávez concluye que hoy la verdadera señal viva es la Iglesia. Así como María llevó a Cristo al mundo, cada creyente está llamado a hacer lo mismo. Ese es, en definitiva, el corazón del mensaje guadalupano.
Chávez destaca además un detalle de gran riqueza simbólica que es confundido luego de aquella señal viva: primero aparecen las flores y solo después queda impresa la imagen en la tilma. La verdad divina se manifiesta primero mediante un signo comprensible para la cultura nahua, las flores, y luego mediante la presencia misma de María, que trae consigo a Jesucristo. (Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
Esto es así porque al recoger las flores y colocarlas en su tilma, Juan Diego no realiza simplemente un acto de transporte material. Como ya nombramos, desde la cosmovisión nahua, en la que la tilma constituía una prolongación de la persona, ese gesto expresa una verdadera incorporación: la verdad divina entra en la vida de quien la recibe. (Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
Las palabras de la Virgen
Chávez profundiza en algunas expresiones de la Virgen y de Juan Diego. Señala por ejemplo que las palabras «¿No estás en el hueco de mi manto?» no describen únicamente un gesto de protección. Desde su interpretación, la Virgen está expresando una cercanía absoluta, equivalente a decir: «estás en mis entrañas». No se trata de un consuelo abstracto, sino de una relación profundamente personal. En una cultura donde la distancia con lo divino parecía insalvable y estaba mediada por sacrificios continuos, esta imagen anuncia que Dios desea una comunión íntima con el ser humano por medio de María.(Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
Los ojos de la Tilma de Guadalupe
Los ojos de la Virgen de Guadalupe son uno de los aspectos más impactantes y menos conocidos de la Tilma. A simple vista parecen pequeños, serenos, casi imposibles de distinguir en detalle. Pero cuando comenzaron a ser observados con instrumentos de aumento, apareció algo inesperado, no se comportaban como ojos pintados.
El padre Eduardo Chávez suele señalar que acá comienza uno de los misterios más profundos de la imagen. Cuanto más se estudian los ojos, más detalles aparecen.
Una mirada que parece viva
Según explica el padre Chávez, cuando los oftalmólogos comenzaron a examinar los ojos de la Virgen con instrumentos especializados, encontraron algo sorprendente, estos daban sensación de profundidad, brillo y volumen. No parecían planos.
Uno de los hallazgos más importantes fue la presencia de los llamados reflejos de Purkinje-Sanson, un fenómeno óptico propio del ojo humano vivo. Se trata de reflejos de luz que aparecen en distintas capas internas del ojo.
El padre Chávez remarca que estos reflejos siguen reglas ópticas muy precisas y que no deberían aparecer en una pintura sobre tela, pero estos fueron observados en la Tilma.
Las caras ocultos en los ojos
Con el avance de la tecnología y el procesamiento digital de imágenes, comenzaron a detectarse muchas más figuras reflejadas.
El padre Chávez suele mencionar algunas de ellas:
- un indígena sentado en actitud reverente,
- un anciano con rasgos franciscanos,
- un hombre indígena con la tilma extendida,
- una mujer con un niño en la espalda,
- varios niños,
- y un grupo familiar entero.
La diferencia entre ambos ojos
Otro detalle que el padre Chávez suele remarcar es que las imágenes reflejadas no aparecen igual en ambos ojos. En el derecho, algunas figuras aparecen enfocadas. En el izquierdo, desenfocadas. Estos coinciden con la ligera inclinación de la cabeza de la Virgen.
El misterio sigue abierto
Para el padre Chávez, todo esto es prueba del milagro de la tilma, y estos estudios responden también a la gran pregunta de ¿qué estaban mirando esos ojos en el instante en que la imagen quedó impresa?
Conclusiones
A la luz de todo este recorrido, el mensaje de Guadalupe no consiste simplemente en sustituir antiguos símbolos religiosos por otros cristianos. La Virgen conduce a los pueblos indígenas hacia una relación nueva con Dios. Como explica Chávez, María no reemplaza esa presencia, sino que la hace posible: lleva a Jesucristo y lo ofrece al mundo. Su misión no es atraer la atención sobre sí misma, sino introducir a sus hijos en el encuentro con el verdadero Dios, revelado plenamente en su Hijo..(Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)
De este modo, la salvación deja de ser una realidad lejana, incierta o dependiente de sacrificios humanos para sostener el orden del universo. En Guadalupe, Dios mismo toma la iniciativa y se acerca al hombre por medio de María. Lo que antes se buscaba con temor desde fuera se convierte ahora en una presencia que transforma la vida desde dentro. El miedo cede su lugar a la cercanía, la esperanza y la confianza en el Amor que salva… (Video #1 de La Virgen de Guadalupe: Esperanza Viva)

